La ecología social trata de adquirir una actitud que fomente la armonía social, la tolerancia, y el bienestar con los que te rodean y contigo mismo. Da la sensación de que ser educado no está de moda, pero no es así. Dedicar a alguien una sonrisa puede alegrarle el día y el tuyo también. Levantarte cada mañana con un pensamiento feliz, en lugar de lamentarte porque va a llover o hay mucho tráfico, es crear energía positiva para aportar a los demás. Y esto repercute en ti y en tu alegría de vivir. También las palabras tienen un enorme poder a la hora de limpiar o ensuciar la energía de las personas. Utilizar el lenguaje con cuidado de no agredir es ecológico, como decir siempre la verdad, pues las mentiras tienen un gran poder: el de destruir todo lo bueno y bello de las relaciones entre las personas. En definitiva, todo lo que pienses que puede ayudarte a tener una actitud socialmente ecológica, debes fomentarlo y transmitirlo, para que se forme una cadena de aptitudes personales más humanizadas y menos egoístas.

Las palabras tienen un enorme poder a la hora de limpiar o ensuciar la energía de las personas

Sé respetuoso

No obtendrás los mismos resultados si te quejas de forma respetuosa, aunque estés molesto, que si lo haces despectivamente. También es inteligente tener en cuenta a quién le vas a hablar, pues no todos están capacitados para tener una conversación con respeto. Por ello, quéjate en cuanto algo te moleste, sin esperar a que tu malestar aumente con el paso del tiempo, así no permitirás que el problema llegue a mayores. La tolerancia es imprescindible y primordial. Ser tolerante significa tener en cuenta que existen razones que desconoces. Ortega y Gasset decía “yo soy yo y mis circunstancias”, por eso, antes de ver lo que hace el otro como una agresión hacia ti, puedes preguntarle cuál es el motivo de su actitud. Si intentas ponerte en sus zapatos, seguramente verás que las cosas no son blancas y negras, y es probable que exista una razón para su comportamiento.

En ecología se consideran necesarios tres escalones para ponerse en marcha por el bienestar del mundo: saber, querer y poder. En ecología social se necesita lo mismo:

  1. Saber: En ocasiones nos cuesta reconocer que somos nosotros los que actuamos de forma negativa, pero lo negativo es nocivo para el mundo porque lo ensucia y distorsiona la realidad. Sabemos que nuestra actitud influye en los demás y en nosotros mismos, por ello es imprescindible ser conscientes de esa negatividad y empezar a actuar positivamente a partir de ahora.
  2. Querer: Pregúntate qué parte de tu actitud negativa estás dispuesto a cambiar y por qué. ¿Servirá de algo que actúe bien, cuando los demás no parecen querer cambiar al mismo tiempo que yo? ¿Cambiar me ayuda a sentirme mejor o, por el contrario, pienso que soy el único que quiere hacer algo y no vale la pena? Preguntas de este tipo te ayudarán a darte cuenta de que todo lo que mejores en ti mismo, lo haces por ti en primer lugar y siempre será un bien para ti, además de para los que te rodean.
  3. Poder: Poner nuestro granito de arena es la mejor acción posible. Se atribuye a Gandhi la frase que dice: “Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo.” La mejor manera de convencer a los demás de que se puede hacer algo es haciéndolo, pues siempre encontrarás un camino hacia la ecología social. Cualquier cosa que hagas, incluso si no haces nada, es una acción. No hacer nada significa haber tomado la decisión de no aportar, de no contribuir, pero el “no actuar” también influye en los demás. El silencio o la indiferencia, son otras formas de actuación, pues estamos diciéndole al mundo que nos conformamos y aceptamos lo negativo que hay en él. Por muy pequeña y aparentemente inútil que sea tu acción, realizarla es tu forma de participar en la vida.