Se habla del tiempo, también del olvido. Y mientras nuestras sociedades crecen rodeadas de supermercados, centros comerciales y grandes superficies, en la mitad norte de la Península Ibérica, renace el tallo de un Sauco. Prácticamente imperceptible a nuestra vista. Entonces, sus hojas y flores perfumadas atraen a multitud de insectos. Sin embargo, más allá del mundo animal, ¿somos capaces de bajar la mirada y observar de cerca cómo crece un rosal silvestre? ¿Qué sabemos realmente del mundo vegetal? ¿Y de los beneficios que este nos reporta día a día? Colgamos en nuestros balcones vincas y girasoles. Pero, más allá de la fuerza estética de los pétalos en flor como elementos decorativos, ¿sabemos de dónde vienen? 

Es cierto que, en los últimos años, las sociedades tienen más en cuenta el concepto de "lo natural" y las fuentes renovables. Quizá como una manera de escapar del modelo capitalista que, según los expertos, acabará agotando las reservas naturales de las que ahora nos nutrimos. Pero, antes de encaminarnos hacia esa idea de un futuro insostenible, parece que "la humanidad ha vuelto a poner los ojos en las plantas. Casi como un Santo Grial", explica en una entrevista para RTVE la bióloga Aina S. Erice. La investigadora, que ya nos hizo reflexionar sobre el universo de las plantas y la interacción que el ser humano tiene con estas a través de 'La Invención del Reino Vegetal. Historias sobre plantas y la inteligencia humana", presenta ahora su nuevo libro en el que, como no, vuelve a ejercer la mirada sobre el mundo vegetal con 'El libro de las plantas olvidadas. Una recuperación de los usos tradicionales de nuestras plantas'. Un texto, casi más bien un ejemplar vegetal, en el que los lectores pueden sumergirse hasta dar con más de un centenar de especies naturales. Pero no se habla aquí de cualquier planta seleccionada al azar. La autora "centra su atención en plantas concretas, olvidadas, pero que forman parte de la apabullante riqueza vegetal", explica en el prólogo el filósofo José Antonio Marina. Lo hace a través de diferentes fichas en las que detalla, dependido del lugar en el que crecen las plantas; huertos, campos, aguas, bosques o montañas, las características básicas de cada especie. Así podemos encontrar los secretos y propiedades curativas de plantas que van desde el lúpulo, hasta la higuera, la rúcula, el tomillo o la malva.

Y, ¿por qué rescatar, aquello que la sociedad ignora? Más aún, cuando siete de cada diez personas en España viven en entornos urbanos y parece que la contemplación y conocimiento de la biodiversidad queda totalmente relegada al vistazo general a través de documentales en los que se ensalza la flora y fauna de nuestros ecosistemas. Pero, ¿por qué no comprender aquello que nos viene dado? Cuando, además, somos una civilización fundamentalmente agrícola y sin ella no podríamos dar abasto para alimentar a toda la sociedad.

En realidad, "los humanos hemos descubierto y a la vez creado el mundo vegetal", indica el filósofo. Y esta es una cuestión que no podemos olvidar aunque vivamos en entornos en los que, las especies que sobreviven o, las más demandas, son aquellas aptas al ecosistema del supermercado. Aún así, por mucho que la rutina merme nuestros sentidos con horarios inflexibles y la imposición de tareas, es inevitable pensar en la tendencia del ser humano hacia lo verde. Edward Osborne Wilson lo define como biofilia: esa conexión que el ser humano establece con el mundo de la natural. De hecho, el biólogo ya demostró que el cerebro humano se cura mejor de cualquier dolencia al entrar en contacto con un jardín o un prado. No es casualidad que los monjes budistas pasearan, durante horas, a través de amplios jardines. Una espiritualidad que la cultura asiática lleva años cultivando desde la filosofía zen hasta la literatura. Ya lo decía el estadounidense Jack Kerouac, al alabar los famosos haikus de la poesía japonesa, esos que "deben ser tan simples como el pan pero, sin embargo, hacerte ver las cosas reales". Y de realidad, la naturaleza va sobrada. A diferencia de la inmediatez moderna, en el siglo XVIII, poetas como Basho dedicaban su vida a la contemplación, el saber y la escucha constante, que queda reflejada en versos como este: "Cuando miro con cuidado, es admirable ver florecer la nazuna junto al seto". Aquí, sin artificios, el poeta solo necesita 17 sílabas para explicar el poder de la naturaleza. 

