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La vulnerabilidad no es debilidad

Cada uno de nosotros lleva consigo el peso de las heridas y los miedos que le da vértigo mostrar a los demás, de esas zonas vulnerables que le recuerdan que el sufrimiento y el malestar están ahí, aunque a veces haga como si no existiesen; las mismas que le impulsan a continuar, aunque ni siquiera sea consciente de ello.

La vulnerabilidad no es debilidad
La vulnerabilidad no es debilidad
Gema Sanchez

Gema Sánchez Cuevas

Psicóloga y escritora

Todos somos vulnerables de alguna forma, tenemos nuestro talón de Aquiles o alguna kryptonita puede derrumbarnos. Lo cierto es que nos da pánico aceptarlo, que nos hagan daño e incluso darnos cuenta de que no existen garantías de casi nada, que la incertidumbre es más constante que el control y la seguridad. Por ello, hay ciertos aspectos de nosotros que no sacamos a la luz porque sabemos que conllevan algún riesgo emocional.

Lo que ocurre es que al igual que nos exponen y avergüenzan, también conllevan la posibilidad de avanzar, crecer y madurar, pero muy pocos son capaces de percibirlo. Esto sucede porque la vulnerabilidad siempre ha estado ligado más al hecho de ser débiles, poco válidos o incapaces. Sin embargo, tiene más de valor psicológico que de otra cosa, como afirma la la investigadora Brené Brown.

 

Reconocerse como vulnerable es aceptar que se es imperfecto

 

Reconocerse como vulnerable es aceptar que se es imperfecto, dejando a un lado los filtros y las apariencias para mostrarse de forma sincera y auténtica. Porque, ¿quién no tiene heridas o asuntos pendientes? ¿quién no ha vivido experiencias de dolor y sufrimiento? Además, aceptar la propia vulnerabilidad implica que se apuesta por una conexión íntima y verdadera con los demás, ya que solo mostrándonos tal y como somos podemos forjar vínculos con los hilos del amor y la franqueza.

Ahora bien, en un mundo en el que imperan las apariencias, la tiranía de lo positivo, el éxito y la perfección no es fácil lidiar con esto, pues no hay cabida para el error o el malestar. Es como si nos obligasen a ser superhéroes, a estar siempre felices y contentos. Razones por las que ocultamos todo aquello que nos entristece y nos duele, lo que nos hace parecer más frágiles y menos válidos. Motivos por los que huimos y escapamos de todo aquello que esté relacionado con las equivocaciones y la imperfección porque nos avergüenzan.

Se trata de un juego mental que finalmente nos induce a no mostrar una parte de nosotros y a disfrazarnos un poco, pero al hacerlo, el malestar aumenta, pues no es posible estar bien si no podemos ser nosotros mismos. Así, cuando no aceptamos la vulnerabilidad, nos damos la espalda y nos rechazamos. Nos hacemos invisibles a nosotros mismos. Y así es imposible que surjan la valentía y los cambios porque somos prisioneros de nuestros temores.

 

Cuando no aceptamos la vulnerabilidad, nos damos la espalda y nos rechazamos

Valentía y vulnerabilidad van de la mano

Valentía y vulnerabilidad van de la mano

No hay valentía sin miedo. Eso sí hay que trascenderlo, no limitarse por ello, de lo contrario es la cobardía la que hace acto de presencia y con ella la sensación de debilidad. De ahí que vulnerabilidad y debilidad no sean lo mismo.

Aceptar ser vulnerable implica dar un paso al frente, apostar, arriesgarse, a pesar de todo, de miedos y heridas, pero ser débil tiene más que ver con tener poca resistencia, con bajar la guardia y ceder ante las desgracias y situaciones difíciles. Por lo tanto, la valentía, que no es otra cosa que la capacidad de continuar a pesar del miedo, de seguir adelante siendo conscientes de que puede que salga o que no, está ligada a la vulnerabilidad, mientras que la cobardía es compañera de la debilidad y la comodidad porque aunque no se esté bien, puede más el temor a intentarlo.

Y esto podemos verlo en nuestro día a día. ¿Cuánta gente silencia su opinión para ser aceptado por los demás? ¿cuántas personas están incómodas, pero no se atreven a hablar porque no quieren hacer frente a las consecuencias? ¿cuántos ocultan lo que son, muestran otras caras, con tal de no contrariar al resto o sufrir porque no están de acuerdo la mayoría?

Al final, cuando uno se reconoce vulnerable, se reconoce humano y no todopoderoso e inmune y eso aviva las relaciones humanas porque favorece la conexión. De alguna forma, vemos al otro más cercano y es más fácil que nos impliquemos de verdad. Porque cuando otra persona se desnuda emocionalmente ante nosotros se crea una atmósfera especial en la que suele ser más fácil comprender que juzgar.

 

No somos débiles cuando nos mostramos tal y como somos, sino auténticos

 

Por algo Brene Brown define a la vulnerabilidad como “el punto en el que nacen el amor, el sentido de pertenencia, la valentía, la creatividad, la empatía y la alegría. Es fuente de esperanza, empatía, responsabilidad y autenticidad (…) es poder compartir nuestras historias con aquellos que han ganado el derecho de escucharlas”.

Entonces, ¿reconocerse vulnerables es de valientes? Por supuesto, porque nos aceptamos a nosotros mismos. ¿Qué valentía hay en disfrazarse y comportarse como esperan los demás? ¿No será más bien eso de cobardes?

No somos débiles cuando nos mostramos tal y como somos, sino auténticos. Por lo tanto, no tengamos miedo a concebirnos como vulnerables porque cuando lo hacemos nos hacemos visibles, damos espacio a la humildad y podemos avanzar. Recordemos lo que dice Brené Brown, la vulnerabilidad es la medida más precisa de nuestro valor… ¿Nos lanzamos a descubrirlo?

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