Las vacaciones son la época del año de obertura en mayúsculas. Más horas de sol, más aire libre, más tiempo para el ocio, más planes, más amigos, más familia… Por definición, es el periodo del año en el que nos atrevemos a probar más cosas nuevas, a salirnos de la línea, a exponernos, a explorar. Ese es el espíritu que a muchos nos impulsa a viajar a países extranjeros o a emprender rutas locales por zonas desconocidas que tienen mucho que enseñarnos.

Los viajes, los escogemos por un montón de motivos que nos serían difíciles de listar, pero, tal vez, haciendo un ejercicio de concisión, podríamos apuntar los atractivos naturales, culturales, deportivos, históricos y gastronómicos como los que nos despiertan la curiosidad para desplazarnos hasta un destino concreto. Lo más probable es que nuestra elección derive de una mezcla de distintas razones como éstas que hemos apuntado ya que son las que tradicionalmente hemos valorado más. Y lo cierto es que todas ellas han sido siempre importantes, pero, en los últimos años, hemos vivido un boom indiscutible del turismo gastronómico.

Parejas, familias, grupos de amigos o viajeros solitarios tienen cada día más en cuenta qué se come en el país o la zona que visitan hasta llegar al punto de desviarse expresamente para visitar un restaurante concreto, hacer una ruta gastronómica temática, visitar explotaciones y artesanos o llenar la despensa de productos locales. En España, son muchos los que trazan rutas en Andalucía, el País Vasco, Asturias, Galicia o Cataluña para empaparse de su cultura y de su riqueza gastronómica de alta calidad. Fuera del país, Francia, Italia, Grecia, Méjico, Perú, Tailandia o Japón son algunos de los destinos más demandados gracias a la gran diversidad y calidad gastronómica que ofrecen sus chefs, sus artesanos o los locales dedicados al street food, tan comunes en el sud-este asiático.

Comer platos tradicionales con productos locales es sin duda un gran atractivo para el turista. Sin embargo, conviene respetar ciertos preceptos para asegurarnos una ruta segura y también saludable y priorizar, ante todo, el sentido común. Por ejemplo, no pasarnos con el picante o determinados sabores o alimentos que no solemos comer y dejar que nuestro cuerpo se vaya acostumbrando poco a poco o evitar los alimentos crudos en según qué países exóticos.

Infórmate antes de salir
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Infórmate antes de salir

Si tu prioridad es acertar con la comida y no jugártela demasiado, lo más aconsejable es que dediques el tiempo necesario a investigar, a marcar y a desmarcar zonas, restaurantes, locales, bodegas o explotaciones. Ten en cuenta las puntuaciones y la opinión de los usuarios que encuentres en la red, si padeces alguna alergia o intolerancia, si eres vegetariano o vegano, el precio medio de la carta o de los productos, etc. Hay muchas páginas web o aplicaciones móviles que te ayudarán a encontrar lo que buscas.

Y, si quieres devolver el favor, puedes animarte a escribir tu también una reseña a la vuelta y explicar tu experiencia al resto de viajeros y de curiosos.

No abuses de los bufetes y come verdura
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No abuses de los bufetes y come verdura

Aunque tienen poco de tradicionales, muchos hoteles o paquetes turísticos los incluyen en la ruta por la variedad de opciones que ofrecen, entre las que destacan los productos y preparaciones locales. Es posible que, ante tan desbordante oferta, te sientas abrumado y sientas la necesidad de comer un poco de todo porque eres incapaz de elegir, pero, créenos, una digestión feliz pasa por no mezclar en exceso ni comer demasiado.

Aunque las tentaciones se multiplican, no olvides seguir respetando la regla de la mitad del plato lleno de verdura o ensalada. Así evitarás probablemente el restreñimiento tan típico de las vacaciones, mantendrás más fácilmente tu peso y te sentirás más ligero y energético.

Visita los mercados
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Visita los mercados

Lo vemos cada día en La Boqueria de Barcelona: montones de turistas se aglomeran en este espectacular mercado del centro de la ciudad que ofrece un sinfín de atractivos para todo el mundo. Y lo mismo pasa en el resto del mundo. La mayoría de mercados son la gran oportunidad para el turista para ver y experimentar con los cinco sentidos y de primera mano qué se cuece realmente en la cocina de otras culturas o regiones, con la opción de comer allí mismo platos hechos al momento con ingredientes recién llegados del campo, del mar o de la granja.

Frescura, calidad y tradición es lo que más probablemente nos encontraremos. Eso sí, debemos visitarlos y disfrutarlos con sentido común y asegurarnos también que se cumplan las normas básicas de higiene y seguridad alimentaria, especialmente con la comida cruda. Así que, ante todo, pregunta.

Prioriza los establecimientos locales
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Prioriza los establecimientos locales

Aunque probablemente ya vayas con este chip activado, conviene recalcarlo. Desde que hace unos años se ha impuesto la globalización como modelo económico mundial, prácticamente en cualquier parte del mundo podemos encontrar cadenas multinacionales de alimentación o establecimientos occidentales creados expresamente para el turista. De entrada, y según en qué momento, pueden resultarnos útiles si ya estamos hartos de comer local y echamos en falta la comida de casa. Pero cuidado con el fast-food, especialmente si viajamos con niños.  

Lo más interesante de un viaje, gastronómicamente hablando, es atreverse a probar esos restaurantes que están vacíos de turistas y llenos de locales. Allí es donde, probablemente, podremos probar la comida típica de la región sin más atenuantes ni medias tintas, además de favorecer la economía local.

Compensa las comilonas y el alcohol
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Compensa las comilonas y el alcohol

Cuando viajamos y estamos de vacaciones, lo más habitual es que acabemos comiendo más de lo normal o más de un producto en concreto, como el arroz y los noodles en Asia. Y lo mismo pasa con el alcohol, que su consumo en vacaciones tiende a ser mucho mayor que durante el resto del año. Es normal y no debemos fustigarnos por ello, pero sí conviene compensarlo con largas caminatas, practicando deporte, comiendo más verdura al día siguiente, bebiendo más agua o ayunando.