Cuando escribí Slow Life, en el primer semestre de 2017, incluí un importantísimo punto acerca del cuerpo que trataba sobre el descanso. Dos años después, con algo más de experiencia y un bebé en mi haber, me dispongo a analizar el descanso y, sobre todo, a contestar a una pregunta: ¿qué puedo hacer cuando mi rutina no me permite descansar?

La realidad es la que es y modificarla no siempre está en nuestras manos, a menos no a corto plazo; pero sí podemos influir en ella, de nosotros depende el orden, la delegación de tareas, la simplificación y la calidad de nuestro sueño, toda vez que la cantidad no siempre podemos elegirla.

 

Analiza

Analizar la realidad actual es el primer paso que debemos dar cuando intuimos que nuestro descanso no está siendo como debería.

Debemos analizar nuestras noches desde las horas previas a dormir, qué haces, cómo ocupas tu tiempo, qué cenas, cómo te sienta esa cena, qué piensas cuando estás en la cama, con qué ropa duermes, qué hay en tu habitación, si revisas o no tu teléfono, si meditas o lees o qué es lo que te ayuda a conciliar el sueño, en fin, analizar todo lo que rodea a nuestra noche.

También habrás de analizar tu despertar y tus rutinas diarias: cómo es tu ánimo al despertar, qué haces nada más levantarte, cómo te encuentras durante el día, tomas o no tomas alguna siesta, haces o no haces ejercicio, comes saludable en la mayoría de los casos o no, tomas suficiente agua.

Como ves, el análisis es muy general y te puede ayudar a entender por qué tu descanso no es óptimo.

 

Haz cambios

Analizar te habrá ayudado a hacer una foto de cómo son tus días y tus noches y ahora puedes ver qué detalles han llamado tu atención, quizás puedes ver cuáles son tus carencias y qué cambios puedes hacer para mejorar tu situación.

¿Cuáles pueden ser esos cambios? Pues depende de cada persona. A lo mejor alguien que no toma ninguna siesta a lo largo del día decide que sí es importante hacerlo y a lo mejor ese alguien que decide tomar siestas se da cuenta de que su horario de oficina no se lo permite y que puede buscar alguna alternativa que le ayude a descansar a lo largo del día.

El cambio puede ser el tipo de pijama. ¡Parece una tontería! Pero a lo mejor encuentras comodidad en cambiar el pantalón por un camisón o en dormir en ropa interior o como tu madre te trajo al mundo.

A lo mejor quieres comprar un despertador y evitar tener el teléfono cerca. No tienes idea de lo que la luz del teléfono provoca en tu cerebro cuando lo revisas justo antes de dormir o cuando lo enciendes para ver la hora.

O quizás te apetece dejar de leer noticias a última hora y optar por libros de ficción. En mi caso confesaré que suelo leer temas relacionados con el trabajo y más de una vez me he planteado probar a retomar mis lecturas de novelas, a lo mejor desconecto mejor y sueño cosas diferentes, quién sabe.

Para no enrollarme mucho te diré que de tu análisis saldrán algunas ideas que solo tú podrás ver y que solo tú podrás probar, adelante.

 

Prueba, comprueba

Y sigue cambiando. No hay mejor manera de crear una buena rutina de descanso que probando cosas diferentes y haciendo diferentes ajustes.

Quizás des a la primera con las cosas que tienes que modificar para mejorar este aspecto de tu vida, pero quizás no. No decaigas.

Conozco una persona que llevaba semanas quejándose de que no dormía bien, que iba al trabajo cansado y no rendía como quería. Después de probar a acostarse más temprano, cambiar de almohada, cambiar la hora de la cena, etc, se dio cuenta de que el problema estaba siendo un dolor leve, pero constante, en el cuello.

Unas sesiones de fisioterapia, una corrección postural... et volià! Su sensación de descanso mejoró.

 

Si no lo puedes cambiar, entonces abrázalo

 

Y ¿qué puedo hacer si mi rutina no me permite descansar?

Siendo realistas, nosotros podemos hacer todo lo que está en nuestra mano para mejorar nuestro descanso; pero la vida puede hacer todo lo que está en la suya para empeorarlo.

Véase, personas que tienen turnos rotativos, familias con bebés, personas que sufren dolores, personas a las que ninguna postura les resulta cómoda, personas que tienen que levantarse a las 4 para ir a trabajar y, en resumen, todo aquel que por una u otra razón no logra descansar mínimamente en condiciones.

Aceptar la situación es clave en estos casos. Si hay algo peor que una realidad que no nos gusta, es una realidad que no nos gusta y contra la que luchamos constantemente a base de quejas.

El pensamiento gasta energía, así que debemos procurar invertir nuestras energías de manera consciente en pensamientos que sumen y no que resten.

 

¿Y después qué? Después puedes poner el foco en el descanso que sí tienes.

No, esto no te hará descansar más; pero quizás sí te ayudará a ser consciente de que hay horas que sí duermes, hay una energía que sí tienes y hay posibilidades de mejorar aunque a priori no lo veas.

Y al final el truco, no mágico, pero sí un buen truco, es amar lo que uno hace o la razón por la que uno no descansa. Si no lo puedes cambiar, entonces abrázalo. Convivir con la realidad conlleva ceder, hasta en cosas tan elementales como estas.