Tomar una copa de vino al día puede resultar saludable ya que ayuda reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y contribuye a retrasar el envejecimiento. Eso si, siempre que lo consumamos con moderación.

Pero la multitud de variedad de vinos hace dudar cuál es ideal para cada plato. No sólo por el sabor o por su presentación, pero cada tipo de vino congenia mejor con una comida u otra. El aroma y el gusto de un vino determinado será perfecto para acompañar o contrarrestar el de un alimento.

  • Entrantes: para los quesos, los canapés y los aperitivos con hojaldre casan perfectamente los vinos espumosos, el cava o el champán.
  • Pescado y verdura: El vino blanco ligero y seco es ideal para acompañar platos de pescado a la plancha, así como mariscos y verduras crudas, al vapor o a la parrilla. Para el pescado con salsa, la pasta con verduras o las ensaladas es mejor algún vino seco afrutado o uno rosado con notas dulces o afrutadas. Así pues el vino blanco se asimila con las comidas ligeras.
  • Carne: Para la carne se utilizan los vinos tintos o negros. Los embutidos combinan perfectamente con el vino tinto afrutado; mientras que la carne de caza o los asados con salsa es mejor acompañarlos de un vino tinto intenso y carnoso.
  • Postres: El vino espumoso, el cava rosado y los vinos dulces naturales (moscatel, garnacha) son idóneos para acompañar el postre. Si éste está compuesto por chocolate, también podemos elegir un vino de licor.