Escuchar el canto de los pájaros, el sonido del agua en un arroyo, oler el refrescante aroma de la tierra mojada después de la lluvia u observar los tonos verdes de la naturaleza son algunas de las cosas que nos pueden ayudar a sosegar el ánimo, abrir nuestros pulmones y regenerar, en definitiva, todo el organismo.

Cuando hacemos algo tan simple como dar un paseo por el bosque no sólo nos estamos beneficiando de todo lo que la naturaleza nos puede aportar, sino que ahora además estamos poniendo en práctica el shinrin-yoku (literalmente, baño de bosque), una técnica japonesa que forma parte de un programa de salud nacional creado a principios de los 80 en el país nipón y que consiste en “absorber el bosque a través de los cinco sentidos”, según explica el inmunólogo Qing Li, autor de El poder del bosque.

Japón, el origen de los baños de bosque

A pesar de que el ritmo de vida de esta frenética isla no cesa de crecer, Japón tiene una de las masas forestales más grandes del mundo: 5.000 kilómetros de bosque, que ocupan dos terceras partes de su territorio. Cada uno de los árboles que habitan estas zonas forestales tiene para ellos un significado y una utilidad, el más común de los cuales es el sugi (árboles de más de mil años de vida y de gran altura). Existe la creencia de que dentro de ellos habitan los kodamas, deidades ancestrales que arrojarán una maldición sobre aquél que intente talarlos.

Mito o realidad, lo cierto es que, si dejamos a un lado las leyendas, los humanos hemos habitado campos y bosques durante mucho más tiempo del que llevamos pisando asfalto. Por ese motivo, estamos mucho más conectados a la naturaleza que a cualquier otro lugar.

Cómo tomar un baño de bosque

Hoy en día, se estima que al menos dos millones y medio de japoneses participan cada año en sesiones de terapia de bosque, una práctica que se está empezando a ofrecer también en muchos otros lugares del mundo, y que a menudo llevan a cabo guías especializados o los denominados terapeutas forestales.

¿Y para qué se necesita un guía? Te preguntarás. La razón es que estas personas nos ayudan a ser más conscientes de la naturaleza que nos rodea y nos enseñan técnicas para absorber sus beneficios con todos nuestros sentidos. Desde ejercicios de respiración, relajación, meditación o mindfulness, nuestro guía nos invita a experimentar la totalidad del bosque, sintiendo la textura de una flor, recostándonos sobre un tronco o respirando profundamente el aroma de la tierra.

Los beneficios del bosque para tu salud

Alex Gesse, autor del libro Sentir el Bosque, señala algunos de los principales efectos terapéuticos que estos “baños de bosque” pueden tener para nuestra salud, tanto a nivel físico como psicológico:

  1. Reduce el estrés
  2. Mejora nuestro sistema inmunológico
  3. Nos ayuda a desacelerar nuestro cuerpo y mente
  4. Mejora la calidad del sueño
  5. Contribuye a nuestra salud mental
  6. Mejora el funcionamiento de nuestro sistema cardiovascular y reduce la presión cardíaca
  7. Incide en un menor sobrepeso y obesidad
  8. Contribuye a la cohesión y al bienestar social

Altamente recomendado para los urbanitas

¿Crees que naciste para vivir de brunch en brunch toda tu vida? Pues estás muy equivocada. El ser humano está mucho más conectado a la naturaleza de lo que te puedas imaginar, y conforma una necesidad, de hecho, que todos sentimos alguna vez, y que fue popularizada bajo el nombre de biofilia por el biólogo estadounidense E.O. Wilson ya en 11984. Sí, pese a que un altísimo porcentaje de la población mundial vive en las ciudades, todos necesitamos estar en contacto con la naturaleza.

Nos pasamos la vida pegados a las pantallas electrónicas, sin percatarnos de qué tiempo hace fuera, de si ha llegado la primavera, o de si ese árbol ha perdido su follaje. Algo que nos acaba pasando factura y generando unos niveles de ansiedad, frustración, fatiga y la tan temida depresión, que, según la OMS, afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo. Pero existen soluciones que están mucho más cerca de lo que crees, y en ocasiones la felicidad se esconde tras las cosas más sencillas y a la vez más complejas, como en los mismos árboles.