En estos últimos días del año lejos quedan esas multitudinarias congregaciones que reúnen año tras año a cientos de miles de personas en las principales capitales mundiales con un único propósito: defender los derechos y la libertad de expresión de aquellos que han sido silenciados y perseguidos hasta hace bien poco (en muchos países, de hecho, aún lo son) por su orientación sexual. En plena época de celebraciones tradicionales, de anuncios estereotípicos y juicios familiares, lejos quedan las luchas para proteger a este colectivo, muchos de los cuales se sienten, en realidad, especialmente vulnerables durante estas fechas.

Y es que ser gay o lesbiana todavía se considera un crimen en uno de cada tres países del mundo. Concretamente, son 72 los países que criminalizan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, y en 8 de ellos los delitos están condenados incluso con pena capital. Según el informe “Homofobia de Estado” redactado en 2017 por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales, la protección y reconocimiento a los homosexuales actualmente está presente en países del norte de América y algunos del Sur, Australia y la mayor parte de Europa. No obstante, la criminalización a estos colectivos se extiende por buena parte de Europa del Este, todo Asia, África y parte de Centroamérica y América del Sur.

Un colectivo muy desprotegido

Y, sin embargo, de los países que reconocen los derechos de las personas homosexuales sólo nueve de ellos contemplan específicamente la no discriminación por motivos de orientación sexual en sus constituciones, y tan sólo 3 de ellos (Brasil, Ecuador y Malta) prohíben específicamente las denominadas terapias de conversión, tratamientos destinados a “reconducir” la orientación sexual de las personas.

De hecho, pese a que en los últimos años se han registrado avances significativos, la mayoría de países de todo el mundo aún no tienen una normativa que proteja los derechos de estos colectivos. A día de hoy, existen sólo 72 países que han aprobado leyes para garantizar la no discriminación en entornos laborales, y 43 cuya legislación contempla los delitos de odio contra homosexuales.

Y pese a ello, en el otro extremo encontramos un gran número de países en los que los homosexuales se ven obligados a ocultar su orientación sexual, son encarcelados e incluso pueden ser condenados a muerte. Así como existen 72 países que han integrado leyes para la protección de estos colectivos, existen otros 72 países (un tercio de los que integran la ONU) que criminalizan la actividad sexual entre personas del mismo sexo.

En lo que respecta a España, somos en realidad uno de los países más avanzados del mundo en materia de reconocimiento y protección de los derechos de los homosexuales, situándose por detrás de Malta, Noruega, Reino Unido, Bélgica, Francia, Dinamarca, Finlandia y Portugal. En España están permitidos los matrimonios y las adopciones por parejas del mismo sexo, y existen leyes contra la discriminación por motivos sexuales.

Aún queda mucho camino por recorrer

A pesar de todos estos avances, aún nos queda un larguísimo camino por recorrer. Incluso en los países donde existen leyes de protección, muchas personas de este colectivo siguen sufriendo agresiones y son víctimas de discriminación.

Este año se reunieron unas 300.000 personas en nuestra capital, que durante la semana de la celebración del Orgullo LGTBI abarrotaron las calles, con motivo además de la celebración de los disturbios de Stonewall en Nueva York, la discriminación que dio lugar a las primeras manifestaciones en pro de lo derechos de este colectivo.

Sí, es posible que hayas oído eso de que “también habría que celebrar el día del orgullo hetero”. Pero ante afirmaciones como ésta debemos detenernos y comprender el motivo de que tenga lugar esta celebración, y que va mucho más allá de la mera manifestación de una orientación sexual específica. "Amnistía Internacional no tiene consciencia de ningún heterosexual que haya sido despedido del trabajo por serlo; de ningún heterosexual que haya sufrido acoso en las escuelas por serlo", explica Gustavo Bonache, miembro del Área de Diversidad de Amnistía Internacional.

En realidad, la celebración del orgullo LGBTI va mucho más allá; se trata de una manifestación del amor libre, una lucha en pro de los derechos humanos, de la libertad de expresión y de la aceptación de una diversidad que va mucho más allá de lo que hasta hace poco clasificábamos como normal. Un abanico de orientaciones, tendencias, rasgos físicos y formas de expresión que no hace sino enriquecernos. Por ello, en estos días en los que las reuniones familiares están a la orden del día, en los que nos planteamos tantos buenos propósitos para el año nuevo, quizás convendría dedicar uno de ellos a la tolerancia hacia todos estos colectivos.