No poder reprimirse el deseo de tocarse, besarse, esconderse en cualquier rincón o enviarse mensajes subido de tono son característicos de la vida sexual de las relaciones al inicio. Todos buscamos esa sensación de aventura y muy a menudo nos inundan las ganas irremediables de descubrir el cuerpo de nuestra pareja, de conectar con ellas a todos los niveles, de explorar todo tipo de experiencias juntos.

Pero esto, diréis, es sólo al principio. La mayoría de nosotros tenemos asimilada la idea de que, con el paso del tiempo, la llegada de conflictos y problemas que afectan a nuestra convivencia, las relaciones se van desgastando, van perdiendo brillo, y cada vez las ganas irresistibles de conectar a nivel sexual con la otra persona se van disipando.

Sin embargo, lo cierto es que no tiene por qué ser así, e incluso nos atrevemos a ir un paso más allá: las relaciones sexuales pueden llegar a mejorar con el tiempo. Seguro que a todas os viene a la cabeza esa pareja que lleva toda la vida sin separarse y que sigue con el mismo apego de primer día. ¿Cuál es su secreto, te preguntarás?

La ciencia también ha intentado dar respuesta a esta incógnita. Un estudio publicado por el European Journal of Social Psychology afirma que el deseo puede descender según se avanza en la relación debido a factores como la propia ansiedad ante el miedo de perder a la pareja, pero también concluyó que el tipo de apego que dedicamos a nuestra pareja puede determinar la evolución de nuestro deseo.

Tal y como afirma el sexólogo Aberto Álamo, “existen muchos estudios que relacionan los estilos de apego con distintas variables. No solo el deseo, también con el tipo de comunicación, la gestión emocional, de celos e incluso la ruptura”. En contrapartida, otros estudios, como el llevado a cabo por los sexólogos Michael Metz y Barry McCarthy, apuntaron a que la calidad de las relaciones sexuales no tiene por qué verse afectada con el paso del tiempo, sino que observaron que para muchas parejas que llevaban más de 15 años el sexo había mejorado con los años.

 

¿Cómo puede mejorar el sexo con los años?

Existen diversos factores que propician que, con el paso del tiempo, podamos “trabajar” o “mejorar” ciertos aspectos del sexo con nuestra pareja que pasan inadvertidos en los primeros desates de pasión de cualquier relación. Gran parte del deseo que podemos sentir al principio viene dado por la intriga de descubrir a esa persona en nuestras vidas, pero en muchos casos la presión por “hacerlo bien” o por satisfacer a esa otra persona que todavía no conocemos del todo puede afectar a la calidad del sexo.

Estas son algunas de las razones por las que las relaciones sexuales pueden, en realidad, mejorar con los años:

Sin miedo a ser sinceros
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Sin miedo a ser sinceros

A su vez, en las relaciones consensuadas se disipa también la necesidad de “equilibrar la balanza” o entrar en dinámicas de juegos de poder. La confianza que generamos hacia la otra persona nos permite (o debería permitirnos) ser sinceros con ellos y con nosotros mismos, evitar aquello que no nos gusta y pedir sin miedo aquello que sabemos que sí disfrutamos.

El sexo como terapia
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El sexo como terapia

En las relaciones consolidadas el sexo también puede convertirse en muchas ocasiones en una forma de terapia. A modo de reconciliación después de una larga discusión, o para desconectar de nuestros problemas, las relaciones sexuales satisfacen no sólo una necesidad física, sino que también pueden ser muy beneficiosas para nuestra psique, pero para ello es necesario haber superado la barrera de la confianza inicial.

Cero presión
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Cero presión

Esas dudas e inseguridades que nos surgen al inicio… ¿Qué estará pensando? ¿Le estará gustando? Son cuestiones que reflejan la ansiedad común que sentimos a la hora de conocer a alguien nuevo y compartir el que no deja de ser uno de los momentos en el que somos más vulnerables con ellos.

Esa falta de relajación se suele ver reflejada en la calidad del sexo, ya que resulta mucho más difícil concentrarnos en nuestro propio placer. Cuando estamos en una relación duradera, pese a la irremediable llegada de sentimientos de monotonía, podemos sentirnos nosotros mismos al 100% en la cama, y dejarnos llevar por nuestro deseo.

La conexión que hay después del sexo
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La conexión que hay después del sexo

La primera vez que nos acostamos con alguien desconocido, esos momentos después del sexo pueden resultar a menudo algo extraños, fríos e incómodos, lo cual hace que no podamos disfrutar de esos momentos de complicidad de las parejas que llevan más tiempo juntas.

La confianza de conoceros el uno al otro
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La confianza de conoceros el uno al otro

Todos tenemos algún que otro complejo que nos puede afectar en mayor o menor medida a nuestras relaciones. Además, con los años, todos experimentamos cambios en nuestro cuerpo que nos cueste asimilar o de los cuales nos podamos sentir acomplejados. Uno de los beneficios de estar en una relación consolidada, es que el conocimiento que tenemos de esa otra persona a todos los niveles nos lleva a ir más allá de aquello que podamos considerar imperfecto en nuestro cuerpo.

Más tiempo para explorar cosas nuevas
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Más tiempo para explorar cosas nuevas

El psicoterapeuta Simon Jacobs afirmaba en sus estudios sobre sexualidad que “la confianza es uno de los factores más importantes en el sexo. Cuanto más confiamos en nuestra pareja, mayor es nuestra capacidad de ser nosotros mismos y desprendernos de nuestras inhibiciones”. Esto crea un contexto propicio a la hora de introducir juegos sexuales, explorar cosas nuevas y descubrir otras formas de placer.

Sin expectativas
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Sin expectativas

Con los años, y en una relación estable, empezamos a valorar en nuestra pareja muchos otros aspectos más allá del sexo. Éste, aunque imprescindible también para una relación saludable, puede pasar a un segundo plano sin que ello resulte un problema. La llegada de niños, el estrés del trabajo, etc. Pueden hacer que en muchas épocas prioricemos otros aspectos a nuestra vida sexual y que, en muchas ocasiones, sólo busquemos un “momento de desfogue”, sin necesidad de buscar una experiencia sexual única o especialmente placentera.