Un lujo que te darías ahora mismo, un lugar para escapar...

Lisboa, es difícil decir por qué, pero recuerdo mi llegada: vi su teatro, las calles, las librerías y todo se juntó para hacer que me sintiera bien. Además tiene esa luz tan especial, esa gente amable. Y es decadente y supermoderna a la vez.

Tu mantra, tu verso…

Una frase de Billy Wilder que tengo apuntada en mi cuaderno de frases que me gustan: “Tengo 10 mandamientos. Los 9 primeros son: no aburrir”.

Tu música.

Me gustan mucho Silvia Pérez Cruz y Paolo Nuttini.

¿Qué te ha quedado de tupersonaje de Un otoño sin Berlín?

Creo que una especie de crecimiento personal. He madurado haciendo ese personaje.

Lo mejor del frío invierno.

Tomarte un té de jengibre calentito al llegar a casa.

Tu prenda fetiche.

Un jersey de lana verde botella que me regalaron hace tiempo. No sé ni la marca, pero si pudiera ir con él todo el invierno no llevaría otra cosa.

¿Cómo cuidas tu mente?

Leyendo, bailando y haciendo yoga.

Un ritual de la suerte.

Estoy intentando no tener ninguno para no volverme loca pero hasta hace poco no podía salir al escenario sin una de mis gomas de pelo. Un día la perdí, vi que no pasaba nada y desde entonces intento no tener rituales. Sí hago una cosa: si paso bajo un andamio, luego toco un árbol.

¿A qué acude tu pensamiento cuando necesita una dosis de seguridad?

Yo soy muy lectora de entrevistas y recuerdo respuestas que dieron actrices o actores a quienes admiro, en las que hablaban de sus sentimientos de inseguridad. Es bueno recordar que lo que sientes no es tan grave, y que lo ha sentido también gente que está en lo más alto.

Si fueras un animal…

Sería un bambi. Me identifico porque es muy asustadizo pero también tiene mucha plenitud.

¿De dónde sacas la fuerza?

De salir de casa, de dar pasos fuera de mí círculo de protección. De apuntarme a cursos y talleres, por ejemplo.

¿Hay alguna lectura capaz de animarte cuando lo necesitas?

Sí, me gusta mucho la poesía de John Keats. Es melancólica pero me calma y me acompaña cuando estoy de bajón.

Tu olor.

El del camerino de mi abuela cuando era pequeña: olía a polvos de talco y a maquillaje. Todavía hay algunos camerinos que huelen así, ya pocos.

Tu amor.

Mi familia.

Tu dolor.

El miedo.

¿Cómo lo combates?

Rodeándome de personas que me valoran. Y enfrentándome. Si no lo haces, el miedo puede llegar a convertirte en alguien muy estúpido.

Tu rutina diaria de belleza.

Por la mañana me pongo crema hidratante y un protector solar. Por la noche me lavo la cara con agua micelar y nada más. Me acuesto sin ponerme cremas. Creo que a veces la piel necesita que la dejes tranquila.

Tu truco para gustarte cuando no te gustas.

Me pongo máscara de pestañas. Cuando le das ese punto de luz y vida al ojo, la mirada se abre y todo mejora.