Ya nos han atrapado las Navidades y cuando queramos darnos cuenta habremos comprado muchas cosas, muchas de ellas innecesarias.

Hace dos años, en diciembre de 2017, escribí el artículo Este año vive una Navidad consciente, donde hablaba de los excesos, lo duras que pueden ser estas fechas, cómo aplicar el mindfulness en este tema y, cómo no, también incluí un punto sobre las compras y la responsabilidad que debemos ejercer sobre ello.

En esa ocasión me detuve en las compras de comida, excesivas en muchos casos, y en la fea costumbre de regalar cualquier cosa. De este punto, me quedo sin duda con una frase “prefiero patrocinar una buena cena que una bufanda cogiendo polvo en un armario”; te invito a leerlo, ¡quizás te guste!

Unos meses más tarde, en abril de 2018, escribí acerca del consumo y su relación con el mundo en el que vivimos. La premisa era fácil, aquello que consumes lanza un mensaje claro a la industria “esto gusta, fabrica más”, y la industria muy obediente, fabrica lo que se le pide.

Ocurre con la comida –cada vez hay más productos veganos porque se están consumiendo productos veganos-, con la prensa, con los programas de radio, los libros, las cuentas de Instagram –sí, ahí también importa lo que consumes, cada vez que das like a una publicación estás pidiendo más contenido como ese-, los servicios y con cualquier otra cosa que se pueda consumir –incluida la televisión-.

Si nos detenemos en ello, estamos pidiendo más.

Cuéntame qué consumes y te diré el mundo que estás creando, se llamaba el artículo, y también te invito a leerlo, en esta ocasión, con más ímpetu, pues creo que si todos tuviéramos en cuenta esto a la hora de comprar, nuestra forma de consumo sería muy diferente.

 

Evitar comprar de más, ese es el objetivo

Esto lo vamos a traducir directamente en comprar menos, y para ello quiero compartir contigo dos propuestas y una reflexión que, personalmente, me resultan muy útiles.

Realmente no sé cuál es tu situación, cómo son tus compras, qué impulsos te mueven o cómo los gestionas, deberás hacer el ejercicio de tomar de aquí lo que creas que puede servirte y desechar lo que no esté hecho para ti.

Si estuviéramos en un proceso de coaching y tu objetivo fuera comprar menos, probablemente empezaríamos redefiniendo ese objetivo analizando qué es para ti comprar menos, cuánto menos tienes que comprar para sentirte satisfecha, durante qué periodo de tiempo quieres comprar menos y atenderíamos otros mil detalles diferentes en función de lo que tú fueras poniendo sobre la mesa.

Como esto es un artículo y no un proceso de coaching, habrás de ser tú misma quién hace este análisis y coge de mis propuestas lo que es útil.

Lo ves ahora, lo compras después –cuanto más “después”, mejor-.

Este mantra sirve tanto para las compras impulsivas que ocurren en el centro comercial (voy de paseo, veo algo, me lo compro porque puedo pagarlo sin pensar en nada más), como las compras que hacemos por internet (se me ocurre que quiero algo, lo busco en internet, me lo compro porque puedo pagarlo sin pensar en nada más).

Date tiempo, esa es la premisa

Date tiempo, esa es la premisa

Necesitas tiempo para ver si realmente te gusta, para pensar en otras cosas, para comparar, para ver qué tienes que casa, qué supone esa nueva compra, etc. Todo, absolutamente todo lo que compramos, aunque sea lo más pequeño, barato y poco importante del mundo, tiene un impacto en muchos niveles.

Piensa en un bálsamo labial, parece inofensivo, pero se hace con materias primas que se gastan, van empaquetados en plásticos –que no hace falta que te diga más- y pueden estar testados en animales.

Tenemos el antojo de comprar otro bálsamo labial, lo compramos sin pensar, gastamos tiempo, dinero y espacio, y además afectamos al medio ambiente como se ha dicho.

Date tiempo, ese es el truco.

Solo tienes que ver eso que quieres e invitarte a aplazar la compra hasta que hayas valorado algunos puntos. Eso es todo.

