Cómo poner freno al desperdicio alimentario

Toneladas de residuos se acumulan en los vertederos a causa del desperdicio alimentario. Un hecho que influye en el calentamiento de nuestro planeta y que podemos evitar alargando al máximo los productos de comida. ¡Te contamos cómo hacerlo!

Cómo poner freno al desperdicio alimentario (2)
Cómo poner freno al desperdicio alimentario (2)
Sara Roqueta

Sara Roqueta

Periodista

Por lo general, hemos crecido sabiendo que los productos se usan y luego se tiran. Un sistema que hasta ahora venía propiciando el consumo acelerado y la explotación de materias. Sin embargo, todo ciclo tiene un punto de inflexión y actualmente, más que nunca, empezamos a escuchar voces que apuestan por alargar la vida útil de las materias al máximo y salir del bucle del consumir para tirar.

Sobre todo en el ámbito de la alimentación, un sector en el que el despilfarro se traduce en kilos y kilos de comida, los cuales, en la mayoría de los casos, acaban en contenedores. Lo de reutilizar es un compromiso al que debemos ajustarnos con urgencia si tenemos en cuenta que cada ciudadano de España genera ya 443 kilos de residuos per cápita, un 9% menos que en Europa, pero con un 53% mayor presencia de residuos en los vertederos respecto a Europa, según ha desvelado un estudio del EAE Business School, titulado 'El problema del desperdicio de comida. Un análisis crítico'.

Pero ¿por qué tanta urgencia? Lo cierto es que el desperdicio de comida tiene un coste muy elevado en nuestro planeta. Según la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los residuos de comida generados en el mundo producen más de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero del planeta. 

Este es tan solo uno de los índices que nos demuestran que debemos minimizar el despilfarro de comida cuanto antes. Algo a lo que muchas personas ya intentan poner solución, en muchos campos de nuestro día a día, bajo lo que llamamos como economía circular. Seguro que las has oído, son las 7 R: rediseñar, reducir, reutilizar, reparar, renovar, recuperar, reciclar. Unas palabras que pueden cambiar el mundo o, al menos, hacerlo más sostenible y a lo que muchas personas ya se han sumado donando ropa o reutilizando artículos para nuevos usos. 

También en la alimentación podemos aplicar esta perspectiva. ¿Por dónde empezar? Primero debemos de ser conscientes del sistema en el que nos movemos. Ahora la pregunta se traslada a ti: ¿Dónde compras comida? ¿En qué cantidades? ¿Cuánta comida tiras? Estas son, por ahora, algunas de las claves para que el valor de los productos se mantenga en la economía el mayor tiempo posible:

  • La implementación de políticas comerciales para que las empresas reduzcan los precios cuando los productos estén cerca de su fecha de caducidad.
  • También pueden ser efectivas las políticas solidarias de donación a organizaciones benéficas o bancos de alimentos con tal de no tirar comida. Incluso poner en marcha donaciones de uso personal para los empleados de los supermercados.
  • Otro paso esencial para evitar el desecho de alimentos es la concienciación de un consumo racional y adecuado, sin excesos, en el interior de los hogares.
  • Para reducir el impacto medioambiental es importante que no olvidemos reciclar los envases. Otra opción es aumentar la oferta de productos vendidos a granel, es decir, vender productos sin empaquetar ni envasar.
  • Por último, una gestión adecuada de residuos orgánicos podría permitir recuperar el valor añadido de las cantidades restantes de desechos alimentarios.

Los grandes despilfarradores de comida

Según el informe del EAE Business School, Los comercios tradicionales generan hasta un 60% menos de residuos que los supermercados. Unos datos que nos confirmar que comprar local y comprar Kilómetro 0 es más sostenible. A diferencia de los pequeños comercios, "un supermercado, con independencia de su tamaño, genera una gran cantidad de residuos, tanto por su tipo de actividad como por la variedad de inventario que mantienen, y la necesidad de evitar el coste de imagen que producen los productos agotados", explican los expertos.

Y, aunque el impacto sea mayor en los grandes supermercados, también a pequeña escala hay desperdicio alimentario. El problema, básicamente, reside en que en los países desarrollados, la mayor parte de la comida se pierde en la última fase de la cadena de suministro. Es decir cuando no hay una conexión entre mercado y consumidor final. El resultado es kilos de comida en la basura.

De hecho, entre los productos más desechados suelen aparecer las frutas (el 30,8 %), las verduras y hortalizas (13,5 %) y los lácteos (12,6 %). Por otro lado, también hay dos tipos de alimentos que suelen terminar en la basura: los que no cumplen con los estándares de venta (zanahoria deforme, manzana muy pequeña…) y productos enlatados, cereales, lácteos y perecederos que al alcanzar su fecha de caducidad deben ser desechados.

Restaurantes y desperdicios

Es una realidad que hay comida que acaba en la basura a pesar de estar en buen estado. Uno de los sectores en los que más ocurre es en el servicios y, en concreto, en los restaurantes. En ellos, la mayor parte de los residuos que se generan vienen de la comida no almacenada y no utilizada. Suelen ser ingredientes que sobran y que en lugar de reutilizarse o ser donados acaban en los contenedores. 

Pero algo diferente ocurre con los platos que muchos clientes no se terminan. En este sentido cada vez es más frecuente escuchar eso del take away, es decir, una manera de llevarte a casa lo que no has podido comer en lugar de tirarlo. Por el lado de los restaurantes, el 69% de los entrevistados para el estudio reconoce utilizar las sobras para el desayuno, para la comida o cena de los empleados.

Otras soluciones también mencionadas para evitar el desperdicio alimentario son; llevar las sobras de comida a una residencia de ancianos, preparar pequeños aperitivos/tapas para los clientes a la hora de pedirse una caña o vino y nuevas recetas con la comida sobrante (como podría ser el salmorejo con el pan del día anterior).

Donar comida

Un compromiso global

Reducir los residuos es ya un problema global que nos afecta a todos. Por ejemplo, en España solo se recuperan 60 kilos per cápita con la incineración con recuperación energética, mientras que la media europea es del 133, un 54 % más. No solo se trata de reducir la cantidad de residuos que producimos, sino de mejorar también la gestión de las administraciones para asegurar un mayor reciclaje.

Y, por nuestro lado, podemos aportar nuestro granito de arena utilizando nuestra propia comida antes de que se ponga el mal estado, comprando con cabeza solo lo que vayamos a comer o transformando algunos productos en jugos, purés, mermeladas, sopas. Una manera de apostar por un consumo más responsable, en el que tiremos la menor cantidad de comida posible.

De esta manera contribuiremos a fomentar una economía circular y a reducir los gases de efecto invernadero que cada día calientan más y más a nuestro Planeta. Algo tendremos que hacer si no queremos que el colapso medioambiental nos pille entre residuos.

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