El SOS de la naturaleza que ya nadie puede ignorar

La naturaleza es un factor clave para alcanzar la felicidad: nos llena de energía, nos inspira y nos alimenta. Sin embargo, existe una evidencia innegable de que estamos destruyendo su biodiversidad a un ritmo sin precedentes en nuestra historia, sin respetar pocas zonas todavía vírgenes. ¿Cuáles son las consecuencias de su sobreexplotación?

El SOS de la naturaleza que ya nadie puede ignorar
El SOS de la naturaleza que ya nadie puede ignorar
Sara Roqueta

Sara Roqueta

Periodista

Podríamos decirlo de muchas maneras, incluso mirar hacia otro lado y cerrar los ojos, pero nada de esto serviría para frenar la destrucción sin precedentes hacia la que ya se dirige nuestra biodiversidad. El mundo, tal y como lo conocemos, podría cambiar estrepitosamente en las próximas décadas. De hecho, ya lo lleva haciendo desde la revolución industrial. Las actividades humanas de los últimos 50 años han ido degradando y destruyendo bosques, praderas, humedales y otros ecosistemas naturales. Lo vemos en los mares, la calidad del aire, la pérdida de biodiversidad… Cada año mueren miles de especies vegetales, otras, se sitúan ya al borde la extinción. Estas son tan solo algunas de las razones por las que debemos comenzar a proteger la biodiversidad. Un SOS lanzado por la naturaleza que ya nadie puede ignorar. 

Vivir en el entorno natural no es lo mismo que vivir a base de él. Durante siglos esta ha sido la mirada ejercida por los seres humanos sobre la Tierra. Un hecho que ha aumentado exponencialmente en las últimas décadas, pasando del aprovechamiento de los recursos a la sobreexplotación.

La explosión del comercio global, el consumo y el crecimiento de la población humana, junto a una poderosa expansión urbanística, ha llevado al mundo natural a sus límites.

A día de hoy, la forma en que producimos y consumimos alimentos y energía no favorece para nada el desarrollo y la protección del medioambiente. Al contrario, este modelo económico basado en la explotación masiva de los recursos está dejando huella en nuestro planeta. Solo tenemos que fijarnos en la serie de catástrofes recientes, como los incendios devastadores, las plagas de langostas y las pandemias como la Covid-19. Todo ello responde a un hecho común: nuestra relación rota con la naturaleza y el flagrante desprecio por el medio.

No es de extrañar que apenas queden zonas vírgenes en nuestro planeta. “El último mapa realizado revela que la mayoría de los lugares sin huella humana se concentran actualmente en apenas unos pocos países: Rusia, Canadá, Brasil y Australia”, según explica el Índice Planeta Vivo global 2020, elaborado por El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

El ser humano lo ocupa ya todo. La influencia humana en la pérdida de naturaleza es tan grande que numerosos científicos opinan que estamos entrando en una nueva época geológica: el Antropoceno. ¿Cuál será entonces la salud de nuestro planeta?

contaminación

La pérdida de la biodiversidad: un mundo en plena degradación

A lo largo de los años hemos presenciado cómo la naturaleza es esencial para la existencia humana y para una buena calidad de vida, ya que ofrece y conserva el aire, el agua y el suelo de los que dependemos. Además, la naturaleza es un factor clave para alcanzar la felicidad; nos llena de energía, nos inspira y nos ayuda a conectar con nuestros relojes internos.

La naturaleza regula el clima, asegura la polinización y el control de plagas y reduce el impacto de las catástrofes naturales.

Sin embargo, cada vez se necesita más alimento, energía y materia prima para más personas en más lugares del planeta. Una rueda que gira y gira con la consecuente sobreexplotación del mundo vegetal y animal. Como todo, también la naturaleza se resiente. El Índice Planeta Vivo muestra, por ejemplo, un desplome medio del 68% en las poblaciones analizadas de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces entre 1970 y 2016.

“Hasta un 75% de la superficie terrestre no cubierta de hielo ya ha sido significativamente alterada, la mayoría de los mares están muy contaminados y se ha perdido más del 85% de los humedales”, sentencia el informe. Es decir, que los cambios bruscos en nuestra manera de producción son más que notables en las últimas décadas. ¿Qué más influye en la degradación de la biodiversidad?

  • El factor más importante que ha provocado de forma directa una mayor pérdida de la biodiversidad en los sistemas terrestres en las últimas décadas ha sido los cambios en los usos del suelo, que han convertido hábitats autóctonos originales en tierras de cultivo. Un ejemplo claro son las grandes extensiones de monocultivo, como el de la soja, que dañan la tierra y el aire con el uso de pesticidas. Además, tras ellos se encuentras las grandes agroindustrias que elevan el precio de los suelos, expulsando incluso a poblaciones autóctonas que antes basaban su economía en dichos terrenos.
  • Una gran parte de los mares han sido sobreexplotados. La sobrepesca, la contaminación y el desarrollo urbanístico costero son algunas de las muchas presiones ambientales que están impactando sobre los océanos, desde las aguas someras a las grandes profundidades marinas.
  • A escala global, el cambio climático aún no está siendo el factor más importante de pérdida de biodiversidad, pero se prevé que en las próximas décadas alcance la misma importancia o aún mayor que otros factores.
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Riesgos del cambio climático sobre la biodiversidad

Por mucho que existan voces que traten de negarlo, es toda una realidad: el cambio climático hace unas cuantas décadas que afecta a nuestra Tierra.

Una de cada cinco especies está en peligro de extinción debido exclusivamente al cambio climático, a pesar de los significativos esfuerzos de mitigación.

Pero nuestro planeta no siempre estuvo afectado por el aumento de temperaturas. De hecho, hace solo 30 años, los impactos del cambio climático en las especies eran extremadamente raros, pero ahora ya son algo muy común. Las imágenes de osos polares muriendo a causa del deshielo en las zonas árticas han sido ya difundidas masivamente. Pero existen miles de casos en los que las presiones ambientales impactan también en otras especies, provocando desde estrés fisiológico directo hasta la pérdida de sus hábitats.

Por otro lado, los recientes impactos del cambio climático sobre los zorros voladores o los melomys de Cayo Bramble (Australia) nos muestran lo rápido que el cambio climático puede producir descensos poblacionales drásticos, y nos advierte sobre posibles daños nunca antes vistos en especies menos conspicuas. 

Ya no cabe duda que para una población sana también necesitamos un planeta sano. Frente a la fuerte pérdida de la biodiversidad vegetal y animal, la solución pasa ahora por educar en la naturaleza y diseñar políticas que aseguren un planeta saludable y resiliente, tanto para la población humana como para la propia naturaleza. Sobre todo, antes de que el SOS deje de ser un simple grito para convertirse en el resultado final de un planeta ya herido.

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