Abrazar y soltar, en eso puede resumirse gran parte de la vida. Abrazar lo que queremos y soltar lo que no queremos. Abrazar lo que no queremos, cuando no hay otra opción, y soltar lo que queremos cuando el adiós es irremediable.

Todos sabemos abrazar. Basta con que echemos la vista atrás y comprobemos la cantidad de relaciones por las que hemos apostado, las ofertas de trabajo a las que dijimos sí, las cosas que compramos, las películas que vimos, las formaciones que cursamos, etc. Todas esas veces que dijimos sí a algo lo estábamos abrazando.

Pero ¿y soltar? ¿Cuántas veces has soltado? ¿Cuántas relaciones has terminado? ¿Cuántas cosas que tenías has donado, regalado o dejado marchar de algún otro modo? ¿Cuántas veces decides pasar página en lugar de enredarte en tus pensamientos?

 

¿Eres consciente del momento en el que debes soltar?

Como siempre digo, el primer paso para todo en la vida es ser consciente de lo que está ocurriendo y darte cuenta de que debes dar ese primer paso. Cada persona lo nota de una manera distinta y en un momento distinto del proceso, pero creo que si hay algo común a todos es que se empieza a tener una especie de sensación de carga.

Carga, peso, saturación, molestia, incomodidad. No sé qué palabra empleas tú para describir la sensación de ya no puedo más o hasta aquí hemos llegado, pero es algo así. Y cuando esa sensación llega, es buen momento para empezar a trabajar el soltar.

 

¿Cómo soltar?

Creo que todos los otoños escribo sobre este tema, resulta que es la época que más nos invita a deshacernos de todo lo que ya no nos resulta útil y, cómo no, esta invitación me inspira a hablar sobre ello.

Bien, soltemos.

Supongamos que ya te has dado cuenta de que la presencia de algo te está incomodando. Ese algo puede ser: cosas (ropa, utensilios de cocina, libros, maquillajes, esquís, recuerdos…), personas (la pareja, amigos, compañeros, familiares…) o pensamientos (preocupaciones, culpa, dudas…).

Soltar eso que te molesta va a requerir mucha valentía. Seguramente ya tienes cierta costumbre de tener eso ahí molestándote, y una parte de ti siente que se puede ahorrar el mal trago de despedirse. Eso que te supone una carga está dentro de tu zona de confort y deshacerte de ello te va a suponer salir de ese círculo.

Como salir de la zona de confort siempre supone un esfuerzo, te recomiendo comprobar hasta qué punto puedes llevar a cabo la tarea y a partir de qué punto te vendría bien tener un apoyo profesional. Quizás no ves eso de contratar a un coach para tomar la decisión de deshacerte de unos zapatos, pero sí te encaja más cuando se trata de un compañero de trabajo o un matrimonio.

Además de valentía, necesitarás comprensión. Comprensión para ti, para entenderte y apoyarte en tu necesidad de soltar –sin culpas-. Y comprensión para la otra persona o personas a las que quieres decir adiós.

¿Para qué quieres comprensión? Porque en esto de soltar no basta con decir adiós y guardar el rencor durante años. Si es necesario perdonar, habrá que hacerlo y comprender es una parte muy importante de este proceso.

Cabe decir que ese adiós y ese perdón ni siquiera tienen que ser expresados. Si no quieres, puedes hacer el ejercicio en tu interior y soltar la relación, simplemente, dejándola en el olvido. Eres tú quien debe valorar en cada situación qué es mejor para las dos partes y cómo logras más tranquilidad.

Por otro lado, conviene que tengas siempre en mente el autocuidado. Cuando se trata de soltar, la culpa suele aparecer de un modo u otro. Es que esto es el recuerdo de mi boda –no puede ser que no me importe mi boda-. Es que en esto me gasté mucho dinero. Es que esto casi no lo he utilizado. Es que esto está nuevo. Es que es mi amiga de toda la vida. Es que llevamos 20 años casados. Etcétera.

Sí, todo eso es verdad; pero también es verdad que su presencia te está incomodando. Ya no sabes qué hacer con el recuerdito de la boda. Ya no conectas con tu amiga. Quizás hace años que piensas en divorciarte. Gastaste mucho dinero, sí, pero ya no te resulta útil. Y bueno, ni que decir tiene que, si no lo has utilizado, no lo utilizarás, así que puedes regalarlo.

 

¿Y qué más hay tener en cuenta?

Pues que no es lo mismo soltar cosas que personas, por ejemplo. Que necesitamos muy pocas cosas en la vida y, sin embargo, nos hace mucho bien tener muchas relaciones de calidad.

A veces lanzo el mensaje de soltar y me quedo con la sensación de estar tocando un tema demasiado complejo en unas pocas líneas que resultan del todo insuficientes. Creo que se sobre entiende que no es lo mismo hacer el ejercicio de soltar un par de zapatos que una relación, pero quiero hacer hincapié en esto para no pecar de reduccionista.

También podemos tener en cuenta las implicaciones emocionales que tiene soltar.

Si te propones soltar un amplio abanico de cosas, te darás cuenta que no todas te cuestan tanto y que hay algunas de ellas que realmente te niegas a alejar. Observa bien esto, normalmente con algo de ejercicio mental podemos soltar tranquilamente las cosas (cosas, no personas), así que si hay algo que te remueve… déjalo contigo, a lo mejor todavía no estás preparada para ello.

¡Y por último! Agradece. Agradece siempre a esas cosas, esas personas o esos pensamientos, la función que han tenido en tu vida. Es muy importante para ti y tu tranquilidad –libre de culpas- que agradezcas esto y te des permiso para soltar.

La experiencia de soltar a veces puede ser dolorosa y la gratitud le resta intensidad a ese dolor.