A todos nos ha pasado que nos hemos identificado con un personaje de una película o una serie hasta el punto de implicarnos tanto en el que sufrimos por su destino. Esto, a veces inconscientemente, nos sirve para reflexionar sobre nuestros problemas. La cineterapia es una técnica que conjuga los múltiples beneficios psicológicos del cine y los de la terapia cognitiva.

Este método objetivo persigue hacer una pieza audiovisual con muchas herramientas que nos ayuden a superar todo tipo de trastornos psicológicos. Eso se consigue haciendo que la audiencia se identifique con el personaje hasta el punto que sienta como propios los cambios, pensamientos y procesos que se están viviendo en la ficción.

Ponernos a ver un drama amoroso después de una ruptura tiene un significado más allá del simple malestar, su visionado equilibra las emociones y nos ayuda a afrontar y reconocer la pérdida.

Con todo eso, cada género nos puede aportar unos beneficios determinados:

Con las comedias mejoramos nuestro humor, nos ayudan a sustituir las emociones angustiosas por sentimientos agradables, aumentando nuestra energía y aliviando nuestro estrés.

Las películas de acción nos llevan a una realidad alejada de la nuestra proporcionándonos desahogo y oxigenación.

Las películas de ciencia ficción, además de desarrollar nuestra imaginación y creatividad, nos permiten relajarnos y distraer la mente.

Los dramas estimulan nuestra liberación emocional y, aunque parezca contradictorio, esto hace aumentar nuestras hormonas de bienestar.

El cine de terror o de suspense despierta nuestros instintos más agresivos, nos permite plantar cara a antiguos traumas y alimenta nuestra fantasía.

Además, ver un audiovisual implica el uso de todas las inteligencias: la lógica para el argumento, la lingüística para los diálogos, la visual-espacial para las imágenes y los colores, la musical para el sonido, la interpersonal en los cuentos, la cinestésica por el movimiento y la intrapsíquica. El séptimo arte es mucho más que una mera distracción.