Para preparar un zumo se extrae el líquido de las frutas, que es donde se hallan la mayoría de los minerales y las vitaminas, mediante un exprimidor. Pero de esta forma sólo se aprovecha una parte de la fruta, ya que el resto que queda se deshecha, de forma que se tiran otra serie de nutrientes que aportan las frutas y que pueden ser muy beneficiosos, como la fibra.

El aporte vitamínico de un zumo respecto a la fruta natural siempre disminuye, ya que al transformar el alimento de sólido a líquido muchas de sus vitaminas se pierden y otras se quedan en el resto de la pieza. En cambio, al preparar un batido la fruta se licua casi por completo, convirtiendo en líquido toda la pieza y aprovechando al máximo sus nutrientes.

De esta forma se consigue un mayor número de vitaminas y de fibra, pero al triturar la pieza de fruta también se destruyen algunos minerales que quedaban intactos al hacerse un zumo. Por otro lado, consumir un batido es menos ligero que consumir un zumo, ya que sacia como si se hubiese comido la fruta entera. Además, a los batidos se le suele añadir leche, yogur u otras sustancias, añadiendo más calorías.