¿A quién no le ha pasado alguna vez? Estar haciendo ejercicio y al mismo tiempo pensando en el fantástico plato de pasta o en la hamburguesa que nos vamos a comer después. Está claro, el ejercicio abre el apetito, pero en ocasiones no se trata sólo de eso. A veces, vemos la comida como una recompensa por nuestro esfuerzo. 

Cuando esto sucede, comemos más de lo que realmente necesitamos porque pensamos que, después de lo mucho que hemos trabajado, 'nos lo merecemos'. Otras veces, el hecho de comer demasiado después del ejercicio es debido a que sobre estimamos el número de calorías que hemos quemado durante el ejercicio y, al contrario, subestimamos la cantidad que ingerimos. Y hay que tener en cuenta que si queremos perder esos kilitos de más, debemos quemar más calorías de las que entran en nuestro organismo.  

Evidentemente, nuestro cuerpo necesita recuperar fuerzas tras el ejercicio, pero se trata de no ligar la necesidad física a una necesidad emocional de recompensa, por lo que consideramos un sacrificio. Para evitarlo, es importante que la actividad física que realicemos nos resulte placentera.

Así que piensa cómo puedes hacer que el ejercicio sea algo deseable y gratificante. Por ejemplo, si sales a correr es mejor que vayas con un amigo o lleves una playlist que te encante o pases por un lugar bonito. Y si eliges cualquier otra actividad física, que sea algo que te guste, como jugar a un deporte de equipo o nadar si te sientes como pez en el agua. De este modo, tendrás otra actitud, en vez de obligarte a hacer algo que ni te gusta ni te interesa y que además, claro, te cansa físicamente.

Por fortuna, parece ser que esa tendencia a compensar el esfuerzo comiendo más de la cuenta para 'premiarnos' es más típico en las personas que se inician en el ejercicio, como una forma de mantener la motivación. Con el tiempo, si persistimos, poco a poco el hacer ejercicio dejará de parecernos un sacrificio para convertirse en algo placentero en si mismo que, además, nos motivará para incorporar hábitos de vida más sanos en el resto de áreas de nuestra vida, incluida la alimentación.