En ocasiones asociamos la pérdida de cabello a los hombres. Pero, aunque la alopecia androgénica es más habitual entre la población masculina, también se produce en las mujeres. Y, aunque no siempre se habla de ella con claridad, la alopecia androgénica femenina tiene su origen en trastornos hormonales que se traducen en un aumento de los niveles de andrógenos, que son hormonas masculinas. 

 

¿En qué consiste la alopecia androgénica?

Se trata del adelgazamiento, clareado, pérdida de vigor y grosor del cabello, especialmente en la zona superior de la cabeza. Muchas veces, otras áreas como la del flequillo permanecen intactas y se observan mechones fuertes justo encima de la frente, seguidos de descubiertos, según explica el dermatólogo, tricólogo y cirujano capilar, Dr. Sergio Vañó Galván. 

 

¿Cuáles son sus causas?

La alopecia androgénica femenina es de causa genética y multifactorial. Los andrógenos (hormonas masculinas) provocan un adelgazamiento progresivo de los fonículos capilares hasta convertirlos en un pelo velloso, fino y casi inapreciable. Este proceso también se conoce con el nombre de miniaturización folicular.

Si se empieza a manifestar antes de la menopausia se denomina precoz, y si se manifiesta tras la menopausia se denomina tardía. Si empieza a manifestarse antes de la menopausia, se hará más evidente tras la misma, por el efecto de la disminución de estrógenos característica de esta etapa. Es frecuente que existan antecedentes familiares directos afectados, aunque su ausencia no excluye que pueda aparecer este tipo de alopecia.

 

¿Que factores influyen en la aparición de la alopecia en las mujeres?

En la mujer, la alopecia puede estar asociada con enfermedades concomitantes, como déficits vitamínicos y de hierro, anorexia nerviosa o regímenes hipocalóricos, trastornos hormonales (como el síndrome de los ovarios poliquísticos, síndrome HAIRAN, hiperplasia suprarrenal congénita, tumores suprarrenales u ováricos). El estrés, el estilo de vida actual o una mala alimentación también influyen en una manifestación precoz de este problema.

 

Tipos de alopecia androgénica

La clínica característica de las mujeres con alopecia androgénica es la pérdida de densidad capilar (es decir, que “clarea” el cuero cabelludo). Las zonas más afectadas son la región frontal central y parietal, con un “ensanchamiento” progresivo de la raya media del cabello, conservando la línea de nacimiento capilar. Con el tiempo puede haber una pérdida difusa a lo largo de toda la región superior del cuero cabelludo.

Existen 3 grados de alopecia androgénica femenina según la escala de Ludwig y Olsen (1 el más leve y 3 el más avanzado) o 5 grados en la escala de Ebling para la alopecia androgénica femenina con patrón masculino. No todas las pacientes con alopecia androgénica llegarán al grado más avanzado de calvicie, aunque si no se instaura tratamiento lo habitual es que el curso de la alopecia androgénica sea lentamente progresivo.

 

¿Qué tratamientos pueden combatir la alopecia?

El objetivo del tratamiento de la alopecia androgénica es en primer lugar frenar el avance de la alopecia. A día de hoy no existe un tratamiento curativo frente a la alopecia androgénica, es decir, las terapias disponibles deben mantenerse a largo plazo para conseguir mantener los resultados y evitar en la medida de lo posible la progresión de la misma.

No es necesario mantener estos tratamientos durante toda la vida, pero cuanto más tiempo se utilicen, mejor será el resultado. Si se suspenden, la paciente notará progresivamente que se pierde parte de la mejoría obtenida a lo largo del tiempo. Se suelen realizar esquemas de tratamiento combinados y pautas flexibles para que el tratamiento sea sostenible y así la paciente pueda mantenerlo, beneficiándose del mismo durante mucho tiempo.

La estrategia habitualmente utilizada es realizar un tratamiento más intensivo al inicio del mismo (primeros 2 años), ya que el efecto de las terapias no comienza a apreciarse hasta los 6 meses, siendo máximo a los 12-18 meses. A partir de entonces, la frecuencia e intensidad de los tratamientos disminuye para hacerlos más cómodos y sostenibles a largo plazo. La multitud de opciones de tratamiento disponibles a día de hoy nos permite realizar cambios que se ajusten a las necesidades del paciente y de su alopecia en cada momento. La mejoría obtenida consistirá en un aumento de la densidad capilar y en el engrosamiento del cabello fino existente, en algunos casos muy significativa.