Resulta acertado decir que no se puede gustar a todo el mundo, como tampoco el conjunto de la población ser de nuestro agrado. Uno de los puntos que más valoran los padres para la educación de sus hijos es la idoneidad de un colegio, destacando las condiciones que lo envuelvan y el personal, principalmente la maestra.

Los padres -desde la cuna del hijo- son sus principales educadores. Sin embargo, en la escuela también se enseña y los maestros se convierten en personas que influyen en gran medida en el modo de hacer,  ser y el aprendizaje del niño.

 

La maestra de mi hijo

Cuando se acercan los tres años los padres comienzan a averiguar las opciones de colegio para su hijo. Hacen un listado de pros y contras de cada centro y solicitan las pertinentes visitas y entrevistas con los tutores o directores. El hecho de que se sitúe cerca de la vivienda o la metodología participativa son algunos de los aspectos más importantes y demandados.

No obstante, un punto clave resulta la maestra del niño. Cuando el padre conoce y habla con ella siente si su hijo estará en buenas manos y las sensaciones de seguridad y confianza se asientan.

 

El proceso educativo del hijo

La maestra debe acompañar en el proceso académico del alumno. Puede llegar el momento de conocer a la maestra del hijo y presentir que algo no funciona como debiera. No sentir feeling, no tener las mismas ideas u opiniones ante diferentes aspectos que afectan a los modos de enseñanza o al aspecto curricular y extracurricular del curso, pueden causar en el padre un paso atrás.

Pero, si a eso se añade lograr una cierta antipatía por la persona, por su carácter o forma de actuar en su trabajo, da pavor. El progenitor comprenderá con esto que el niño no va a tener una óptima adaptación y eso le tendrá en alerta constante. Por lo tanto, no hay que obviar la opinión del niño. Puede producirse el caso que el niño esté cómodo con la profesora. De este modo, habría que procurar mantener a la maestra, intentando que cambiasen algunos puntos, en la medida de lo posible.

No hay que obviar la opinión del niño

La motivación del niño depende en gran porcentaje del educador -y su adecuada pedagogía- que le toque. Si en el caso de llegar al colegio o al cambiar de curso la persona no cumple ciertos requisitos, la situación se torna complicada tanto para los padres como para el hijo.

El vínculo familia-escuela es esencial. Algo se resquebrajaría en el niño si ve a sus padres contrariados. Cuando sucede que solamente los padres están a disgusto con la maestra, lo mejor es tratar la situación sin que él lo pase mal y no condicionarle.

 

El hijo habla con sus padres

Día tras día los padres irán conociendo el parecer del hijo respecto a lo que ocurre en el colegio. Es recomendable que cuando el niño llega a casa se pregunte y dialogue sobre qué ha hecho durante su jornada escolar, los momentos que más le han satisfecho o cómo ha estado su maestra con él.

Los niños se encuentran en un momento crucial de su desarrollo emocional e intelectual. Llegar a clase desganados, sin ilusión por participar ni deseos de aprender supone en esa etapa un retroceso tremendo.

Lograr que el niño pase a formar parte de otra comunidad, la educativa, representa un mérito de los padres que le ofrecen herramientas y fomentan en él seguridad y autonomía. Si se merma esa base de tranquilidad y estabilidad el niño se mostrará más ansioso e intranquilo. El niño debe tener unos cimientos emocionales sólidos tanto en el colegio como en casa. Por lo tanto, la figura del profesor es un pilar fundamental a respetar.

Qué actitud y medidas tomar ante el descontento con la maestra

¿Qué actitud y medidas tomar ante el descontento con la maestra?

Han existido tiempos peores y por suerte existe evolución y cambio en la sociedad educativa. Lo que disgusta a uno puede emocionar a otro. Puede ocurrir que el pequeño no afronte el día con alegría por ir a clase o llegue poco ilusionado a casa. Entonces algo debe modificarse. En primer lugar, como padres, lo recomendable es evitar hacer alusión negativa -y en ocasiones subjetiva- de la maestra ante el hijo y sus otros compañeros.

Los padres, intranquilos, se preguntan qué hacer y cómo mejorar la incipiente situación. En el momento en que los progenitores observan algo que no les convence en la maestra -y el hijo lo expone de una forma explícita- repercutirá en su estado anímico. Hay casos en los que el niño puede trasladarse a otra clase. Cuando el tema se convierte en algo más serio pueden tomarse medidas más contundentes.

Dado que el descontento llegue por parte de los padres, una opción es recurrir al jefe de estudios o director. No obstante, tener una primera reunión con la maestra y exponerle el caso lo es también. Seguramente ante la preocupación y la necesidad de saber si alguien más está sufriendo la misma situación, los padres pueden comentar el problema con otros y resolver dudas.

El niño lo percibe todo y notará la falta de conexión entre su familia y la maestra. Los padres desconsolados necesitan que la situación mejore por el bien de todos.

 

Educación tradicional se opone a la estimulación del alumno

Algo que afecta a familias -a los niños también- es tener una maestra que aboga por una metodología desfasada, centrada en los logros y que no respeta una línea más abierta del colegio. Si el niño vive eso probablemente vaya a poco motivado a su centro escolar y no logre tener ganas de realizar determinadas actividades.

El niño puede no tener falta de feeling con la maestra, pero sentirse desplazado, poco valorado, apagado en una clase donde probablemente no se tenga en cuenta su potencial o el esfuerzo añadido. Hay profesores que se ciñen mucho al temario y que no logran ver más allá ni preocuparse por estimular al alumno. No puede esperarse la misma reacción y resultados en todos los niños. Las necesidades personales del alumno son esenciales a la hora de plantear un tema.

 

Cuando la situación se mantiene

Si el niño o los padres siguen viendo esa falta de nexo deben valorar nuevamente la postura. Cuando les distancia el carácter se le puede hacer ver al alumno que hay que saber convivir con otras personas pese a las diferencias y que todo es aprendizaje. Ante cualquier interrogante se puede solicitar una reunión con la maestra e intentar llegar a un acuerdo.

Está bien -no aliarse al “enemigo”- pero sí tenerle de frente. Participar en talleres o charlas que se impartan en el colegio permitiría ver la relación entre el hijo y la maestra y analizar qué falla. Integrarse más en la rutina escolar del niño dilucidará muchas incógnitas. La correcta relación -aunque no haya demasiados puntos en común- entre padres y profesora, permitirán el bienestar educativo del niño.

Considerando que la maestra no está generando ningún serio problema de autoestima o seguridad en el hijo, hay que tragarse el orgullo e intentar que la situación no le perjudique innecesariamente. Así podrá alcanzar una estancia y un proceso académico fructífero.