El futuro sin cargas

Walter Riso nos aconseja deshacernos de esa necesidad de control que nos impide vivir el aquí y el ahora.

El futuro sin cargas
El futuro sin cargas
Walter Riso

Walter Riso

Ser proactivo y mantener cierta disposición preventiva hacia los imponderables constituye una estrategia adaptativa que ha sido útil para la supervivencia de la especie. Cuando los maestros espirituales y los psicólogos señalan que nuestra atención debe estar focalizada en el aquí y el ahora, no están afirmando que renunciemos radicalmente al pasado y el futuro. El sabio no sufre de amnesia ni le falta de imaginación: lo que define la sabiduría es tomar el pasado y el futuro con pinzas, lo necesario, sin culpa y sin angustia.

Si la mente queda atrapada en el pasado no haremos otra cosa que vivir con la carga de lo que deberíamos haber hecho y no hicimos: arrepentimiento y rencor, rabia con uno mismo o con los que nos lastimaron. Ojo, no digo que debamos olvidar el sufrimiento de la victimas (vengan de donde vengan), hay registros que moralmente deben quedar vivos para señalar a los agresores o violadores. Pero mucha gente no es capaz de discernir y se regodea en la depresión y la repetición obsesiva de los pensamientos negativos (anclaje disfuncional al pasado).

De otra parte, si la mente se desplaza libremente al futuro tenemos dos opciones: Julio Verne o un sujeto con ansiedad crónica. Si hacemos el salto de manera creativa, surge un Isaac Asimov y la ciencia ficción, pero si nuestras antelaciones se convierten en un modo de vida defensivo, entraremos al oscuro terreno de la preocupación enfermiza.

Preocupación: ocuparse de cuestiones incómodas antes de tiempo.

Las personas que se incrustan persistentemente en el futuro, no disfrutan el placer de estar donde están; la existencia se contrae bajo el peso de los malos pronósticos.

La obsesión por el futuro nace cuando la preocupación se convierte en un modo de vida para sobrellevar la experiencia cotidiana. ¿La consecuencia? Estrés y más estrés. El esquema subyacente de las personas ansiosas, no deja de ser irracional: “Debo tener los imponderables bajo control”. ¿Dominar el futuro, fiscalizar lo que no ha ocurrido? Complejo de Dios, puro espejismo.

Estar obsesionado por el futuro es un atentado a la salud, porque impide alcanzar el bienestar, genera ansiedad y afecta la calidad de vida. Lo que mueve a estas personas, además de querer hallar una certeza imposible, es resolver los problemas antes de que ocurran, para evitar el dolor o la incomodidad.

Sin embargo, cuando la mente se ocupa exageradamente de situaciones amenazantes futuras, todo el organismo actuará como si estuviéramos con la soga al cuello y la supuesta amenaza fuera inminente: el sistema inmunológico, que muy pocas veces entiende de razones, decae y el gusto por la vida se va perdiendo en cada intento adivinatorio. La anticipación en el tiempo es una cualidad humana. Sin tiempo psicológico se acabaría la humanidad y se perdería nuestra capacidad de trascender, fantasear y tener un propósito más allá de los instintos.

Sin embargo, este atributo tiene un costo: el desasosiego que genera la incertidumbre. Sabemos que nos vamos a morir, tenemos claro que somos producto de una historia que en buena parte nos determina y nos proyecta al futuro, a eso no podemos escapar. ¿La clave? Sacar de tu vida la necesidad de control.

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