Todo hace indicar que el futuro será de las máquinas o no será. Robots en los hogares, centros públicos y hasta en la cama. Y es que el sexo tampoco se libra de la intervención de la tecnología en nuestra cotidianidad. Ya lo vimos en cintas como 'Ex Machina', 'Her' e incluso en series como 'Black Mirror' donde los robots son capaces de generar un gran vínculo afectivo y sexual con sus protagonistas. Pero aunque suene a ciencia ficción, nada se aleja tanto de la realidad. Según un informe del físico, matemático y futurólogo Ian Person, a partir del 2025 muchos de los hogares más ricos del mundo contarán con un robot sexual.

En 2035, la mayoría tendrá un juguete sexual con el que interactuará en realidad virtual y en 2050, el sexo entre personas y robots superará a las relaciones entre humanos. Pero, ¿cómo haremos frente a esta revolución sexual a través de las máquinas? Mientras que los avances tecnológicos crecen de una manera vertiginosa, creando una nebulosa de nuevos y mejores productos, ¿lo hacen del mismo moda las leyes y la ética universal?

La cultura del sexo tecnológico genera ya más de 15 millones de euros en todo el mundo. Se puede hablar de sextech, digisexualización, sexbots o porno cibernético. Términos que parecen imposibles, novedosos y que nos acercan a una nueva forma de entender el sexo y la tecnología.

Y es que, comparado con todo este abanico de novedades, Tom Sharpe se queda corto en su novela publicada en 1976 al colocar en medio del relato una muñeca hinchable que tiene relaciones sexuales con su personaje ficticio 'Wilt'. Ya en su día, el autor escandalizó a la burguesía británica, pero nada que ver con el revuelo que puede ocasionar el sextech en la actualidad.

 

Pero, ¿qué es realmente el sextech?

Esta práctica se puede entender como la alta tecnología aplicada al sexo. En ella no hay límites para el placer y ya no necesitamos otro cuerpo humano con el que satisfacer nuestro deseo sexual. Para ello, existen alternativas como los sexbots que ya se comercializan en Estados Unidos a través de firmas como Real Doll o Doll Sweet. ¿Y los precios? Van desde los 4.000 hasta los 11.600 dólares, según indica el periódico británico The Sun. La supermodelo "Harmony", es quizá la mayor tendencia en lo que se refiere a sexbots. Una muñeca que "los clientes podrán obtener con un cuerpo equipado con calefacción interna, lubricación y sensores táctiles", indica el CEO de Realbotix Matt McMullen a The Daily Star.

Aunque el mercado de las muñecas eróticas de aspecto humano ha tenido un notable éxito en los últimos años en países como Estados Unidos o Japón, tampoco Europa escapa del binomio sexo y tecnología. De hecho en 2017, el experto en nanotecnología Sergi Santos, creó el primer prototipo español de sexbot. Se llama Samantha, pesa unos 40 kilos, tiene los ojos verdes, el cabello color castaño y es capaz de interacturar con las personas en distintos modos, desde ver una película en compañía hasta tener un orgasmo.

Digisexuales, amantes del sexo tecnológico

Y como todo, esta tendencia hacia el sexo tecnológico también tiene nombre para aquellas personas que la practican. Se les llama digisexuales, personas cuya identidad sexual primaria proviene del uso de la tecnología y que forman una intensa conexión con sus robots sexuales, hechos a medida para satisfacer sus deseos y practicar relaciones íntimas. Estos robots, programados con IA y sensores corporales que responden al tacto, son capaces de realizar unas 50 posiciones preprogramadas. Hasta el momento no existen límites legales a su desarrollo, lo que para muchos expertos supone un gran problema. ¿Dónde están las barreras y la privacidad? ¿Cuánto sabe de mi este robot y que se yo de él?

De hecho, la idea de los sexbots es alimentar la base de datos del sistema con la información que desea el propio usuario; carácter, estado de ánimo, habilidades, intereses. Un "personalizar a la carta" que vuelve a lanzar cuestiones sobre la mesa: ¿Cómo nos aseguramos de que son seguros? ¿Sería ético el sexo con un robot con aspecto de niño? ¿Cómo afectará la intimidad con un robot sexual al cerebro humano? Lo que sí sabemos es que, hasta el momento, no existe una definición universal y aceptada de 'robot sexual' y esto podría generar conflictos cuando se plantea cualquier propuesta de regulación o prohibición. Porque, ¿cómo anular aquello que ni si quiera está definido?

