Existen muchas maneras de disfrutar de una ciudad en verano. Huir entre sus recovecos más recónditos o, por el contrario, visitar sus principales monumentos, aquellos iconos urbanos que la convierten en un reclamo para turistas. También, por qué no, pasear tranquilamente por una gran avenida, disfrutar de un buen espectáculo, darse un chapuzón en la piscina o la playa, tomar una copa en el barrio de moda, etc. Las opciones se multiplican, como también los curiosos, turistas y visitantes que deciden adentrarse en la ciudad por unos días.

Lejos del calor y de los lugares más transitados y concurridos, existen un rincón donde perderse es sinónimo de viajar en el tiempo y en el espacio, un atisbo de paz en medio de la jungla urbana, donde caminas sin rumbo rodeado de cultura, de arte en todas sus dimensiones, de historia, de recuerdos y de sensaciones contrastadas. Son las galerías y los museos.

Los expertos señalan que las personas que invierten en experiencias, como la visita a una exposición o una muestra cultural de cualquier tipo, y dejan a un lado lo material, se sienten más felices, multiplican sus vivencias y amplían su visión del mundo.

Hay exposiciones para todos los gustos: pedagógicas, que transportan a un tiempo pasado o recrean uno futuro, que permiten reflexionar, evadirse o viajar en un ambiente de calma. Los museos son espacios donde cargar las pilas del cuerpo y del espíritu. Además, son una forma de profundizar en una ciudad desde otra perspectiva.