El shinrin-yoku o baño o terapia de bosques empezó a practicarse a principios de los años ochenta impulsado por la Agencia Forestal de Japón para poner en valor los grandes bosques que ocupan más del 60 % de la superficie de un país en el que, paradójicamente, la población es inminentemente urbana. Esta inusual terapia consiste es dar un paso 'consciente' por el bosque, de unas dos horas aproximadamente, observando detenidamente lo que nos rodea y sobre todo el eco que la luz, los sonidos o los olores del bosque tienen en nosotros.

Se trata así de una forma de reconectarse con la naturaleza, de sentirse parte de ella ?al menos durante las dos horas del paseo- algo que, según diversos estudios llevados a cabo en Japón, influye de forma beneficiosa en el estado de ánimo y en la salud. Una sesión de shinrin-yoku ayuda a aliviar el estrés, a calmar la ansiedad y aumenta la sensación de bienestar general. De hecho, se ha demostrado que esos relajantes paseos por el bosque, que van acompañados de ejercicios de respiración y en el que es básico estar anclados en el instante, centrándonos en lo que vemos y en nuestras sensaciones, inciden positivamente en la salud: reducen la presión arterial, los niveles de cortisol y resultan vigorizantes.

Los asiduos a shinrin-yoku afirman, además, que no sólo ayuda a olvidar el ajetreo diario durante las dos horas del paseo sino que las buenas sensaciones perduran durante días dejando una agradable sensación de bienestar. Y si en Japón en shinrin-yoku hace tiempo que es un éxito, la terapia de bosques ha empezado ya a atravesar fronteras y a impartirse en diferentes países de forma organizada. Pero para disfrutar de ella puede bastar simplemente darnos el tiempo para dar un largo paseo en la naturaleza disfrutando de cada detalle de lo que nos rodea, sintiéndonos conectados con la fuerza y la armonía de la naturaleza. Aunque luego tengamos que volver al duro asfalto.