Pasamos la vida eligiendo modelos perfectos a los que copiar, queremos la profesionalidad de nuestra madre, el saber hacer de nuestro padre, la delicadeza de nuestros abuelos, la bondad, las manos, los dones y talentos. Idealizamos ejemplos, objetivos y situaciones, y los perseguimos hasta el cansancio: el matrimonio perfecto, el trabajo perfecto, la maternidad o paternidad perfectas… Pretendemos ser los mejores en todo, al mismo tiempo. Queremos ser la mejor madre, o el mejor padre, los mejores en la oficina, los más dedicados en el gimnasio, tener la casa más ordenada, la agenda más apretada, el mejor coche y la mejor casa.

Desarrollamos una relación tóxica con el dinero, una especie de adicción, nunca es suficiente, siempre es poco, siempre puede haber más.

Aprendimos que el multitasking es un súper poder y lo utilizamos tan a menudo que se vuelve adictivo: terminar el informe mientras centrifuga la lavadora, ordenar la lista de tareas mientras se prepara el café, retomar una actividad mientras se carga la página… Cuanto más actividades a la vez, más poderosos nos sentimos.

No sabemos distinguir entre lo que nos gusta, lo que necesitamos y lo que se nos antoja

Y lo queremos todo. No sabemos distinguir entre lo que nos gusta, lo que necesitamos y lo que se nos antoja. Un bolso que me gusta es un bolso que automáticamente deseo tener, un capricho de un día entra automáticamente en la cesta de Amazon sin valorar qué función cumple y así, vivimos en un deseo constante por tener más y mejor.

Y nos enseñan una perfección inexistente que perseguimos hasta el cansancio. Si no encajamos en ese patrón, no valemos. Y seguimos queriendo más, más sueldo, mejores marcas, más cosas. Ansiamos tener bajo la creencia de que esto llenará nuestros vacíos.

 

Probablemente esto sea algo que ya sabes

Probablemente te reconoces en algunas de estas ideas o en muchas o en todas ellas y, si leyeras aquí un discurso motivador sobre el famoso “ya eres suficiente”, pensarías que ya lo sabes.

Que sí eres suficiente.

Que todos los somos.

Y que es muy triste que no lo veamos más a menudo.

Sin embargo, al terminar la lectura vas a seguir igual, en cuanto cierres la página y continúes con tu día, perderás el foco de esa maravillosa sensación de “ser suficiente” y volverás al automatismo.

 

¿Dónde observo la creencia de que no soy suficiente?

En el estrés por llegar a todo.

En el sentimiento de culpa y los reproches por no ser suficientemente buena madre o buen padre, tener buen cuerpo, ser bueno en el trabajo…

En la necesidad de entrar en el ideal de belleza y los mensajes de “debería hacer algo”.

En esa sensación de estar fuera de lugar por ser diferente en algo, por no tener pareja, no haber firmado una hipoteca, no tener los mismos objetivos que los demás.

En sentirte mal por no hacer nada o experimentar dificultad para tomarte un día libre o tiempo para ti.

 

¿Has sentido algo de esto en la última semana?

Quizás sí, incluso quizás más de lo que te gustaría.

Te invito a anotar estos pasos, componen un ejercicio muy bonito que puedes acostumbrarte a hacer siempre que quieras.

  1. Observa en qué áreas o momentos no te sientes suficiente e identifica con qué mensaje te lo comunicas. Pon especial atención a las frases que contienen “tengo que”.
  2. No te quedes solo en revelarte contra el mensaje “me he dicho que tengo que hacer todo esto hoy y no me da la gana hacerlo”, sino que puedes trabajar activamente, razonando por qué sí eres suficiente. Busca un mantra que te ayude a sentir eso que estás razonando.
  3. Abraza tu tendencia a querer más y querer ser mejor, no te presiones ni castigues, ni te sientas mal por tener ese patrón mental o de conducta.
  4. Repite el ejercicio tantas veces como sea necesario, ¿son 20 veces al día todos los días de la semana? ¡Pues adelante! No pasa nada.

 

Recuerda…

El no ser suficiente puede ser una sensación que te acompaña todo el día en todas las facetas de tu vida.

También está en creencias acerca de lo que se debe llegar a ser o lo que se debe conseguir en la vida.

El trabajo necesario para operar naturalmente desde otra perspectiva depende de cada persona.

No descartes buscar ayuda profesional. Pasamos muchos años, en ocasiones toda la vida funcionando de una manera y puede ocurrir que para lograr cambios no baste con “proponérselo”.

Repite el ejercicio de hacer consciente lo que funciona de manera automática para poder identificar los puntos de trabajo, trátate de forma gentil y compasiva, respeta tu proceso y recuerda lo más importante: logres o no logres cambios, ya eres suficiente.