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Montaña Vázquez: “Un partidazo es aquel que ha conseguido ser inmune tanto al rechazo como al elogio"

Entrevista con la autora del libro “MATCH, cómo encontrar pareja en la posmodernidad”.

Entrevista a Montaña Vázquez – Autora de MATCH
Entrevista a Montaña Vázquez – Autora de MATCH
Marta

Marta Costa

Periodista y posgrado en comunicación alimentaria

Con el objetivo de “descubrir al emprendedor emocional que llevamos dentro”, Montaña Vázquez acaba de publicar su segundo libro: “MATCH, cómo encontrar pareja en la posmodernidad”. Una obra en la que analiza la evolución del concepto de amor romántico a lo largo de los años, y reflexiona sobre cómo vivimos nuestras emociones, las nuevas formas de relaciones como el poliamor o el cubbing y nos propone un decálogo de emprendimiento emocional. Algo que, para ella, puede convertirnos en un auténtico “partidazo”.

 

Las nuevas tecnologías han hecho que dejemos de ligar en los bares y discotecas y lo hagamos también a través del móvil. ¿Es un modelo que sirve para todo el mundo?

Lo importante es tener claro el objetivo que queremos alcanzar; a partir de ahí, el medio que elijamos no es tan relevante si nos conocemos a nosotros mismos y estamos en nuestro cien por cien. La tecnología ha abierto un mundo lleno de posibilidades, ya no hay fronteras, y eso es fantástico, pero esta democratización del amor y de las relaciones, en cierto modo, está banalizando nuestros vínculos. Quizás no nos demos cuenta, pero en internet nos convertimos al mismo tiempo en cliente y producto. Esta dualidad no encaja con el estilo de vida de muchas personas – creo que cada vez más– que no quieren estar expuestos ni confiar sus relaciones a un algoritmo. Creo que, cuando el objetivo es encontrar pareja estable, se hace mucho más difícil en el mundo virtual, sencillamente porque la gran mayoría de usuarios no busca ese tipo de relación. Tener relaciones ‘líquidas’ es relativamente fácil, pero si el objetivo es encontrar relaciones prometedoras no se puede ser un sprinter, hay que ser un corredor de fondo, porque se necesitan grandes dosis de ilusión, disfrutar del proceso y mantener en nivel top nuestra mentalidad de principiante.  

 

¿No ha convertido eso a las relaciones en una nueva mercancía que tiende a consumirse y a dejarnos con un importante sentimiento de vacío?

Lo que esperamos de nuestras relaciones de pareja ha cambiado mucho desde el amor romántico basado en una sola relación para toda la vida y en la idea de un yo incompleto que necesita al otro para estar pleno, a el ‘amor confluente’ que acuñó Giddens que expone relaciones equilibradas y responsables al 50%, y el ‘amor líquido’ de Bauman, caracterizado por la inmediatez y el miedo a establecer relaciones duraderas. Hemos convertido al amor, a las relaciones, en una commodity, y el amor es un lujo, pero es un lujo al alcance de todos aquellos que sean valientes y estén dispuestos a mostrar su vulnerabilidad. Sentimos vacío porque no ejercemos como lo que somos: emprendedores emocionales. No profundizamos porque vivimos con miedo: miedo a sentir algo profundo; miedo a no sentirlo; miedo al rechazo; miedo a decir SÍ y a decir NO; miedo a mostrar nuestra vulnerabilidad; miedo a no mostrarla; miedo a ser honestos; y a no serlo; miedo a que la relación perdure, y miedo a que se acabe… Sentimos vacío porque estamos en modo supervivencia, no en modo excelencia.

 

La democratización del amor y de las relaciones está banalizando nuestros vínculos

 

¿Por qué, a pesar de que tenemos tanta “oferta” a través de aplicaciones y plataformas pensadas específicamente para ello, nos cuesta tanto encontrar una pareja que funcione?

Porque solemos partir desde un sentimiento de carencia, de necesidad, y eso es malo porque conduce a la desesperación y ésta nos instala directamente en el miedo. No hemos hecho un trabajo de introspección, de saber en qué nos hemos convertido y cómo somos o queremos ser realmente. No partimos desde nuestro cien por cien y lo que encontramos son sobras porque eso es lo que reflejamos. Tenemos que saber de una vez por todas que somos responsables de nuestra propia vida, que no podemos exigir de otra persona aquello que no hemos sido capaces de conseguir por y para con nosotros mismos. Solemos cargar con esta responsabilidad al otro; queremos que nos amen más de lo que nosotros mismos nos amamos, y esto no funciona. Creo que estamos viviendo una falsa conexión, una conexión virtual, con miles de amigos ‘desconocidos’ en las redes sociales y miles de minivínculos efímeros que se autodestruyen al pasar a de uno en otro sin profundizar.

