Hay conceptos muy presentes en nuestra vida que, además, son de alta complejidad y nos dan muchos problemas. Un ejemplo de ellos son el tiempo y el dinero. Son conceptos que nos empeñamos en controlar, de los que nos quejamos todos los días, que nos generan preocupación, incomodidad, noches de insomnio y con los que tenemos una relación difícil.

Precisamente de la relación con ellos es de lo que nunca se habla. Hablamos de tener o no tener, de gastar o no gastar, de “qué pasó con mi fin de semana” o “qué pasó con mis ahorros”, pero poco hablamos de cómo nos relacionamos con esos temas, qué hacemos nosotros por mejorar –o salvar- la relación con ellos y cuáles son nuestras expectativas.

Hablemos hoy de dinero. De ese tema sobre el que no es políticamente correcto hablar.

 

¿Cuáles son tus creencias sobre el dinero?

Desde mi punto de vista, al hablar de creencias debemos hablar de las creencias que, por un lado, absorbemos de otros y, por otro lado, de las que construimos de acuerdo a las experiencias que vivimos.

Las creencias que tienes sobre el dinero y que has adoptado, pero no son tuyas, son aquellas que heredas de tus padres o familia en general, del entorno en el que has crecido, de los ejemplos que has elegido seguir, del colegio al que fuiste, etc. Así encontrarás que crees que el dinero cuesta sudor y lágrimas, si tus padres te lo enseñaron así, si en tu vecindario se respiraba esa creencia o si en el colegio alguien se encargó de tatuártelo.

Este inconsciente colectivo se ve reflejado en los refranes de una determinada sociedad o cultura y, si te observas leyéndolos, quizás puedas notar hasta qué punto te los has creído o cómo condicionan o afectan tu vida.

¿“Más vale pájaro en mano que ciento volando” aplica también a las inversiones?

¿”Si eres guapo y eres rico, qué más quieres Federico” acaso habla de lo más importante que podemos tener o conseguir’?

Algunas de las creencias más comunes, al margen de dichos y refranes, es que el dinero es malo, que cambia a las personas, que tener dinero no es de una buena persona y querer tenerlo aún menos, que no se puede ser humilde si se tiene dinero…

Y sí, quizás dices, “¿pero cómo no se va a poder ser humilde teniendo dinero? ¡Qué tontería!”.

Está bien, ¿te has fijado en cuáles son tus prejuicios acerca de la gente que tiene dinero? ¡Obsérvalos!

 

¿Cómo es tu actitud frente al dinero?

Otro punto que afecta a la relación que tenemos con el dinero es cuál es nuestra actitud frente al tema. Hay personas que tienen tal consciencia de la escasez del dinero y su problemática, que desarrollan un apego disfuncional. No ahorran, no invierten, su objetivo no es tener para gastarlo en algún momento, es tenerlo por tenerlo y la pregunta es: ¿cuál es el verdadero fin de esto?

Además, cabe destacar que la mentalidad y actitud de escasez no habla de cuánto dinero se tiene, habla de qué es lo que vemos en él. Hay personas cuyos ingresos son mínimos que viven en abundancia porque su actitud es de disfrute, de vida, mientras que otras personas con mucho dinero viven en escasez porque su actitud es de miedo o culpa. ¿En qué marco te mueves tú?

En este sentido hay un punto que, personalmente, me encanta y es el famoso “no tengo dinero”.

¿Cuánta gente conocemos que dice no tener dinero cuando la realidad es otra? ¿Cuántas personas conoces que basan su vida en que “no tienen dinero” pero no dejan de comprar ropa o salir a restaurantes cada semana?

¿Te has observado? Quizás esa persona puedes ser tú misma.

Te invito a hacer un ejercicio: 

Si has observado que repites mucho la frase “no tengo dinero”, sustitúyela por “no tengo dinero para eso”

De tal manera que dejas claro –sobre todo a ti, que es lo importante- que dinero sí tienes, mucho o poco, y que lo que ocurre es que no quieres invertirlo en determinadas cosas.

Por otro lado, podemos observar en algunas personas un miedo constante al tema “dinero”. Ocurre cuando todas las decisiones que tomamos las vemos relacionadas con el dinero y esto nos supone una amenaza constante.

