No importa cuántos cabos atemos, cuánto preparemos las cosas o cuántos planes B, C y D tengamos; la reunión, las vacaciones o la cita pueden no salir como esperamos, y no siempre sabemos cómo actuar ante esto.

Las personas que estamos familiarizadas con el desarrollo personal y el contenido motivacional estamos bien enteradas de que el sufrimiento lo crean las expectativas y que cuanto menos nos dejemos llevar por ellas y por la previsión del qué ocurrirá, mejor.

Sin embargo, nadie se escapa. Todos esperamos siempre que todo salga bien, que la reunión sea un éxito, que las vacaciones fluyan y no se tuerzan, y la cita sea todo un acierto. ¿Y qué hacemos si esto no es así? ¿Qué hacemos cuando empezamos a sospechar que algo no está saliendo como debería?

Ese momento en el que te das cuenta

Cada una de las cuatro claves que ofrezco a continuación tiene un paso previo sin el cual no tendrían sentido: darse cuenta.

Imagina una situación, la que quieras, todo está fluyendo normal, estás enfrentando las dificultades como puedes, improvisas, intentas arreglar cada detalle y, de pronto, te das cuenta. De pronto la realidad ha cambiado, te has hecho consciente de que las cosas no están yendo bien.

Un segundo antes de darte cuenta vivías una situación y ahora vives una muy distinta.

Ahora surge la urgencia por arreglar las cosas, ahora aparece la frustración, anticipas peores resultados de los que ya estás teniendo y tienes una tormenta de pensamientos que no puedes controlar y que, dicho sea de paso, lo único que hacen es entorpecerte.

Justo en ese momento, ese momento en el que te das cuenta de esa realidad paralela que venía sucediendo es cuando nace la oportunidad de hacer algo al respecto. Ahí, en ese instante, es cuando puedes detenerte un momento y probar las siguientes claves.

Acepta
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Acepta

Soy una auténtica amante de la aceptación, si yo no trabajase la aceptación constantemente, viviría amargada.

Aceptar significa dejar de luchar contra la realidad y asumir que algo se escapó de nuestras previsiones, algo no hicimos del todo bien o, simplemente, que habiendo hecho todo lo que estaba en nuestras manos, igualmente las cosas no han salido como queríamos.

Aceptar implica dejar el drama a un lado y observar la realidad de forma objetiva. Si había expectativas, las dejamos de lado. Y si aparece el enfado, lo aparcamos un momento.

Solo cuando aceptamos somos capaces de poner el foco allí donde queremos ponerlo, es la única forma de responder de la mejor manera posible: pasando primeramente por la aceptación.

¿Puedes hacer algo?
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¿Puedes hacer algo?

Una vez que hemos aceptado podremos pensar si queremos –o si podemos- hacer algo al respecto. Céntrate en ello.

¿Hay algo en ese preciso instante que puedas hacer para cambiar el rumbo de la situación?

Si observas soluciones que solo podrás abordar después, déjalas a un lado, no es el momento. Ahora solo nos interesan las acciones que puedan reconducir lo que está ocurriendo.

Si puedes hacer algo, hazlo. Y si no puedes, tocará de nuevo trabajar la aceptación. No hay más.

¿Enfadada ¡Digiérelo!
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¿Enfadada ¡Digiérelo!

Si has observado enfado o frustración, déjame decirte que no pasa nada. Simplemente tu mente tiene un berrinche porque quería que las cosas fueran de una manera y están ocurriendo de otra.

Siempre recomiendo no echar más picante a la situación. A menudo nos quedamos enganchados en pensamientos dramáticos que exageran la situación y que tiñen todo de negro –mucho más negro de lo que ya es-. Y así solo conseguimos entrar en el bucle del enfado o la frustración, que estas sensaciones se hagan cada vez más intensas y que nuestra capacidad de dar una respuesta alineada sea cada vez menor.

Trata de observar esa emoción o sensación desde fuera y, de nuevo, acéptala. No hay una forma más eficaz de digerir un enfado que aceptar que se está enfadado, que la situación enfada y que lo más inteligente que puede hacerse es gestionarlo para no hacer, o decir, nada que no se quiera realmente.

Analiza y aprende
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Analiza y aprende

Quizás lo más óptimo aquí sea esperar a que la situación pase, sobre todo si se trata de algo de corta duración –una reunión o una cita, siguiendo con los ejemplos de antes-. No obstante, si se trata de algo más largo –un viaje, unas vacaciones, una suscripción anual, etc- puedes comenzar a analizar antes de que termine.

¿Qué puedes extraer de todo esto?

Cada persona aprende algo distinto de cada situación, pero me gustaría invitarte a observar algo concreto: ¿en qué momento tuviste la opción de que todo fuera diferente? ¿Puedes identificarlo?

No suele ser fácil, pero muchas de las cosas que no salen como esperamos tienen un punto de inflexión identificable. Antes de ese punto podíamos haber dicho las cosas más claras o haber hecho algo que no hicimos, y después de ese punto ya simplemente quedaba fluir con la situación.

Como digo, no es fácil y no siempre se puede, pero si logras identificar ese punto de inflexión te estarás llevando una genial enseñanza para futuras ocasiones.