MATCH

¿El ideal de amor romántico es el culpable de la alta frustración que sienten hombres y mujeres en este campo? ¿Cómo podemos hacerle frente?

Venimos adoptado esa creencia desde hace mucho tiempo, la hemos instalado en nuestro subconsciente y ahora nos está costando sustituirlo por nuevas creencias no heredadas. Porque si queremos cambiar desde nuestro consciente será muy difícil y lento; la clave está en generar el cambio en nuestro subconsciente para que esas nuevas creencias y actitudes conformen nuestra nueva realidad. El ideal de amor romántico nos ha hecho imaginarnos y soñarnos así, creando relaciones de dependencia emocional y nuestro cerebro no distingue entre lo imaginado y lo real, porque las conexiones neuronales que se establecen son idénticas. Por eso, tenemos que recordar que lo que pensamos controla lo que sentimos; lo que sentimos controla lo que hacemos; y lo que hacemos controla nuestra conducta.

Creo que lo más difícil en este mundo es ser honestos con nosotros mismos, porque eso implica autoconocimiento, autenticidad y excelencia y, por tanto, valentía. El amor es de valientes; valientes para iniciar algo auténtico –del carácter que sea– y también para terminarlo cuando sintamos que no podemos crecer más con esa persona. Todavía nos cuesta admitir que todo fluye, que nada permanece, también nosotros. Nos cuesta admitir los diferentes tipos relaciones que podemos establecer dependiendo de nuestras creencias, valores y objetivos y, por tanto, todavía nos cuesta aceptarlos. Y, aunque alardeamos de una gran libertad de elección, creo que no nos atrevemos a ejercerla y preferimos aceptar normas y costumbres que puede que no encajen con lo que de verdad pensamos y queremos en nuestra vida.

 

Sin embargo, el objetivo de amar y ser amado parece inmutable y sigue siendo la gran meta de la mayoría de usuarios…

Amar es algo innato en el ser humano, es un sentimiento universal. Siempre amaremos y seremos amados. Creo que es la calidad de este sentimiento universal, único e impredecible, la que puede verse desvirtuada porque no nos atrevamos a ser auténticos; porque ser auténticos implica ser impecables y coherentes con nosotros mismos y, por supuesto, fieles a nosotros mismos, y esto no es fácil. Me encantaría que no nos asustara tanto mostrar nuestra vulnerabilidad, porque creo que ésta es imprescindible para crear vínculos profundos. Y también me encantaría que nos atreviéramos a librarnos de las creencias heredadas que nos limitan, que nos sintiéramos libres para sentir y vivir el amor y las relaciones como mejor encaje en nuestros –espero y deseo– renovados esquemas mentales y dejáramos de poner nombres a toda aquella relación que no es la ‘establecida’ por la sociedad.

 

Hemos convertido al amor, a las relaciones, en una commodity, y el amor es un lujo

 

¿Es importante que “fracasemos” alguna vez en el amor?

No es que sea importante, es más bien inevitable. Pero yo no lo veo como un fracaso, sino más como la prueba de que estamos en el buen camino, en el camino del crecimiento. Hemos venido a este plano a crecer, a brillar y a iluminar, no a sobrevivir, y esto implica salir al mundo y asumir riesgos. Para conseguir esto es muy importante que dejemos de identificar dolor con sufrimiento; el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. El dolor puede hacernos crecer, puedes tomar impulso hacia nuestro nuevo objetivo si sabemos cómo hacerlo y si tenemos claro cuál es nuestro objetivo. El sufrimiento nos hace débiles y opacos.

 

¿Qué es, para ti, un “partidazo”?

Una persona que sabe quién es y qué quiere. Una persona que se quiere a sí misma, que es su prioridad, que es feliz. Una persona que ha conseguido ser inmune al rechazo y al elogio de los demás, y que sólo necesita su propia aprobación. Una persona que se promete a sí misma amarse y respetarse todos los días de su vida.

 

En el libro hablas de la necesidad de convertirnos en “emprendedores emocionales”. ¿Es esa la clave para sentirnos satisfechos y felices y encontrar el modelo de amor que más nos encaje?

Completamente. Ser emprendedor significa ser tu propio líder, tener objetivos, recobrar la mentalidad de principiante, alimentar nuestra mente con productos de calidad, no con comida basura. Ser emprendedor implica ser valiente, asumir riesgos y ser conscientes de la propia vulnerabilidad y, por tanto, ser fuertes. En definitiva, cuando adquirimos un compromiso con nosotros mismos estamos siendo coherentes, auténticos e impecables –no perfectos–, y esa actitud nos reconecta con nuestra felicidad innata. Y ¿sabes qué? La felicidad es super atractiva.

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