Póntelo como la regla de los tres segundos, de los cinco minutos o de las tres semanas. Lo único que necesitas es un espacio entre el impulso y la respuesta para poder actuar con consciencia.

 

Analiza las implicaciones de la compra

Piensa en el espacio de tu casa, ¿no quisieras liberarla un poco de tanta cosa? Yo sí.

A menudo cuando voy a comprar algo, me viene a la cabeza la imagen del lugar donde lo guardaré y, si valoro esta imagen, la mayoría de las veces no compro nada.

Hubo un tiempo en el que amaba pintarme las uñas de distintos tonos de rojos, granates, frambuesas, grises y demás –lo sigo amando, pero no está entre mis prioridades-, me costó una barbaridad encontrar la forma de no comprar más pintauñas, pero al final lo conseguí.

Me propuse regalar todos los colores que no utilizaba y luego comencé a pensar en el estuche lleno de pintauñas cada vez que me nacía el impulso de comprar otro. Creo que en los últimos dos años me he comprado dos más, uno transparente en reposición de otro gastado y uno rojo que se coló en la compra –porque no se puede pretender hacer todo perfecto-.

Piensa en el impacto económico de la compra como si fueras una empresa.

Las empresas valoran todos sus gastos como si fuera una inversión, valoran no solo el espacio que ocupa, valora cuánto tiempo va a durar, cuál es la amortización, valoran si hay algo mejor, más barato, más caro, con servicio postventa, etc.

Tú eres una empresa. Míralo así, tú tienes una empresa que se llama Yomisma, SL. Yomisma, SL ofrece un servicio a otra empresa, la empresa para la que trabajas, y esta segunda empresa le paga a tu empresa por esos servicios.

Yomisma, SL obtiene ingresos que invierte en determinadas cosas: gastos de la actividad, inversiones, etc. Algunos gastos de la actividad pueden ser, por ejemplo, la calefacción de tu casa, tu ropa de ir a trabajar, la gasolina o el abono de trasporte, tu comida y demás. Son cosas sin las cuales Yomisma no podría prestar el servicio que presta.

Fuera de esos gastos de actividad, hay cosas que Yomisma quiere comprar, pero como los recursos son limitados, hay que valorar qué compramos, cómo lo compramos, y por y para qué lo compramos.

Al final del año, Yomisma querrá repartir beneficios y cuantos menos gastos haya habido, mejor.

Por otro lado, cada compra tiene un impacto ético –el consumo en sí mismo-, medioambiental y de espacio en tu casa –podrías tener una casa más pequeña y más barata, si tuvieras la mitad de los bienes que tienes, por ejemplo-.

Al final se trata de tener en cuenta todos los factores posibles y tomar decisiones conscientes e informadas.

Analiza las implicaciones de tu compra

Si no lo necesitas, es un capricho

Esta es una reflexión que me gusta hacer sobre el consumo, porque al final, las personas que pueden permitírselo, pueden caer en la compra de un capricho inútil e innecesario, y esto no está mal necesariamente.

Si no lo necesitas, es un capricho. Y si lo reconoces como un capricho, entonces puedes hacer lo que quieras.

Se trata de no necesitar excusas para comprar algo, de no tener que defenderse ante un ataque, ¡no necesitas excusarte!

Tendemos a creer que necesitamos las cosas solo para tener un motivo para comprarlo. ¡Seamos sinceras! No lo necesito, pero lo quiero. Punto. Si te lo compras con esa actitud, ¿quién puede reprochártelo?

“Es que si lo pienso así no lo compro” me han dicho alguna vez. ¡Amiga! Es que si pensándolo como es, no puedes comprarlo, quizás es porque realmente no quieres hacerlo.

 

Y esto es todo

¿Qué me dices?

Si te das un tiempo para pensar, si valoras todo el impacto que tiene cada compra y si te sinceras contigo misma sobre la necesidad o no de comprar, ¿crees que tus hábitos de compra cambiarían?

¡Me encantaría que lo probaras y me contaras cómo te ha ido! ¡Estoy en Instagram en @spiritualwoman!