Vivimos rápido, eso no es secreto para nadie. A veces hacemos el intento de echar el freno y, en cuanto perdemos la atención, ya estamos corriendo de nuevo. La evolución nos está llevando a vivir de esta forma y es cada vez más difícil plantarle cara. ¿Pero hay algo que podemos hacer? ¿Dónde está el secreto de vivir más despacio? ¿Qué medidas debemos tomar primero?

Veamos algunos beneficios y algunas acciones que podemos llevar a cabo para reducir la marcha.

La ganancia de tiempo cuando se adopta la slow life es fácil de apreciar

 

¿Qué gano viviendo más despacio?

Aunque no lo creas, tiempo. Tiempo para ti, para la reflexión, para estar contigo, para hacer bien tu trabajo, para darte un masaje, para leer más, para abrazar más, para comer saboreando… Para vivir, en resumen. Y con ese tiempo que ganas, ganas también algunas otras cosas que conviene mencionar:

  • Más felicidad. Cuando bajamos el ritmo tenemos más tiempo para vivir con calma, ponemos más atención en lo que hacemos o experimentamos y, con esa atención plena, vemos mejor las cosas que tenemos. Es muy difícil valorar lo que uno tiene, es o ha conseguido en la vida si tenemos la mirada siempre puesta en la siguiente tarea. Con la filosofía slow, podemos hacerlo más fácilmente y con ello brota, instantáneamente, la sensación de gratitud. ¿Cómo no ser feliz cuando puedes admirar diariamente la suerte que tienes?
  • Menos estrés. Consecuencia lógica, casi automática de tener más tiempo. Imagina haber reducido el número de tareas que haces a lo largo del día o haber reducido la afluencia de pensamientos que interrumpen tus actividades, ¿no tienes más tiempo para hacer las cosas? Aunque no se ganen cinco horas al día, la ganancia de tiempo cuando se adopta la slow life es fácil de apreciar. Hasta la persona más ocupada del mundo, puede experimentar una especie de ilusión acerca de su tiempo. Éste no se detiene, no se estira, pero se vive diferente.

Reducir, por ejemplo, el uso de redes sociales por la mañana nos puede hacer ganar un tiempo precioso para ducharnos con atención, tomar café con atención o ir al trabajo con calma y no corriendo. Los niveles de estrés se reducen solo con esta pequeña acción de empezar el día con la atención puesta en el mundo 1.0.

  • Más salud. Si bajan los niveles de estrés, ganamos salud. Pero no solo eso, hemos dicho que hemos ganado tiempo, ¿no es esta una excelente oportunidad para subir las escaleras andando, invertir algo de tiempo en comer mejor o incluir 10 minutos de meditación en nuestra rutina? Todo ello mejorará nuestra salud y, si revisas con atención tus rutinas, seguro que encontrarás medidas específicas que tú puedes adoptar y que te resultan beneficiosas de una u otra forma.
  • Más plenitud. Este punto está íntimamente relacionado con el primero: más tiempo, más atención, más experimentar y menos sufrir, más gratitud, más felicidad, más plenitud. O al revés, no importa qué es lo que va primero. Muchos perseguimos esa sensación de plenitud casi inconscientemente. Queremos experimentar ese pecho lleno, esa conexión, ese “darse cuenta” de que se está donde se está porque así debía ser y que todo está bien.

¿Cómo podemos llegar a ese spiritual mood, como yo lo llamo, si no es con una actitud slow?

La clave para vivir más lentamente es la actitud

Qué puedo hacer para vivir más lentamente

¿Qué puedo hacer para vivir más lentamente??

Desde mi punto de vista, la clave para vivir más lentamente es la actitud. Ese es el secreto, el primer punto, la primera medida a adoptar. Puedes llevar a cabo todas las acciones que se te ocurran, dejar el trabajo, irte a vivir a una playa, hacer yoga todo el día, ¡lo que quieras! Si no lo acompañas de una actitud relajada, no habrá cambio alguno.

Ahora, sabiendo que la actitud es lo principal. Veamos tres puntos con los que puedes bajar la marcha y experimentar el cambio.

  • Simplifica: tus pensamientos y tus posesiones: Hay algo que llevo haciendo desde hace tiempo y que quisiera compartir, cuando tengo la sensación de que quiero cambiar algo, que hay algo que sobra o falta o debe ser modificado, pero no sé qué es, siempre, siempre, empiezo haciendo limpieza en casa. Cuando hablo de simplificar, a menudo me refiero a la vida en general, a los pensamientos a la forma en la que tomamos las decisiones. ¿Pero y qué pasa con las cosas que tenemos? ¿Crees que no hacen ruido? Dime, ¿has probado alguna vez a simplificar tu rutina de belleza? ¿Tu armario? ¿Tu decoración? ¡Pruébalo! No vas a creer la paz que vas a lograr con ello.
  • Dale una vuelta a tu agenda: Elimina tareas, delega u organízate. ¿Qué es lo que tu agenda necesita? A menudo nos complicamos la agenda solo porque tenemos tiempo para ello: actividades en todo el horario, idas al mercado varias veces por semana, horas haciendo algo que podría hacerse realmente en 30 minutos. ¿Pero qué podemos hacer realmente con nuestra agenda? Podemos quitar tareas, juntarlas o tratar de repetirlas lo menos posible. ¿Cuántas veces cocinas a la semana? ¿Todos los días? ¿Qué tal si pruebas el batchcooking? ¿Cuántas veces vas a hacer la compra? ¿Crees que podrías organizarte mejor? ¿Cuánto tardas en hacer cada tarea en el trabajo? ¿Podrías ser más eficiente? ¿Has probado a delegar? Muchas personas tendemos a poner todas las responsabilidades habidas y por haber sobre nuestros hombros. Nos gusta, no hay más. Pero pesa, pesa y no tenemos por qué seguir así. ¿Hay algo que puedas delegar?

Quizás alguien puede cuidarte a los niños para que hagas la compra en menos tiempo y de forma más atenta, puedes organizarte con tu pareja para aquellas tareas que a ti te cuesta más hacer, puedes delegar en el trabajo.

¿Has probado a organizarte mejor? Aquí soy un vivo ejemplo de puntos que podría mejorar, si fuera más ordenada en muchas cosas (actividades del trabajo y ciertas cosas en casa, por ejemplo) perdería menos tiempo retomando tareas o repitiendo algo que ya hice antes.

  • Salud, ¿te cuidas? Poniendo tu atención en la salud puedes estar cuidando tu actitud y conseguir vivir más despacio. ¿Qué tal si priorizas el comer más despacio y sin mirar el móvil? ¿Qué tal una sesión de fisio, de higiene facial o un paseo vespertino? ¿Bebes suficiente agua? ¿Meditas a diario? ¿Hay algo que puedas hacer por tu salud y que creas que beneficiaría, en general, a tu estilo de vida? Cuidar tu salud puede cambiar la forma en que vives, tu actitud hacia ti misma y tu nivel de autocuidado en general. ¡Regálatelo!

 

En fin. Vivir más lentamente no es algo que se logra de la noche a la mañana, requiere de una buena reflexión sobre qué hacer y numerosas acciones para lograrlo. Además, hace falta un cambio de actitud, un mantenimiento consciente de esta actitud y un trabajo duro hasta que sale solo. 

No te rindas. Vivir más despacio en este mundo de locos es posible. Empieza por algo fácil e impúlsate en cada cambio logrado.