El 16 de octubre se celebra el Día Mundial del Pan, una iniciativa que tiene como objetivo recordar que el pan es un elemento esencial en la dieta. Últimamente no goza de muy buena fama ya que se cree que engorda o que aporta elementos nocivos como el gluten. Es importante remarcar que el gluten solo es perjudicial para los celíacos y para las personas con alergia al trigo, dos intolerancias que deben confirmarse tras un examen médico. Para los demás, una dieta sin gluten podría llegar a ser insuficiente en vitaminas, minerales y fibra.

El pan es saciante, no tiene grasas, con pocas calorías y muchos nutrientes. Contiene hierro, zinc, magnesio, potasio, niacina y vitaminas del grupo B1, B2 y B6. El pan aporta principalmente hidratos de carbono (como la pasta o la patata), que son esenciales en nuestra dieta ya que se almacenan en el cuerpo en forma de energía y no de grasa.

Como es habitual en la nutrición, que sea bueno no quiere decir que podamos engullir pan sin mesura. En una dieta normal, la OMS recomienda ingerir unos 200-250 gramos al día.

Es muy importante la calidad del pan. No es lo mismo comprarlo en el supermercado que en una panadería donde lo hacen artesanalmente. No es difícil encontrar establecimientos que vendan pan de calidad. Desde tiendas de productos naturales hasta panaderías como Turris, por ejemplo, que, a través de su maestro panadero Xavier Barriga, promulga el consumo de pan artesanal.

La experta en nutrición Montse Bradford recomienda sustituir el pan blanco de mala calidad por pan integral elaborado con levadura madre, pan alemán, pan de pita o chapati integral.

¡Viva el pan!