No está todo conseguido. Ni mucho menos. Es evidente que Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (LGBT) viven en un ambiente de libertad muchísimo mayor que hace tan solo veinte años, cuando los principales activistas defendían dentro y fuera de los pasillos del Congreso la necesidad de aprobar el matrimonio igualitario.

Veinte años más tarde, España sigue estando entre los países con más derechos LGBT del mundo, pero eso no significa que no se produzcan situaciones de discriminación e incluso violencia. Repasemos, uno a uno, los cinco grandes retos que tiene el colectivo LGBT en la próxima década.

La Ley de Igualdad LGBT
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La Ley de Igualdad LGBT

A principios de mayo de 2017 el grupo parlamentario Unidas Podemos presentó una Proposición contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y de características sexuales, y de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales. Para simplificar esta nomenclatura tan larga, la ley es conocida como Ley de Igualdad LGTBI.

El borrador de la ley se ha sometido a un debate muy intenso entre los diferentes grupos políticos, incluso entre aquellos que están a favor de su aprobación, que no terminan de ponerse de acuerdo.

Tras varias idas y venidas y la celebración de dos elecciones generales, actualmente la ley está estancada en la Comisión de Igualdad del Congreso y los diferentes colectivos siguen de cerca la evolución de la pandemia del coronavirus para volver a exigir su aprobación una vez la situación de excepcionalidad se haya superado.   

La Ley de Igualdad quiere establecer un marco legal de protección de las personas LGBT con medidas en diferentes ámbitos:

  • Prohibición explícita de las terapias de conversión.
  • Atención psicológica para las personas que sufren delitos de odio por razón de orientación sexual o identidad de género.
  • Obligación de que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado estén formados en cómo atender a personas víctimas de estos delitos.
  • Fomentar estrategias destinadas a atender los problemas de salud propios de las personas LGBT, en especial de las personas trans, como por ejemplo eliminar los requisitos médicos para que puedan cambiar su nombre y sexo de forma legal. 
Acabar con las agresiones
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Acabar con las agresiones

El colectivo LGBT sigue sufriendo violencia: gritos, insultos, agresiones físicas y auténticas palizas. A menudo esa violencia queda impune.

En los últimos cuatro años han aumentado considerablemente las agresiones contra personas LGBT. ¿Por qué crece el número de agresiones y denuncias en las comisarías de policía si se supone que avanzamos en derechos?

Porque al ir perdiendo el miedo a mostrarnos tal y como somos, nuestra orientación sexual es más visible: le damos la mano a nuestra pareja cuando caminamos por la calle o le mostramos afecto por ejemplo con un beso en una cafetería. Se nos ve más y, por lo tanto, el rechazo también aumenta.

Como ejemplo, hace unos días una persona transexual fue humillada por parte de un policía local de Benidorm. Es más: debido a las amenazas y coacciones que sufrió después de la agresión, el Observatorio Valenciano contra la LGTBIFobia tuvo que trasladar a la víctima y a sus compañeras de piso a un lugar seguro fuera de la ciudad para garantizar su integridad física.

La despatologización de las personas trans
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La despatologización de las personas trans

En junio de 2018 la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de considerar la transexualidad un trastorno mental. Esta fue precisamente una de las principales reclamaciones del colectivo LGBT después de la aprobación del matrimonio homosexual en 2005. 

De hecho, todavía subyace la idea de que la transexualidad “es una enfermedad que debe ser diagnosticada y necesita tratamiento”.

En 2020, además de parar todas y cada una de las agresiones físicas y psicológicas que sufren las personas trans, sus activistas reclaman que no sea necesario que un profesional sanitario verifique su identidad.

En la actualidad las personas trans en España siguen necesitando un diagnóstico de “disforia de género”, emitido siempre por un profesional sanitario, para que puedan ver reconocida su identidad. Esta realidad se convierte en una traba para que puedan acceder a otros derechos, porque solamente con el reconocimiento de la identidad “pueden disponer de una documentación oficial de acuerdo con su género que les abra las puertas del mercado laboral”, como reconocen desde la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB). Como dice Marcos Ventura, activista de la FELGTB, en ese mismo artículo:

“No reconocer que la única persona que pueda determinar su género sea ella misma es patologizante, porque nos obliga a encajar en unos criterios diagnósticos para que un tercero valide nuestra identidad”.

Recuperar debates pendientes de los años 90
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Recuperar debates pendientes de los años 90

Tal y como establece el activista, historiador y profesor de lengua y literatura Ramón Martínez, existen debates abiertos dentro de la propia comunidad LGBT que no se cerraron correctamente en su día.

Entre los principales debates que siguen pendientes de ser repensados está el modelo de activismo, el modelo de Orgullo (la manifestación que cada año recorre las principales ciudades españolas cuando empieza el verano) y el modelo de sociabilidad LGBT.

Tal y como plantea Ramón Martínez: “Tiene que ser un momento en que el movimiento aproveche la situación actual para replantearse no solo sus formas y sus cuestiones particulares, sino sus propios fundamentos”.

Atención específica a personas mayores
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Atención específica a personas mayores

Como comentábamos hace unas semanas en un artículo escrito aquí, las personas que pertenecen al colectivo LGBT son más vulnerables durante el envejecimiento porque no todos llegamos a la misma edad en igualdad de condiciones.

Las personas mayores LGBT sufren una soledad más acentuada porque no pudieron desarrollar unos vínculos emocionales estables a lo largo de su vida. De hecho, su red de contactos es más precaria.

Por otra parte, las personas mayores LGBT sufren un doble rechazo: por ser mayores y por ser LGBT. De hecho, las personas de este colectivo suelen ser más pobres porque sufrieron discriminación en sus entornos laborables y tuvieron menos oportunidades para desarrollarse en sus profesiones.

El principal reto en la próxima década será suplir la falta de adecuación a la realidad LGBT en residencias y servicios de atención a mayores.