Hambre emocional vs hambre real: ¿Qué tipo de apetito tienes?

Cuando comes, ¿lo haces porque realmente tienes hambre o porque necesitas aplacar la ansiedad buscando una recompensa a través de productos palatables y copiosos? Aprende a diferenciar un estado del otro y sana tu relación con la comida.

Hambre emocional vs hambre real ¿Qué tipo de apetito tienes?
Hambre emocional vs hambre real ¿Qué tipo de apetito tienes?
Marta Nutripasos

Dietista – nutricionista

La mayor parte de las veces, el ser humano no come movido por una sensación de hambre real. En realidad, hay otros factores que influyen en sus ingestas, como pueden ser los eventos sociales, las rutinas, los horarios, el cansancio o los estados de ánimo, ya sean positivos o negativos.

La comida como premio o castigo es la base de una mala relación con los alimentos

Seguro que si piensas en una boda lo primero que te viene a la cabeza es el banquete, y es que festejamos con comida, lo que hace que la asociemos directamente con una sensación de felicidad, de premio, de recompensa, de alegría. Esta relación se potencia desde la infancia cuando te premian con alimentos menos saludables, siempre y cuando primero comas los saludables. ¿Te suena eso de “cómete la fruta y luego te doy el chocolate”? ¿Ves que la fruta es el castigo y el chocolate el premio? Pues en la etapa adulta esto se instaura en nuestra cabeza, haciendo que tras días malos busquemos nuestra recompensa.

Qué es el hambre emocional

Esta relación emocional con la comida puede ir potenciándose con los años, haciéndose más directa y sirviendo como único recurso en momentos de ansiedad. Lo que, lógicamente, acarrea una mala relación con la comida, en la que el alimento toma la decisión sobre nosotros.

¿Cuántas veces has pensado que no deberías comer algo y al final lo has hecho?

Seguro que después también te has sentido mal… Este sentimiento siempre es indicativo de que algo está fallando en tu alimentación.

Pero, ojo: consumir alimentos insanos no tiene por qué ser sinónimo de ansiedad por la comida ni mucho menos, de hecho, una alimentación saludable debe ser también flexible. El problema es cuando ese acto no te hace sentir bien o no lo disfrutas, no es voluntario y/o se relaciona con un sentimiento de culpa.

Es posible que alguna vez hayas pensado que no tener control sobre este tipo de hambre es culpa tuya, que no tienes la fuerza de voluntad suficiente como para conseguir decir que no a ciertos alimentos o controlar los volúmenes de los mismos. Si lo has pensado, debes saber que no es tan sencillo, la fuerza de voluntad no es suficiente para frenar esta relación con la comida, así que quizá valga durante un pequeño periodo tiempo, cuando la motivación por conseguir un objetivo concreto es muy alta, pero a largo plazo es completamente imposible que puedas mantener una buena alimentación si la ansiedad por la comida continúa alta.

La fuerza de voluntad no es suficiente para frenar esta relación con la comida

Cuando entramos en este bucle de sentimientos de ansiedad y culpa, puede llegar un punto en el que incluso nos cueste detectar si lo que sentimos es hambre real o emocional, lo que puede provocar que reduzcas demasiado los volúmenes de comida para buscar, por ejemplo, perder peso. A continuación, vas a ver las diferencias entre estos tipos de apetito, así podrás diferenciarlos bien y te será más sencillo controlar la que no es física.

Características del hambre emocional

  1. Aparece de forma repentina y, por lo general, fuera de los horarios habituales de las comidas. Suele ser más recurrente a media tarde, antes o después de la cena, aunque también se puede dar durante la mañana o en la hora de la comida.
  2. Te apetecen alimentos copiosos, ya sean dulces o salados. Cuando aparece este tipo de hambre, se tiende a buscar alimentos con alto contenido energético, grasas y/o azúcares, sean o no saludables: chocolate, galletas, embutidos, pan, frutos secos, queso, etc.
  3. No eres capaz de posponerlo, lo necesitas en ese mismo instante: quizá vayas a comer en 30 minutos, pero no puedes esperar hasta entonces.
  4. Comes rápido y sin saborear los alimentos. Ya sea una mandarina o una galleta, no eres capaz de saborearlos bien, y en cada bocado piensas en el siguiente.
  5. Incrementas los volúmenes. Sientes la necesidad de saciarte, de llenar tu estómago por completo, lo que hace que las cantidades sean grandes. Además, sueles comer bastante rápido.
  6. Existe una sensación de malestar al terminar, que puede ser física, es decir, que te duela el estómago o te sientas pesado tras la ingesta, o también puede ser emocional, en forma de sentimiento de culpa.
  7. Intentas hacerlo sin que nadie mire, incluso a veces lo haces de forma inconsciente. ¿Alguna vez has pasado por la cocina y te has sorprendido con un alimento en la boca así sin más?
  8. Si piensas en qué parte de tu cuerpo se encuentra el hambre, probablemente, no la notes en el estómago.

Para que sea hambre emocional, basta con que se cumplan alguna de las situaciones anteriores, no es necesario que se den todas a la vez.

Cómo superarla

Esta ansiedad por la comida preocupa a muchas personas, haciéndoles sentir una falta de seguridad personal y distanciándolas más de la consecución de una alimentación saludable a largo plazo, al sentirse decepcionadas consigo mismas y pensando que no serán capaces de mejorar dicha situación.

Sin embargo, y aunque ciertamente es un aspecto que debe tratarse por el profesional adecuado, es posible ir controlando dicha ansiedad cambiando de forma progresiva los hábitos en otras ingestas del día, mejorando el control del azúcar sanguíneo y el hambre real, ya que ambas podrían potenciar el tipo de hambre emocional.

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El próximo martes 5 de julio, de 20.00 a 21.00 h, la dietista-nutricionista Marta Pérez Fandiño realizará un taller online sobre hambre emocional desde la plataforma digital Dime Bienestar.

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Sobre el autor
Marta Nutripasos

Soy Marta Pérez Fandiño, dietista – nutricionista de Dime Bienestar y Nutripasos, colegiada nºGA00070.

Cursé el Grado en Nutrición Humana y dietética en la Universidad de Santiago de Compostela para convertirme en nutricionista, continué mi formación con el Máster Interuniversitario de Condicionantes Genéticos, Ambientales y Nutricionales para el Crecimiento y Desarrollo, complementado con dos posgrados y formación continua. No dejo de estudiar, ya que considero que en esta profesión es un requisito indispensable.

Preocupada por la alimentación actual y conociendo los beneficios que una dieta adaptada y saludable tienen para la salud y calidad de vida, creé el nombre de mi marca: Nutripasos, pensada para acompañar a las personas sea cual sea el momento en el que se encuentren y con el fin de ir avanzando con pequeños pasos hacia un objetivo final, que por supuesto pueda mantenerse y sea realista a largo plazo. Ejerzo como nutricionista en Lugo desde 2016.

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