Los famosos baños hidratantes en leche de burra o el exótico y sensual negro-como-la-noche lápiz de ojos son tan sólo una muestra ínfima de los mil y un trucos de belleza que se utilizaban en el antiguo Egipto. Tal era la importancia que esta cultura milenaria otorgaba al cuidado personal y a la belleza que muchas de sus rutinas han trascendido hasta el día de hoy, y con ellas, algunos de los secretos de belleza más bien guardados de sus emperatrices.

Entre ellas, la mítica e inconfundible reina del Nilo, Cleopatra, de cuya belleza tanto se ha escrito, logró que algunos de sus excéntricos rituales de belleza quedasen grabados en los anales de la historia hasta la actualidad: el uso de bicarbonato de sodio como exfoliante para el cutis, aceite de almendras para mantener hidratadas las pestañas o incluso el empleo de semen en sus productos de belleza son sólo algunos ejemplos de lo que cuentan las historias sobre los cuidados que se aplicaba la reina de las reinas.

¿Realidad? ¿Mito? En muchos casos resulta difícil determinarlo. En cualquier caso, los misterios de la emperatriz del Nilo siempre han sido parte mágica de una historia antigua que poco a poco va desenterrando vestigios de la verdad que se esconde detrás de su figura. Ahora, al parecer, y gracias a los grandes avances científicos, un equipo de arqueólogos ha conseguido determinar cuál era el perfume que utilizaba Cleopatra.

El secreto de la esencia de Cleopatra

 Un equipo de expertos, a partir de muestras que han podido recoger de unas antiguas vasijas, han sido capaces de determinar cuál podía ser su fragancia a través de restos que aún contenían los recipientes encontrados.

“Es emocionante poder oler un perfume que nadie ha olido en 2.000 años y que Cleopatra podría haber utilizado” afirmó Robert Littman, que junto a Jay Silverstein, de la universidad de Hawáy, son los responsables de esta investigación. Ambos expertos han clasificado el descubrimiento como, “El Chanel No. 5 del antiguo Egipto”.

Después de años de excavaciones en un lugar llamado Tell-El Timai, una ciudad que fue conocida en la antigüedad como Thmuis y que, además, fue el lugar de origen de dos de los perfumes más conocidos del mundo antiguo y Mesopotamia, los arqueólogos dieron con una elegante ánfora, no saben si de origen griego o romano, de la que pudieron extraer restos necesarios para poder replicar la esencia del perfume. A este hallazgo contribuyó el hecho de que en el año 2012 se encontrase lo que se cree que fue la casa de un comerciante de perfumes en la que se hallaron algunas ánforas y recipientes con residuos.

Según un estudio posterior realizado por Dora Goldsmith y Sean Coughlin, y el uso de textos griegos antiguos para recrear el aroma, el perfume es una mezcla espesa y pegajosa hecha con base de mirra, cardamomo, aceite de oliva y canela, ingredientes que, gracias a su durabilidad, permitieron que la esencia perdurase por más tiempo y su perfume fuera más intenso.

De todos modos, la perfumista Mandy Aftel, que ayudó a reproducir un perfume que se utilizó sobre una momia infantil, ha declarado que no existe aún una prueba fehaciente de que se trate realmente del perfume de la reina Cleopatra, ya que ella tenía su propia fábrica de perfumes y creó fragancias únicas para ella en vez de usar las que podrían encontrarse en las tiendas de entonces. De hecho, cuenta la leyenda que cuando Marco Antonio llegó a visitarla a Tarso, ella mandó rociar de su propio perfume las velas de su barco real, de forma que el emperador romano pudiera percibir su aroma mucho antes de llegar a la orilla.

Sea o no el perfume que usara Cleopatra, la investigación ha determinado que es muy probable que la élite del mundo antiguo pudiera usar una esencia muy parecida a esta recreación elaborada por los arqueólogos de la universidad de Hawái.

La cosmética natural en el antiguo Egipto

Los ingredientes naturales se llevan empleando en cosmética desde hace miles de años. En los sepulcros de los egipcios se han hallado muestras de maquillaje, y se ha podido constatar que los faraones empleaban ciertos cosméticos como una forma de conexión espiritual con los dioses. Los pigmentos que empleaban se creaban con materias primas muy diversas, como cristales de malaquita, láminas de oro o escarabajos en polvo.  

Tal y como pasa hoy en día, a aquellos que vivieron durante el antiguo Egipto también les preocupaba su aspecto: intentaban mantener la línea, se aplicaban tratamientos antiarrugas y tratamientos contra la alopecia. En este contexto, y como no disponían de los agentes químicos que integramos en nuestros cosméticos a día de hoy, sus productos estaban elaborados con ingredientes naturales como el aceite de oliva y de sésamo, el aceite de ricino, la henna, la leche o la miel. Componentes que, curiosamente, se están recuperando hoy en día también en su forma más natural gracias a sus más que comprobados beneficios tanto para nuestra salud como para el ecosistema frente a los ingredientes artificiales.

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