Dejó su trabajo como arquitecta para refugiarse en la Selva Negra. Del todo a la nada. O, de cómo partir de cero para comenzar una aventura en la que el objetivo es la escucha. ¿La escucha de qué? ¿De quién? Ella es Rut Nieves y, tras haber cambiado la vida de más de 250.000 lectores con el fenómeno de 'Cree en ti', presenta ahora su cuarto libro ‘Naciste para disfrutar. Sexualidad, espiritualidad y relaciones conscientes'. La autora, que participó en el I Congreso de Superación Personal organizado por Objetivo Bienestar, vuelve a poner el foco en el autoconocimiento con un volumen que "va a ayudar a los lectores y lectoras a liberarse de creencias, de miedos, inseguridades, prejuicios y a conectar con el placer". En él encontramos referencias al poder de nuestras relaciones. ¿Cómo las construimos? ¿Somos conscientes de los patrones que heredamos? Nieves se vuelca en una mirada introspectiva hacia el pasado, hacia lo que nos define y cómo nos define y recuerda que "para disfrutar plenamente de nuestra vida, es necesario sanar las heridas del pasado". Solo así y, en palabras de la autora, "podremos disfrutar plenamente del placer". 

 

Pero, en una sociedad marcada por el ruido y el exceso de información, realmente, ¿son todo facilidades para practicar la escucha?

La sociedad actual nos conduce, sobre todo en Occidente, a la dependencia emocional, a la tecnología, al no parar y al consumismo desmedido. En definitiva a una desconexión de nosotros mismos. Tenemos mucha información a nuestra disposición pero, el problema es que, no nos damos tiempo, no nos permitimos parar para escucharnos y seleccionar qué queremos realmente en nuestra vida. Yo recomiendo bajar la velocidad, respirar, practicar yoga o algún deporte con el que podamos recobrar la conexión con el cuerpo. Se trata de abandonar la mente y habitar tu cuerpo.

 

Libro Rut Nieves

La dicotomía cuerpo-mente atraviesa de lleno nuestros días. Como indicas en este libro, también lo hace en la sexualidad y las relaciones que tejemos con otros u otras. ¿Vivimos rodeados de creencias limitantes que nos impiden abrirnos a otras personas? ¿Seguimos teniendo miedo a soltar y aflojar?

Sí. Durante miles de años hemos estado escuchando los mismos discursos, los mismos pensamientos negativos. Nos han manipulado a través del miedo, la vergüenza y la culpa. Tres emociones muy vinculadas a la cultura patriarcal. Desde hace más de un siglo se le ha otorgado toda la importancia a la razón y no al cuerpo. Se ha intentado quitar el poder a lo instintivo, a lo natural, a lo espontáneo, a las emociones. Y ahora nos encontramos con una clara tendencia a vivir desde la mente en lugar del corazón. Nace de ahí la necesidad de controlarlo todo.

"Cuando vives desconectado de tu cuerpo, la única forma de conseguir seguridad es a través del control. El control jamás nos va a dar la paz ni la seguridad".

 

¿Es quizá, esto, síntoma o producto de una sociedad marcada por el control sistemático?

Sí. Es lo que nos han inculcado. Es el sistema, la rueda en la que llevamos miles de años metidos. Los únicos que podemos bajarnos de esa rueda somos nosotros mismos. A veces necesitamos vivir una experiencia muy dolorosa para salir de ahí. 

 

La competitividad y el consumo son también parte de nuestra educación aprendida. Tú misma rompiste con todo. Dejaste tu trabajo como arquitecta en Alemania y te atreviste a hacer lo que realmente te apasionaba. ¿Consideras que hemos sido educados para trabajar y ser lo que se espera que seamos?

Hemos sido educados para conseguir un trabajo seguro, que nos aporte un sueldo con el que podamos vivir. No hemos sido educados para ser felices, ni para hacer lo que nos apasiona. La gente cree que no puede vivir de lo que le apasiona, está mentalizada de que el trabajo es una obligación para poder vivir. Pero no. El trabajo puede ser disfrutar de lo que te apasiona aportando algo bueno a los demás y recibiendo dinero por ello. Para llegar a ese punto hay que cambiar la pregunta. No es que tengo que hacer, es ¿qué quiero hacer? La clave está en dejar de vivir desde la obligación y empezar a vivir desde tu voluntad. Si no te das tiempo a estar contigo, si estás pendiente del que dirán, te alejas de lo que realmente quieres y te hace feliz.

 

La iglesia, la familia, las escuelas, han actuado a lo largo de los años como instituciones que, en ocasiones, han obligado a muchas personas a reprimir su deseo. En el caso de la mujer, como explicas en el libro, ¿continúan teniendo presencia los discursos patriarcales que limitan el desarrollo de su sexualidad? 

