'Cronociudad': cómo vivir con todo a menos de quince minutos

¿Es posible tener el médico, el trabajo y el supermercado a menos de quince minutos de casa viviendo en una gran ciudad? Sí, y se le conoce como 'cronociudad' o ciudad próxima, una manera sostenible y sana de diseñar el espacio urbano para evitar largos desplazamientos, que ya triunfa en numerosos países.

Cronociudad
Cronociudad
Sara Roqueta

Sara Roqueta

Periodista

Una ciudad en la que todo, absolutamente todo, está a veinte, quince e incluso un minuto de distancia de tu casa. Una ciudad sana repleta de zonas verdes, con amplias avenidas para caminar y en la que apenas hay tráfico. La gente camina o pasea en bicicleta. Aunque lo parezca, no se trata de ningún sueño. Estos nuevos modelos de ciudad, ya instaurados en zonas de París, Barcelona o Suecia, pretenden que la ciudadanía lo tenga todo “a pedir de mano”. Es decir, que los servicios y las necesidades estén cubiertas en un radio temporal y espacial de pocos minutos, similar a la calidad de vida que suelen proporcionar las poblaciones más pequeñas. ¿Imaginas tener el trabajo, el supermercado y la escuela a menos de cinco minutos?

Podríamos llamarle de muchas maneras; cronociudad, ciudad próxima o ciudad en un cuarto de hora, pero lo cierto es que todas ellas vienen a decirnos lo mismo:

La vida urbana debe ser más fácil, más próxima y más sostenible. De lo contrario, ¿qué futuro nos espera?

A día de hoy, la temida crisis ecológica ya está teniendo efectos en nuestra cotidianidad. La temperatura aumenta, los casquetes polares se deshielan… Mientras, las ciudades continúan alimentado el urbanismo del progresismo, la construcción y la zonificación. Pero ¿construir para qué y para quién?

Según el concepto urbanístico cronociudad, los espacios deberían estar enfocados para la vida cotidiana. Una construcción que pasa de lleno por la escala humana. Tenerlo todo a unos quince minutos, además de facilitar la convivencia en los barrios, nos ayudaría a evitar desplazamientos largos, ruidos y contaminación atmosférica.

¿En qué ciudades vivimos?

La idea de ciudad saludable y sostenible no es nueva, ya hace tiempo que resuena en numerosos contextos. Sin embargo, tras la pandemia muchas personas empiezan a preguntarse: ¿En qué casas y ciudades vivimos? ¿En cuáles querríamos vivir? Todo apunta a que el efecto de parar, bajar el ritmo de vida y desplazarnos lo menos posible ya ha tenido sus consecuencias en nuestra concepción del espacio.

El confinamiento ha puesto sobre la mesa la necesidad de diseñar ciudades y viviendas que ayuden a las personas a mejorar su calidad de vida.

“No nos fijábamos en los balcones, la orientación del edificio, la ventilación… No apreciábamos estas características y ahora aparece esta preocupación por los espacios en los cuales nos hemos confinado", explica el profesor colaborador del máster universitario de Ciudad y Urbanismo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y de la UPC, Miguel Mayorga, que también destaca lo que pasó en los primeros paseos y salidas que hicimos ante la imposibilidad de salir de las ciudades: fue un "redescubrimiento de nuestros entornos próximos".

ciudad sana

Por ejemplo, pongamos que en uno de esos paseos matutinos durante el confinamiento descubriste una panadería. Al día siguiente, una verdulería dos calles más adelante y, para rematar, una librería en la que siempre encuentras las mejores novedades editoriales. Todo ello sin salir de tu perímetro. Pues sí, sin darnos cuenta ya estábamos asistiendo al concepto de ciudad sostenible.

Desde entonces las calles han adquirido un nuevo matiz y el comercio de proximidad se sitúa como una de las grandes alternativas. Ir de tienda en tienda nunca había sido tan estimulante. Lo de “la tienda de la esquina” vuelve a escucharse como una opción de verdad, una alternativa que nos recuerda lo importante que es tejer una vida de barrio para nuestro equilibrio y bienestar.

La idea de ciudad próxima

Pero como decíamos, con la pandemia no se ha inventando nada nuevo, simplemente se ha hecho evidente la necesidad de buscar alternativas al modelo social de vida que existe en las ciudades. Reducir las distancias que deben cubrir sus habitantes cada día es una apuesta que ya han implementado algunos países de todo el mundo.