Otra de las certezas, solo hay que ver el catálogo de Real Doll o Doll Sweet y las primeras imágenes que integran su portal web, es el sesgo sexista de esta industria. El mercado de los sexbots crece imparable de la mano de muñecas construidas a imagen y semejanza de la silueta femenina. Figuras de metal, plástico y goma que imitan el tacto y las sensaciones que el cuerpo de una mujer puede generar. Sin embargo, aunque también existen sexbots masculinos, todavía son una minoría. Según indica en una TED Talk la científica británica especialista en inteligencia artificial e interacción humano-computadora Kate Devlin: "La sexualidad de las mujeres ha sido ignorada durante siglos". Lo que respondería al porque, hasta el momento, el hombre heterosexual es el gran público objetivo al que va enfocado el mercado de los robots sexuales. Frente a ello, Devlin se muestra positiva y apunta que "es posible crear una tecnología sexual diversa, justa, igual e imparcial".

"La imagen de la amante artificial seductora y obediente entraña peligros. El robot humanoide femenino está diseñado para jugar a los estereotipos culturales", apunta Kate Devlin.

 

Sexo a través de estimulación electrónica

Si desde hace años el ser humano utiliza la tecnología por y para su beneficio, el sexo no iba a escapar de esta condición. Según Ian Person, incluso se podrán crear réplicas de uno mismo para tener sexo con uno mismo. Suena impensable, pero no es solo eso. La realidad virtual abre de nuevo las posibilidades y es que con ella será posible incluso sentir besos, caricias y olores en la distancia. También tener fantasías sexuales más allá del cuerpo y a través de la pantalla.

¿Cómo? Gracias a sensores conectados a pantallas táctiles que envían mensajes al cerebro. Y de pronto algo se activa y uno podrá tener orgasmos a través de la estimulación electrónica. Aunque todavía se está investigando, es cierto que la finalidad de los expertos es conseguir que los dispositivos creados activen ciertas áreas del cerebro que, por lo general, se alteran durante la práctica del sexo. En esta estimulación electrónica, "tan solo hace falta un implante, muchos robots lo tienen, y cada vez que se presione un botón se generará un orgasmo de 15 a 17 segundos de duración”, explica el físico.

“Los robots y los modernos mecanismos tendrán acceso directo a las áreas erógenas del cerebro. Algo imposible, incluso para el amante más experto", explica Ian Person.

Las nuevas tecnologías están cambiando los hábitos sexuales de los hombres

En 'Her', la película dirigida por Spike Jonze y ganadora del Óscar al mejor guión original en 2014, su protagonista, Theodore Twombly, no solo mantiene sexo con un aparato. Tras ese software perfectamente creado se esconde la sensibilidad de una mujer, Samantha, con la que pasea por el campo, comparte cenas y escucha música. Detrás de la voz, miles de mecanismos la convierten en su pareja ideal. Solo hay una barrera y es la del contacto físico. Sin embargo, en la actualidad, la inteligencia artificial y la realidad virtual ya han entrado en la vida íntima de los seres humanos, complementando las necesidades sexuales tecnológicas. Así lo confirma la empresa líder mundial en salud sexual masculina, Boston Medical Group, para quien las nuevas tecnologías están cambiando los hábitos sexuales de los hombres.

 

Pero, ¿son todo beneficios en el sextech?

En los últimos 15 años ha surgido una tendencia que ha coincidido con la eclosión de la pornografía en la web y que puede agravarse con el desarrollo de la IA y la realidad virtual. Cada vez más menores de 30 años que no padecen diabetes ni enfermedades cardiológicas están llevando a cabo tratamientos contra la disfunción eréctil por su adicción al porno. A diferencia del analógico, el material en internet es más persuasivo porque presenta elementos innovadores, provocando mayor estimulación sexual y, por tanto, más dependencia a sus contenidos. 

Según, Boston Medical Group, los hombres que hacen uso de las tecnologías se acostumbran a unos niveles de excitación sexual muy altos, que en ocasiones les es difícil alcanzar en sus relaciones de pareja habituales, con lo que afecta a su vida sexual y las relaciones íntimas. Es lo que se conoce como desensibilización. En definitiva, hay una desconexión cerebro-genital y aparecen los problemas de erección. Por este mismo motivo, además, pueden presentarse trastornos de eyaculación precoz y deseo sexual hipoactivo.

Pero, aunque esta adición puede afectar a cualquier generación, son los jóvenes a los que más les cuesta la recuperación después del tratamiento. En palabras del experto sexual Gary Wilson, autor de ‘Your Brain on Porn’, mientras que un hombre que ha superado la cuarentena tarda entre 8 y 12 semanas en volver a tener erecciones con normalidad, en el caso de los más jóvenes suele ser entre 6 y 12 meses, llegando a algunos casos hasta los tres años.

“Es un problema cada vez más evidente entre la población, especialmente juvenil, porque el consumo es elevado. Hay que abordarlo principalmente desde un aspecto psicológico, si bien se pueden utilizar técnicas para interrumpir esta costumbre adictiva”, indica el doctor José Benítez