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Bolsas de tela: el 'greenwashing' se convierte en un problema climático

Las bolsas de tela reutilizables nacieron como una alternativa sostenible a las de plástico, pero ya son un problema

Cada bolsa de algodón debe usarse 20.000 veces o, lo que es lo mismo, cada día durante 54 años, para compensar el impacto de su producción

Bolsas de tela: el 'greenwashing' se convierte en un problema climático
Bolsas de tela: el 'greenwashing' se convierte en un problema climático
Natalia Garriga

Periodista

Las tote bags o bolsas de tela se multiplican en cada hogar. Igual que antes se tenía una bolsa llena de otras bolsas de plástico para ir utilizando, hoy en día se ha sustituido por algún cajón o perchero lleno de tote bags de distintos tipos.

Para ir a hacer la compra, para ir a la playa y la piscina o incluso como bolso, cada vez las vemos más. Y es que, como indica Juan Carlos Gázquez-Abad, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, "son una forma 'barata' de percibir que uno está contribuyendo a utilizar menos plástico, y que, por tanto, está comprometido con el cuidado del medioambiente y de la sostenibilidad".

De hecho, según el informe Connecting with eco-conscious consumers, en España el 63% de los consumidores utilizan bolsas reutilizables para ir a la compra, un 13% utilizan bolsas de papel y un 15%, de plástico. Pero, ¿son tan beneficiosas para el planeta como creíamos?

Tote bags, la alternativa ¿sostenible?

Neus Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, explica que "para el consumidor, la bolsa de tela es la opción más cómoda, por su durabilidad y resistencia, y porque se puede lavar. Sin embargo, el compromiso que se adopta con el planeta no es como se piensa".

Las bolsas de tela reutilizables no son tan sostenibles como parecen
 

En el proceso de producción, aunque parezca extraño, las bolsas de plástico son las que menor impacto medioambiental generan. Sin embargo, después de los pocos usos que les damos, no las reciclamos correctamente, y acaban siendo uno de los objetos más contaminantes y con más impacto ambiental.

En cambio, con las bolsas de tela pasa al contrario. La mayoría de ellas están hechas de algodón, considerado por la Environmental Justice Foundation como “el cultivo más sucio” por el gasto de energía, de agua, de pesticidas y el impacto negativo en los trabajadores, las aguas subterráneas y la calidad del aire alrededor de las granjas.

Pero el problema no acaba aquí. Según un estudio del Ministerio de Medioambiente y Alimentación de Dinamarca, cada bolsa de algodón orgánico debería usarse 20.000 veces (cada día durante 54 años) para compensar el impacto general de su producción. Si a eso le sumamos que se estima que en cada casa hay entre 5 y 10 de ellas, las cuentas no son muy positivas. 

Además, su final tampoco es mucho mejor. Solo el 15% de las 30 millones de toneladas de algodón que se producen cada año llega realmente a los depósitos textiles. "El problema es que mucha gente no es consciente de lo que implica la gestión residual de este material. Pocos trasladan estas bolsas a depósitos textiles para su tratamiento y, en muchas ocasiones, cuando estos productos llegan, según las tintas que se hayan utilizado en las bolsas, por ejemplo por un logo corporativo, es muy difícil poder tratarlas", explica Cristian Castillo, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC.

En esta línea, Soler añade que "la parte impresa de las prendas no puede reciclarse. Las impresiones en PVC no pueden descomponerse, por lo que para poder reciclar la prenda primero hay que recortar (y desperdiciar) la parte que esté impresa. Esto dificulta enormemente el proceso e impide un reciclaje completo. 

Las bolsas de algodón generan mucho impacto ambiental en su producción
 

Greenwashing, clave en la estrategia empresarial

Hoy en día, muchas de estas bolsas de tela que vemos corresponden a marcas, instituciones o empresas, que las usan como imagen de "marca verde", ya sea como publicidad o packaging. "Las empresas han visto en este tipo de bolsas un elemento sencillo y barato para 'sumarse' al carro de la sostenibilidad", añade Gázquez-Abad.

La estrategia de marketing que hay detrás es mucho más eficiente: por un lado, se proyecta una imagen de marca sostenible y concienciada que toma partido para ayudar al planeta y, por el otro, tiene más recorrido para la empresa, ya que el consumidor estará llevando esa bolsa más veces y, por tanto, se publicita gratuitamente la marca.

Esto es una forma más de greenwashing o lavado de imagen verde, un conjunto de estrategias empresariales que aprovechan la sensibilidad de la población a cuestiones medioambientales para conseguir mejorar su reputación. "La necesidad de las empresas de ser sostenibles es real, pero este fenómeno responde a otra necesidadla de parecer sostenible incluso no siéndolo", explica Ferran Lalueza, profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC.

Sobre el autor
Natalia Garriga

Periodista especializada en mindfulness, espiritualidad y salud mental. 

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