Sí, todavía hay muchos prejuicios, muchas creencias limitantes a la hora de disfrutar de la sexualidad. Esto ocurre sobre todo en las mujeres de generaciones anteriores. De los años 80 para atrás hay muchas mujeres que todavía conviven con el sentimiento de culpa y la vergüenza, que no se permiten disfrutar del placer y lo reprimen. O, que han vivido una situación de sumisión para agradar al hombre, que es lo que se enseñaba antes a las mujeres. Hay mucho trabajo por hacer. 

 

Esta culpa, ¿también se refleja en las relaciones sexuales?

Sí. Uno de los problemas sexuales que tenemos actualmente es la no aceptación del cuerpo. Por una parte, está el rechazo a lo corporal, que nos hace sentir vergüenza a estar desnudos, y, por otro lado, el vivir desde la mente. Ese miedo a sentir sale en las relaciones sexuales. Para poder disfrutar de ellas tienes que entrar en el cuerpo y salir de la mente. También en la sexualidad se reflejan las inseguridades; ese miedo a que te dejen, a que te rechacen, a que se rían de ti, son muros que nos impiden disfrutar de las relaciones sexuales. Las personas que más van a disfrutar del sexo son las que han hecho un trabajo previo de liberarse de sus emociones, permitirse sentir, afrontar sus miedos y llegan a la relación con una energía positiva. No con carga emocional. Es diferente vivir una relación sexual para evadirme, desconectar un rato y tener placer y, otra cosa, es decir: "amo mi vida tal y como es y voy a disfrutar, voy a conectar más conmigo y la otra persona. No necesito entender el sexo como una huida". Cuando te sientes bien contigo, la relación sexual potencia ese sentimiento y te da energía.

"Tendemos a reflejar nuestras inseguridades y carencias en el otro y eso hace que las relaciones de pareja sean complicadas cuando no tendrían que serlo si nosotros nos responsabilizáramos de nuestras necesidades emocionales y de nuestras heridas".

Si fuéramos conscientes de nuestras heridas y diéramos prioridad a ese cuidarnos y atendernos, la relación con el otro sería infinitamente más fácil. Cuando dos personas han hecho un trabajo emocional de autoconocimiento y de aprender a quererse, la relación es más fácil, placentera y enriquecedora.

 

“El cuerpo es el que nos permite conectar con nuestra parte más divina”. Por ello aconsejas la práctica del tantra. ¿Qué es realmente y que puede aportar a nuestra sexualidad y a nuestras relaciones?

El trantra es una visión de la sexualidad que viene de Oriente. Para mi, implica experimentar la sexualidad desde la plena consciencia. Siendo consciente de ti y del otro. Estando presente, permitiéndote sentir, que tu cuerpo exprese el amor que siente. La diferencia entre la visión del sexo que nos han trasmitido en Occidente y Oriente es la velocidad. El tranta es un sexo más lento, no hay prisa, estás conectado contigo. En el trantra no hay metas, simplemente es disfrutar de la sexualidad desde el estar presente. El resultado que experimentas es mucho más placentero, pero para llegar ahí tienes que hacer un trabajo de aceptación de tu cuerpo y de tu consciencia. 

 

Un trabajo también de introspección absoluta. ¿Está preparada la sociedad actual para ese proceso?

Las personas que se niegan a hacer ese trabajo de introspección tienen la culpa muy arraigada. Hay tanta culpa o tanta vergüenza dentro de ellos que no soportarían conocer la verdad. Lo primero que harían sería criticarse o juzgarse. Hay que tener un nivel determinado de autoestima para poder ver dentro. Porque si lo que vas a ver dentro lo vas a utilizar en tu contra para juzgarte, no tiene sentido este trabajo. 

 

Según el sociólogo Zygmunt Bauman, las sociedades capitalistas están dominadas por el ‘amor líquido’, un término que hace referencia a esas relaciones interpersonales caracterizadas por la falta de solidez, calidez y por una tendencia a ser cada vez más fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso… ¿Vivimos en sociedades en las que el amor se convierte en una suerte de consumo mutuo?

Es lo que nos han enseñado. "Yo te doy esto que para que tú me des lo otro". Eso no es amor, es un sucedáneo. En el libro lo llamo “el amor condicionado”. Sí, hay amor, pero no es sano. La clave está en cuidarse uno mismo. Volvemos al, ¿qué necesitas? Dátelo. Date tiempo para escucharte, saber qué necesitas. Cuando lo haces ya no dependes emocionalmente de los demás, te independizas emocionalmente, algo que debería suceder en los últimos años de la adolescencia, de hecho, el propósito de este periodo es pasar de la niñez a ser adulto. Dejar de depender de los padres para empezar a ser emocionalmente independientes. Cuando no hacemos esa transición, ocurre que dejamos de depender de los padres para hacerlo de las parejas. Independizarse emocionalmente para mi es madurar.

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