Si quieres experimentar la felicidad te aconsejo que lleves una vida eco. Yo lo hago; pero, mejor, vamos por partes. Empieza por la alimentación. Sí, has leído bien. Somos lo que comemos y los psicólogos conocemos bien los beneficios de tener a nuestro cerebro bien alimentado. Te propongo un experimento para convencerte: trata de imaginarte bebiendo litros de refrescos azucarados y con un elevado contenido de cafeína. ¿Crees que podría afectar de alguna manera a tu comportamiento? ¡Pues sí!

Te contaré un pequeño secreto, suelo animar a mis cliente a que coman bien, a que coman alimentos sin procesar, de origen biológico y de calidad. ¿Sabes por qué? Porque en muchos casos la alimentación está condicionando el mal funcionamiento del cuerpo y del cerebro que en él habita. Enriquece tu dieta con superalimentos, vitaminas y minerales y elimina tóxicos y procesados industriales. En cuestión de semanas tendrás una mejor digestión, más energía y más claridad mental y estarás de mejor humor.

Experimentaremos más beneficios de tener una actitud eco si incorporamos periodos de descanso de calidad en nuestras rutinas. Busca un momento para relajarte. No es necesario que duermas, pero si lo necesitas hazlo. Lo que los psicólogos sabemos que incrementa el bienestar es incorporar un espacio para meditar, para pensar, soñar o mirar al cielo; no importa lo que hagas, lo que importa es que cada día dispongas de unos minutos para ti en un ambiente calmado y sosegado. Búscalos.

Si quieres ser feliz dale bienestar a tu cuerpo. Sí, bienestar. Cuídalo, mímalo, hidrátalo y masajéalo y de nuevo hazlo con productos de calidad, ecológicos y respetuosos con tu cuerpo y con el medio ambiente en el que vivimos. Si quieres ser feliz busca la naturaleza. No importa si es mar o montaña pero busca el contacto con el medio natural. Búscalo cada día. Si vives en una ciudad sal a pasear a un parque, sal al balcón y mira al cielo o escápate a la montaña más cercana. Tu cuerpo necesita encontrarse en el silencio de la naturaleza, conectar con su esencia al calor de los rayos del sol, estremecerse con el frío seco y sano, y liberarse de los tóxicos ambientales y sonoros de la ciudad.

Sin darme cuenta vuelvo a estar hablando de nuevo de nuestro cuerpo... Permíteme que insista pero nuestra mente reside en un cuerpo y ese cuerpo ha de estar en forma y sano. Los alimentos serán tu mejor medicina –o tu peor tóxico– pero si quieres estar sano incorpora la actividad física moderada en tu día a día y si puedes hacerlo en el exterior. Suda. Cada día. Al menos media hora. Te acabo de contar unos de los secretos de la longevidad y de la salud. Baila, camina, corre, pedalea o haz lo que te más te apetezca siempre que te haga sudar. Fluye con la actividad física. No te estreses. No te obsesiones con retos que ni tan solo son tuyos. Disfruta del deporte y verás como, sin darte cuenta, lo incorporarás a tu vida como una necesidad más.

¿Qué te parece? ¿Sigues sin creerme? Vive eco. Adopta una actitud eco. Estamos rodeados de demasiada artificialidad y nos perjudica. Conecta con tu esencia. Slow down. Recicla, reutiliza y repara. Ten lo que necesites, pero no acumules cosas ‘por si acaso’. Vive calmadamente, disfrutando del presente. Pon tus cinco sentidos en el aquí y el ahora. Y la felicidad vendrá a buscarte.