Invernaderos solares: la alternativa ecológica para el cultivo de productos hortofrutícolas

El cuidado del medioambiente también hace referencia a cómo se cultivan los productos que después ingeriremos. Por eso, existen ya métodos de cultivo ecológico que, como los invernaderos solares, reducen el calentamiento global.

Invernaderos solares la alternativa ecológica para el cultivo de productos hortofrutícolas
Invernaderos solares la alternativa ecológica para el cultivo de productos hortofrutícolas
Sara Roqueta

Sara Roqueta

Periodista

Los riesgos que plantea el calentamiento global son cada vez más llamativos, más reales, más mediáticos. Al mismo tiempo, el fenómeno Greta Thunberg se expande a gran velocidad. Es decir, que somos más conscientes de la importancia de cuidar del medioambiente y, por otro lado, cada vez surgen más mecanismos para reducir la huella de carbono. Un hecho que, aunque no lo creas, también afecta al sector agrícola.

Porque cultivar es generar, es producir, es gasto de agua, de luz y de maquinaria. Algo que ocurre desde hace décadas. Pero la agricultura también puede ser un medio que, aprovechando la fuerza de las energías renovables, nos ayude a contrarrestar el calentamiento global. Un ejemplo de esto son los invernaderos solares, una alternativa ecológica para cultivar productos hortofrutícolas y reducir las emisiones de gases contaminantes.

Pongamos un caso concreto: los invernaderos del sur de Europa, un modelo agrícola que destaca por ser el más eficiente e innovador del mundo. Pero ¿por qué? Lo cierto es que este tipo de invernaderos contribuyen a frenar el calentamiento global del planeta y, además, proveen de alimentos saludables a una población de 500 millones de personas, según presenta en un informe publicado por el programa CuteSolar.

Te preguntarás que cómo lo hacen y cómo es posible. La respuesta está en el sol y en sus estructuras de color blanco. Estas permiten que la temperatura media de la zona de cultivo en invernaderos solares disminuya. En los de Almería y Granada se ha reducido 0,3º C por década, lo que significa que en los últimos 30 años, se ha logrado bajar la temperatura en casi un grado. Mientras, en el resto del mundo, la tendencia es completamente opuesta. Por ejemplo, en el conjunto de España se ha registrado un incremento de la temperatura media en 0,5 ºC por década. Las temperaturas continúan subiendo más y más a consecuencia de las emisiones y el desgaste del medio ambiente.

¿Quieres saber más sobre el funcionamiento de estas cubiertas blancas que reducen la temperatura y permiten un cultivo más sostenible? Para que te hagas una idea se su alcance, las cubiertas de color blanco que resguardan las frutas y verduras son una de las pocas estructuras construidas por el ser humano que puede verse desde el espacio.

Invernaderos solares desde el cielo

Invernaderos solares desde el espacio.

Fuente: EcoInventos

Pero, ahora bien, lo más interesante más allá de este dato anecdótico y muy visual, es que estas superficies blanquecinas ayudan a mitigar la radiación solar gracias a lo que se conoce como efecto albedo. ¿El efecto qué? Sí, el efecto albedo. Quizá ya lo conoces. Para los que no, el efecto albedo es el reflejo de la radiación solar sobre la superficie terrestre; algo que también ocurre con la nieve o el hielo, según un estudio realizado por el profesor de la Universidad de Almería, Pablo Campra.

Los invernaderos solares ubicados en Almería y la costa de Granada son capaces de absorber el CO2 que emiten 280.000 coches al día.

Lo del pulmón verde no es ya ningún mito, funciona y en grandes hectáreas. Con las 35.000 hectáreas de cultivos hortofrutícolas localizadas en Almería y la costa de Granada se mitiga el incremento de dióxido de carbono atmosférico. Una vez más, ¿dónde está el mecanismo? La respuesta la tienen las plantas al actuar como sumideros de carbono cuando se encuentran agrupadas en grandes superficies. En su conjunto, esta zona del sur de España es capaz de absorber el CO2 que emiten 280.000 coches al día.

Alimentación ecológica 

Cada vez son más los consumidores que apuestan por productos de calidad, aquellos que utilizan técnicas de producción que respetan los derechos humanos de las personas y el cuidado del medioambiente. Una expansión hacia lo orgánico en la que muchos se preguntan sobre los mitos y verdades de la agricultura ecológica. Lo que sí es seguro es que este tipo de cultivo evita los productos químicos y dañinos, por lo que respeta el medioambiente y produce frutas y hortalizas 100% naturales.

Además, en el caso de los invernaderos solares, los productos crecen libres de consumo energético. Básicamente porque, el 96% de la energía consumida en los invernaderos solares procede del sol. Nada de sistemas de calefacción o iluminación artificial. De hecho, el consumo energético en los invernaderos solares del sur de Europa es hasta 30 veces inferior al de los invernaderos de otras regiones.

Incorporar las frutas y verduras a la dieta diaria ya no solo ayuda a mantener una alimentación saludable, sino que evita padecer algunas enfermedades no transmisibles, como las cardiopatías y determinados tipos de cáncer. Además, atención, porque diversos estudios ya apuntan a que determinados cambios en la dieta de una persona pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, así como otros impactos sobre el medio ambiente hasta un 50%.

El 96% de la energía consumida en los invernaderos solares procede del sol.

Parece que el cambio hacia un consumo responsable y ecológico está hoy más en la mesa que nunca. Decisiones individuales que, sumadas a los cambios tecnológicos que permiten aprovechar los recursos naturales y reducir la producción de energía, han llegado para quedarse. Más allá de los invernaderos solares que hemos mencionado por su peculiar cubierta que permite mantener el calor dentro del espacio, existen otros que también aprovechan la luz natural. Es el caso de la ‘agrovoltaica’, una manera de producir energía solar al mismo tiempo que se fomentan las buenas prácticas agrícolas.

Este tipo de sistema, que consiste en cubrir los techos de los invernaderos agrícolas con enormes placas solares, se está convirtiendo en un método que va ganando adeptos al producir energía limpia, reducir los costes de producción y estar prácticamente autoabastecido. 

Eso sí, no podemos perder de vista algunas de sus desventajas. Ya que, aunque la agrovoltaica pretende combinar en un solo sistema la manera de obtener beneficios de la producción de energía solar y de aumentar el rendimiento de las plantaciones agrícolas, como todo, también tiene sus controversias. La primera, los costes de las placas solares. La segunda, la falta de recursos de los agricultores para invertir en este tipo de invernaderos.

Estos son tan solo algunos de los problemas que ponen en riesgo su implantación global; lo que demuestra que la agrovoltaica también requiere de ciertas ayudas y programas de fomento por parte de los gobiernos para que puedan ponerse en marcha con efectividad. Sobre todo, ahora que cada vez somos más conscientes de que la sostenibilidad y producción pueden darse la mano.

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