Sin embargo, han pasado los siglos y ahora, bajo otro contexto social, surgen nuevas voces como es el caso de Anai S. Erice, quien, a través de su último libro explora el concepto del olvido fitocultural y a sus víctimas directas: las plantas que vamos olvidando. En este sentido, resulta interesante comprender el fenómeno de la ceguera verde, del que la bióloga hace alusión en su texto. Y es que, cuando observamos una imagen de la que rebosan plantas y brotan nuevos pétalos, si en el centro de la imagen aparece cualquier otro elemento; pongamos que es un tigre, nuestro cerebro solo se fija en el animal central y deja de lado o olvida el mundo vegetal. Una técnica de ahorro cerebral que nos acerca, una vez más, a ese ideario social de que las plantas son una mera información de fondo, poco relevantes y que, por descontado, no nos servirán en la toma de decisiones. 

Lo que no podemos olvidar es que los tiempos cambian, mientras que la naturaleza permanece. No lo hará de manera inalterable e infinita, pero como explica Erice;

"Hace doscientos años, nuestra vida también estaba ligada a las plantas, y además éramos profundamente conscientes de ello. Sabíamos que nuestra supervivencia no sólo dependía de ellas, sino de nuestros conocimientos sobre cómo emplearlas de forma sostenible".

Esa misma información necesaria para nuestra supervivencia que la autora desvela a través de 'El libro de las plantas olvidadas. Una recuperación de los usos tradicionales de nuestras plantas'. Una guía en la que nos descubre las claves para que una planta no caiga en el olvido. Pero, ya no es necesario emplearla como se hacía en el pasado. No podemos idealizar los viejos tiempos en que vivíamos en armonía con la naturaleza. La realidad es otra y con ella resurge la necesidad de revalorizar el conjunto de la vegetación. En contra de esta idea, resuenan frases como, ¿qué importa si por el camino perdemos unos cuantos hierbajos? Y el olvido de algunas especies se presenta, entonces, como una evidencia, a pesar de que "buena parte de nuestra cultura material es vegetal".

¿Somos realmente conscientes de dónde y de qué manera está presente la naturaleza en nuestro día a día? ¿Hemos perdido ya el vínculo de lo importante que han sido los vegetales en nuestra historia? De hecho, no podemos ignorar la idea de que, a fin de cuentas, lo vegetal es una herramienta diaria. Desde las casas que construimos hasta las medicinas que tomamos, pasando por las fibras que nos visten, los jardines o los instrumentos artísticos y musicales que posibilitan la expresión artística. Y ahora, repensando la cuestión, ¿cómo de importante es perder unos cuantos hierbajos por el camino? 

El lúpulo y su efecto sedante
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El lúpulo y su efecto sedante

Hoy en día el lúpulo está asociado a la elaboración de cerveza. Sin embargo, son otros los usos que puede tener este pariente del cáñamo. Entre ellos, destaca su efecto sedante aplicado tanto a humanos como a animales en casos de insomnio, nervios o estrés. Aún así, en caso de padecer depresión, es mejor evitar su consumo, pues podría agravar los síntomas.

La caléndula, remedio efectivo para tu piel
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La caléndula, remedio efectivo para tu piel

La relación de la caléndula con el sol es bien conocida por cómo abre y cierra sus botones florales con la salida y la puesta del sol durante prácticamente todo el año. Pero, lo que quizá no conocías son sus usos en cuestiones medicinales. La caléndula constituye el remedio por excelencia para tratar afecciones de piel: pomadas, oleolitos, ungüentos e infusiones se han empleado durante siglos para mejorar la cicatrización de heridas, quemaduras, irritaciones o llagas.

 

El higo, rico en vitaminas A, B y C
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El higo, rico en vitaminas A, B y C

Hasta ahora asociamos el sabor del higo al dulce. Las maneras de consumirlos tanto frescos, secos o conservados hacen de él una fruta que suscita un gran interés. De hecho, su perfil nutricional destaca por sus niveles de calcio, hierro y potasio, así como de vitaminas A, B y C.

En especial, los higos secos se incluyen en muchos remedios relacionados con el sistema respiratorio: es frecuente combinarlos con malva, malvisco, saúco o regaliza.

La ortiga funciona como remedio frente a los problemas circulatorios
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La ortiga funciona como remedio frente a los problemas circulatorios

La ortiga, urtica, es una palabra latina que describe a “lo que arde”, escuece o quema. Pero las ortigas también destacan como planta medicinal. Funciona como remedio frente a los problemas circulatorios, ya que “fortalecen la sangre” al promover la producción de glóbulos rojos.

Las ortigas también tienen empleos diuréticos, así como para tratar afecciones del sistema genitourinario, y se recomienda, por ejemplo, para prevenir problemas en la próstata.

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