¿Por qué hay más rupturas y divorcios después de las vacaciones?

El descanso veraniego hace aflorar problemas latentes entre las parejas que han intentado ocultar a lo largo del año y dispara las separaciones en septiembre. Pero, antes de precipitarnos, ¿podemos hacer algo para salvar nuestra relación?

¿Por qué hay más rupturas y divorcios después de las vacaciones
¿Por qué hay más rupturas y divorcios después de las vacaciones
Marta

Marta Costa

Periodista y posgrado en comunicación alimentaria

Las vacaciones de verano son una de las épocas indiscutiblemente más esperadas del año. Soñamos con ellas con el objetivo de romper con la rutina y con las obligaciones, de tener más tiempo para nosotros mismos y para nuestros seres queridos y de viajar lejos o dedicarle tiempo a aquello que tanto nos apasiona o nos interesa. Y, sin embargo, muchas veces nuestras expectativas no acaban cumpliéndose: los viajes no son tan ideales como creíamos, no logramos desconectar de lo que nos preocupa, suceden imprevistos desagradables que nos obligan a cambiar de planes o salen a la luz problemas que habíamos ido enterrando durante el año. Uno de ellos, y crucial para nuestra salud emocional, es la relación con nuestra pareja.

Las estadísticas nos dan prueba de ello: septiembre es el mes del año en que se registran más tasas de divorcios y separaciones en nuestro país. Pasar tiempo juntos parece que pone en evidencia aquello que hemos ido evitando a lo largo del año.

Cuando el escudo de las ocupaciones y la rutina cae y pasamos la mayor parte del día con nuestra familia y nuestros hijos, afloran las incompatibilidades, los problemas no resueltos que hemos ido acumulando o, sencillamente, el desencanto hacia nuestra pareja o hacia nuestro estilo de vida. Así que la cruda realidad acaba imponiéndose como consecuencia de una mala gestión emocional y de practicar el mal hábito de no ser sinceros con nosotros mismos, evitar las emociones que nos disgustan y no querer afrontar los problemas latentes que sabemos que están, pero que no queremos ver o con los que no queremos lidiar frontalmente.

Al igual que la llegada de un hijo, que puede fortalecer fuertemente el vínculo entre una pareja, las vacaciones también pueden quebrantarlo o romperlo. Pero está en nuestras manos intentar evitarlo. Aunque hayamos vivido unas vacaciones pésimas con nuestra pareja, ¿debemos separarnos a la vuelta? Los expertos recomiendan no precipitarse y darnos cierto margen para acomodar la situación, analizarla, hacer los cambios que haga falta hacer, y esperar con paciencia y serenidad. Es probable que durante este tiempo juntos hayamos magnificado algunos problemas que, con una buena gestión emocional regida por la sinceridad, la asertividad, el respeto y la empatía, todavía puedan solucionarse y podamos, así, evitar el proceso doloroso y traumático de una ruptura. Eso sí, la única solución pasa por coger el toro por los cuernos, afrontar sin reservas los problemas, buscar soluciones y ponerse, conjuntamente, manos a la obra para acabar con las dinámicas tóxicas.

Una vez detectados los problemas, los dos miembros de la pareja deberían comprometerse a hacer los pasos necesarios para resolverlos, cumplir con los acuerdos a que se hayan llegado y, sobre todo, esforzarse por mantener estas nuevas dinámicas a lo largo del año con el fin de evitar que se reproduzcan los mismos errores y vuelvan a estallar en las próximas vacaciones. 

 

¿Qué podemos hacer para intentar resolver la crisis de pareja postvacacional?

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