¿Estrés incluso en vacaciones?

¿Nunca te ha pasado que preparas unas vacaciones con la esperanza de desconectar, bajar el ritmo y alejarte del estrés y, cuando termina todo y haces balance, no has logrado ninguna de las tres cosas?

Estrés incluso en vacaciones
Estrés incluso en vacaciones
Alejandra Rodríguez Spiritualwoman Spiritualmood

Alejandra Rodríguez

A menudo, no solo no reducimos el estrés sino que, conforme se acerca la fecha, va aumentando hasta límites insospechados y después se mantiene a lo largo de los días causando agotamiento y desconexión con la realidad.

Muchas veces el problema se debe a la prisa que experimentamos estando de vacaciones. Queremos aprovechar los días, llegar a todo y sentir que lo hemos disfrutado al máximo. Sin embargo, esto se convierte en una carrera contrarreloj que, lejos de hacernos disfrutar, nos empeora el carácter, nos aleja del placer y nos sume en un intenso estrés.

Si profundizamos en nuestra noción del tiempo, entendemos que muchas veces “aprovechar” no es sinónimo de más, sino de menos, y conectamos con la idea del disfrute presente y no futuro; podremos hacer a un lado al estrés y vivir los días con la calma que nos merecemos.

Por otro lado, también puede ocurrir que nuestras pulsaciones se eleven por la idea que tenemos de lo que “debería ser” y que, por supuesto, a veces no es. Los pensamientos que nos dicen cómo deberían o no deberían ser las cosas arruinan la experiencia porque, como he comentado en alguna ocasión: “No importa cuánto de perfecto sea algo, si nos lo esperábamos diferente, no habrá llegado a nuestro nivel exigido”.

La aceptación es el concepto a trabajar cuando los “deber ser” nos atormentan. Hace unos días compartía con mi comunidad de Patreon algunas ideas claves que, sí o sí, necesitaremos atender en nuestro camino espiritual y una de ellas era la rendición. Similar a la aceptación y que también tiene efectos directos sobre nuestra lucha contra la realidad.

El deber ser es una película montada por nuestro ego, no dejes que te arruine las vacaciones.

Acepta y cambia lo que sea necesario para que vivas en paz

La necesidad de hacer cosas sin parar

La necesidad de hacer cosas sin parar

¿Y qué me dices del hacer? Esa necesidad imperiosa de hacer cosas constantemente. Las personas adictas al hacer no pueden pasar una tarde en calma conectadas al no hacer, necesitan movimiento constantemente. Unas veces relacionado con el aprovechar el tiempo y otras veces con evitar el silencio y la quietud, sea como fuere, la obsesión por hacer puede conllevar estrés cuando, literalmente, nuestra mente no nos deja parar ni una hora.

Si te identificas con ese “no me puedo estar quieta”, te animo a que te hagas algunas preguntas y pongas en práctica el siguiente ejercicio. Las preguntas pueden ser: ¿qué ocurre cuando no hago nada? ¿Qué beneficios obtengo de la actividad? ¿Para qué tanto movimiento? ¿Qué pienso de mí si no hago?

Por su parte, el ejercicio es rendirse al no hacer por unos minutos e ir aumentando el tiempo según nuestras sensaciones. Si nunca has estado sin hacer nada, 15 minutos mirando una pared pueden ser una eternidad; ve con calma. Estás de vacaciones, no necesitas llegar a nada, aumenta los minutos cada día y observa tus pensamientos, ¡seguro que son muy reveladores!

¡Y hablamos del hacer! ¿Pero qué pasa cuando ese hacer constante se debe a que tenemos que trabajar incluso en vacaciones?

El trabajo es una de las razones más comunes por las que no logramos desconectar y que nos mantienen en altos niveles de estrés mientras estamos de vacaciones. Al final, si necesitamos estar pendientes de la bandeja de correo electrónico, atendiendo llamadas o haciendo tareas inconclusas, ¿cómo vamos a reducir el nivel de estrés que esas mismas actividades nos generan durante el año?

Existe el derecho a la desconexión digital y aquí lo interesante no es solo que la empresa lo respete, sino también si los trabajadores somos capaces de respetarlo

Los gastos

Los gastos

Y, por último, los gastos. No podía faltar este tema en la enumeración de cosas que nos producen estrés en vacaciones.

Sabemos que durante estos días vamos a gastar más dinero del habitual, por poco derrochadoras que seamos, si hay más tiempo libre hay más oportunidades de gastar. Además, se sabe que es un momento en el que queremos comer fuera, tomar cafés en plazas maravillosas, concedernos caprichos y, en fin, ¡estamos de vacaciones!

Lo que ocurre es que esto no siempre se vive como un premio merecido, sino que se convierte en una auténtica pesadilla que se reproduce en segundo plano. Pensamientos como “nos estamos yendo del presupuesto”, “voy a tener que pedir un prestamos para pagar el crédito de este mes”, “no podemos seguir así” (repetido y sin hacer nada al respecto), generan un estrés difícil de regular.

Mi recomendación es clara: objetividad, simplicidad y minimalismo

Saber cuáles son nuestros límites y ser objetivos y respetuosas con ellos es uno de los mejores trucos cuando se habla de dinero. El punto no es no gastar, es invertir con cabeza en placer y bienestar, y si derrochamos o gastamos más de lo que podemos, perdemos la oportunidad de invertir en cosas que realmente pueden hacernos felices.

Al final, se trata de observar nuestros niveles habituales de estrés y poner el foco el reducirlos. Sería maravilloso trabajarlo y lograrlo a lo largo del año, pero si hablamos del estrés en vacaciones: ¿cómo ves tener presentes estos puntos y mantenerlo a raya?

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