Ser madre o padre es un reto psicológico que requiere un aprendizaje sobre la naturaleza del ser humano para poder llevarlo a cabo satisfactoriamente. Pero se aprende a ser madre mientras se es madre y esto conlleva que inevitablemente se cometerán errores.

La maternidad supone, tal como está planteada en la sociedad actual, una amenaza para la vida laboral

El sentimiento de culpabilidad, que es muy habitual, no va a aportar nada bueno, al contrario, va a incrementar el estrés, el desánimo, la desvalorización personal, la irritabilidad…

Añadido a la complejidad de cuidar y educar a los hijos está que la conciliación de la vida familiar y laboral, en muchas ocasiones, es difícil. La maternidad supone, tal como está planteada en la sociedad actual, una amenaza para la vida laboral. Pero mientras la sociedad en su conjunto evoluciona, hay muchas cosas que las madres pueden aprender en el ámbito psicológico para resolver el llamado “síndrome de mala madre”.

 

Aprender a resolver la culpa de la “mala madre”

Hay varios errores psicológicos que se deben comprender para compaginar la maternidad con otros aspectos de la vida de forma satisfactoria y disfrutar de esta extraordinaria etapa. Estos errores tienen un componente racional y otro emocional, y no se resuelven “gestionándolos”, ni “controlándolos” ni “trabajándolos” … sino comprendiéndolos en profundidad, tanto racional como emocionalmente.

Uno de los errores más habituales es el sentimiento de culpa, que se compone de muchos pensamientos negativos sobre una misma, generando con ello angustia y malestar. Si queremos que una planta venenosa no brote no debemos regarla. Del mismo modo, si queremos acabar con la culpabilidad no debemos alimentarla. No se trata de cambiar la culpa por pensamientos positivos, sino de aprender a dejar los pensamientos culpabilizantes que nacen del miedo y centrarse en comprender los errores psicológicos que se están cometiendo.

La autoexigencia como medio de abordar los retos es otro error muy perjudicial, pues aumenta el estrés y la ineficacia en la maternidad. La autoexigencia, la autocensura e incluso el menosprecio hacia una misma son hábitos mentales muy extendidos que, como todo lo que produce sufrimiento, se basan en una idea errónea: creer que siendo exigente se va a mejorar. Esa idea es tan antigua como falsa y hay que corregirla comprendiendo que es un obstáculo y no una ayuda.

Si queremos que una planta venenosa no brote no debemos regarla. Del mismo modo, si queremos acabar con la culpabilidad no debemos alimentarla.

Se aprende comprendiendo, no castigándose.  La autoexigencia y la autocensura aumentan el miedo a cometer errores y dificultan la toma de decisiones y el aprendizaje. En su lugar, lo que hay que hacer es apoyarse, animarse a entender los errores y a encontrar soluciones inteligentes.

Otros errores psicológicos a comprender

Otros errores psicológicos a comprender

Tampoco se deben paralizar posibles cambios por temor. A veces sí que se pueden hacer algunos cambios para tener más tiempo que dedicar a los hijos, pero ponerlos en práctica puede despertar algunos miedos. Por ejemplo, reducir la jornada laboral de uno de los dos miembros de la pareja, solicitar una excedencia, delegar algunas obligaciones en otras personas, cambiar a un trabajo con mejor horario, pedir un cambio temporal de condiciones en el propio trabajo, dejar temporalmente otras actividades… El temor al futuro, a tener menos ingresos, a perder oportunidades laborales, a perder vida social… son temores que, si no se aprenden a resolver, pueden impedir que se tomen esas medidas factibles que mejorarían la calidad de vida, de los padres y de los hijos.

La competitividad con otras madres es otro error a tener en cuenta. Muchas veces se tienen elevadas expectativas respecto a la maternidad que son asumidas y autoimpuestas por comparación con otras personas, por competencia con las demás para ser la mejor, o al menos no ser la peor, por miedo a que te juzguen como “mala madre” … Esta competición surge del temor a sentirse menos valiosa, al menosprecio, a la crítica, temores que se deben aprender a resolver para no caer en la competitividad, centrase en lo que realmente es importante y hacer las cosas sin estrés, sin compararse.

Es habitual también que otras personas den consejos sobre cómo se debería educar a los hijos, en algunas ocasiones en tono crítico o sancionador, sin conocer las causas reales de los problemas. En ese caso hay que aprender a resolver el temor a la crítica o al conflicto y a ser asertivo para frenar los comentarios negativos recurrentes de forma adecuada, con amabilidad.

Otra fuente de malestar habitual es cuando surgen emociones negativas hacia los hijos. Las madres son seres humanos que no se han transmutado de repente por el hecho de ser madres. Siguen teniendo sus contradicciones y temores, sus reacciones negativas, sus miedos... y estas emociones pueden surgir hacia los hijos en determinadas situaciones. Una vez más, la solución no es culparse, ni justificarse, ni reprimirse, ni dejarse arrastrar por esa negatividad. Hay que aprender a entender las causas de esas reacciones o sentimientos negativos para poderlos resolver.

Hacerse responsable de todo cuanto les suceda, hagan o digan sus hijos es un error que genera mucha tensión y frustración.

Por último, hacerse responsable de todo cuanto les suceda, hagan o digan sus hijos es un error que genera mucha tensión y frustración. Los niños son personas, seres humanos que tienen su propia personalidad (si lo dudan recuerden su infancia, a hermanas y hermanos de los mismos padres que son muy diferentes…). Hay que entender que van a tener sus propias experiencias, errores, desengaños y frustraciones... y hay que estar ahí para apoyarles y enseñarles, pero no se les pueden evitar todas las experiencias negativas, ni lo van a hacer todo bien a la primera. Como padres van a influir mucho en sus hijos, pero también su entorno, los medios de comunicación, la cultura y sociedad en la que vivan, y la propia personalidad de ellos mismos... Los padres deben educar a sus hijos, pero no todo depende de ellos.

En resumen, el cuidado y protección de los hijos es muy importante… pero la educación psicológica, tanto racional como emocional, también lo es. Esta educación no se transmite dando consejos, sino en la práctica, por ello es importante que las madres y los padres aprendan a resolver sus temores, sus errores, su ira y enfados… porque esto es lo mejor para ellos mismos, y lo mejor que pueden ofrecer a sus hijos, pues les transmitirán una manera inteligente de vivir.

 

María Ibáñez es psicoterapeuta y Jesús Jiménez es psicólogo clínico y educativo. Son comunicadores especialistas en psicología aplicada, escritores y conferenciantes.

Web:  introspeccion.com