Es probable que muchas, por no decir todas, las decisiones que tomamos en la vida tienen una relación directa o indirecta con el dinero, sí, ¿pero de verdad es esto una amenaza? En situaciones más patológicas podemos observar indecisión a la hora de comprar un café porque a la persona le apetece el de 3 euros, pero hay otro de 1,20 euros que le supondría un ahorro importante.

A algunas personas les parecerá ridículo, pero quién vive este temor puede afirmar lo terrible que es sentirse así y, si es tu caso, te invito a buscar ayuda. No tienes que sentirte amenazada constantemente, no tienes que sentir miedo por comprar algo, no tienes que vivir así; puedes hacer algo al respecto.

La actitud, la actitud…Todos hablamos de la actitud, pero ¿a qué me refiero con actitud justo en este punto?

Actitud es no centrarse en lo que hay, sino en lo que se puede hacer con ello.

Es, por otro lado, ver, agradecer y sentir lo que se tiene, no lo que falta. Es disfrutar de lo mucho o poco que uno logra tener, sabiendo que esto no determina ni lo que se vale como persona, ni el éxito que se ha alcanzado en la vida.

Siempre digo que nos han enseñado que hay quien ve el vaso medio lleno o medio vacío, pero también hay personas que simplemente ven su vaso y personas que simplemente ven un vaso por llenar o un vaso vaciándose, o se han aburrido del vaso y prefieren beber de un botijo. ¿Qué tipo de persona eres tú?

 

¿Cómo llenas tus vacíos?

Otro punto importantísimo a tener en cuenta cuando hablamos del dinero y nuestra relación con él. ¿Cómo compras? ¿Qué te motiva a comprar? ¿Cuánto compras? ¿Qué buscas realmente con cada compra? ¿Cuánto necesitas?

Muchas veces utilizamos el término “compradora compulsiva” sin conocer las implicaciones que tiene esto realmente, pero ¿sabes que hay personas que no pueden pagar el alquiler o comprar comida porque se gastan todo su dinero en ropa, zapatos y accesorios el día que cobran o los días siguientes? ¿Sabías que hay personas que necesitan pedir a alguien que maneje su cuenta y tarjetas para no seguir comprando? ¿Sabías que esto puede convertirse en un problema real, en una enfermedad?

Yo prefiero utilizar el término “compra impulsiva” cuando percibo que he comprado algo de manera inconsciente. Como siempre digo, el objetivo no es no comprar, es tomar decisiones conscientes.

Comprar genera adicción, vivimos el momento con adrenalina, con ilusión, sentimos deseo, la euforia de pagar, la emoción de tener algo nuevo, su olor, su tacto, ¡pura alegría! Y ¿cuánto dura? Te invito a detenerte un segundo y contestar a esta pregunta.

Esta montaña de emociones agradables nos impulsa a utilizar las compras para llenar nuestras carencias emocionales y así, terminamos teniendo actitudes o conductas poco saludables en relación con el dinero: gasto excesivo o insuficiente, mentiras y engaños acerca de los gastos, deudas, control, acumulación, culpabilidad o vergüenza, etc.

Las compras maquillan los vacíos con esas emociones pasajeras y, como nos hacen sentir bien, nos dejamos llevar y compramos. ¿Con qué fin compramos? ¿Necesitamos eso que compramos? ¿Es un auténtico capricho? ¿Somos conscientes del capricho o lo estamos disfrazando de necesidad?

Por cierto, te invito a leer dos artículos que escribí hace algún tiempo y que pueden estar presentes ahora más que nunca:

Por último, las compras son decisiones emocionales, la prueba de ello es que los profesionales del marketing apelan cada vez más a la emocionalidad en eslóganes, anuncios, etc. Puede que necesites un determinado artículo, pero qué te hace elegir una marca u otra, qué te hace gastar lo justo o un poco más: la emoción.

Tu relación con el dinero también habla de emociones, de creencias, de carencias, de tendencias. La parte negativa es que parece que está todo escrito, la parte positiva es que la responsabilidad de cambiar esa relación es tuya y la posibilidad está en tus manos.