En París cuentan con la propuesta de ciudad de los 15 minutos o la Ville Du 1/4 D'Heure. La idea es poder ofrecerle todo al ciudadano en ese margen de tiempo; desde la escuela hasta el trabajo, el mercado, el centro de salud y otras actividades básicas de la vida cotidiana. También está el caso de Melbourne y Portland, donde se basan en un modelo de 20 minutos dentro del radio de acción de la cronociudad.

Suecia todavía se acerca más al domicilio de las personas y hablan de las ciudades de un minuto.

Barcelona no se queda corta y ya ha impulsado las llamadas Superillas o Supermanzas que recuperan para la ciudadanía una parte del espacio que utilizaban los vehículos privados. ¿El objetivo? Un espacio público saludable, más verde, más justo y seguro que favorece las relaciones sociales y la economía de proximidad.

Milán o Nantes son otros ejemplos de iniciativas similares y en Suecia todavía se acercan más al domicilio de las personas y hablan de las ciudades de un minuto. Uno de los proyectos implica a los vecinos en el diseño del espacio que hay delante de los portales de casa suya, para colocar aparcamientos de bicicletas o patinetes eléctricos, bancos o una zona verde y así mejorar el entorno más inmediato en la salida de su vivienda.

ciudades

Adaptar las ciudades

Igual que hay espacios que curan, también hay otros que nos enferman. Actualmente, más de 100 millones de personas están expuestas cada día en Europa a niveles de ruido que afectan a su salud, un factor de estrés ambiental que ya no se puede pasar por alto.

 "Sabemos que tenemos fiebre cuando tenemos de 38 grados hacia arriba, pero no sabemos que un ruido a partir de 65 decibelios no hace ningún bien a una persona", ejemplifica Miguel Mayorga.

Como contrapartida, las ciudades sostenibles y próximas pretenden mejorar las condiciones físicas para que podamos vivir mejor. Hasta ahora, el urbanismo ha colocado la industria y el trabajo en un lugar, los equipamientos en otro, y la vivienda o los estudios en otro, y son los ciudadanos los que se desplazan.

En vez de movernos nosotros, ¿por qué no acercamos las actividades a las personas?

La idea de la cronociudad no es otra que la de ganar tiempo para disfrutar, para conciliar vida laboral y familiar y para descansar. No dedicarnos únicamente a ir y venir por la ciudad, sino que todo quede en un radio de menos de quince minutos.

La ciudad que cuida y que cura

Existe un término, muy similar al de ciudad sana, conocido como 'Care City' o ciudad que cura. Un espacio de oportunidad para mejorar la vida urbana y centrar la mirada en la ciudad. Porque, aunque sabemos que el confinamiento ha provocado una nueva idea de fuga hacia la vida en el campo, la realidad es que las ciudades son parte del “el problema, pero también la solución”. Si todos huyésemos a las zonas rurales exportando allí un modelo de vida similar al de las grandes urbes nada de esto tendría sentido.

Por ello, es importante cambiar el concepto de ciudad que a día de hoy impera. Según los expertos, la alternativa pasa por que las viviendas sean mejores, donde a la puerta de casa "en vez de coches haya muchas opciones públicas para moverse " y que el traslado a cualquier otro punto sea a una "distancia caminable"; es en este punto donde entra la idea de la ciudad a apenas unos minutos de distancia.

La calidad de vida humana y urbana se mesura también en tiempo, defiende Mayorga

El transporte público, los dispositivos personales y andar serán la revolución del futuro. Pero peatonalizar una calle no es lo mismo que tener una ciudad caminable. El error más común es convertir una zona de peatones en otra comercial. "En este sentido no lo estaríamos haciendo bien. El mejor es garantizar una caminabilidad distribuida, porque nos beneficiamos todos", comenta Mayorga.

A fin de cuentas, ya hemos visto que sobreexplotar los territorios no es la mejor opción. Tampoco las ciudades, ni las personas, aguantarán por mucho tiempo un nivel de vida basado en la producción. La Covid-19 nos ha enseñado a parar y a tomar aire. Ahora solo queda consolidar un urbanismo dinámico, que entienda los cambios, los regule y que se adapte a las personas, en lugar de ser al revés. Solo así, será más fácil disfrutar de las ciudades de una manera sana y no atropellada. Ya sabemos que las prisas no son buenas compañeras, mucho menos en la ciudad. 

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