“En todo momento preocúpate de hacer aquello que tienes entre manos con seriedad escrupulosa y sincera, con amor, con independencia y con justicia”, decía Marco Aurelio. Eres una persona única, y como tal mereces todo el respeto y el amor que tú profesarías por cualquier otra persona. Cualquier meta que te propongas, puede ser alcanzable siempre y cuando hayas aprendido a quererte a ti misma, a valorarte como te mereces y a no dejarte arrastrar dentro del oscuro vórtice de los pensamientos negativos que nos impiden vivir nuestra vida con la plenitud que se merece. Sí, sabemos que en muchas ocasiones no es fácil, que a veces puede parecer más sencillo tirar la toalla y caer en la fácil justificación de que, al fin y al cabo "siempre fue algo imposible". Hoy, sin embargo, te invitamos a que utilices un poco de esa autocompasión como combustible para afrontar tus problemas desde otra perspectiva, para darte cuenta de cuánto influye lo que pienses de ti misma en tu camino al éxito. Para ello, hemos creado un pequeño decálogo que te ayudará a reflexionar sobre algunos de los errores que cometemos al construir nuestra propia imagen y poder corregirlos, para asentar así las bases del éxito que te ayudarán a alcanzar cualquier objetivo que quieras alcanzar. ¡Toma nota!

1. Mejora tu autoconcepto

Deja de lado las comparaciones y busca el equilibrio entre lo que eres y lo que quieres llegar a ser. “La comparación es un atentado contra la autoestima”, remarca la psicóloga Hermínia Gomà. La de veces que tu malestar se ha originado por compararte con los demás y con lo que crees que esperan de ti... Un ingrediente básico de la autoestima es “la sensación de eficacia que asignamos a nuestros actos y a nuestro proyecto de vida”. La autoestima dependerá del equilibrio entre lo que eres y lo que quieres llegar a ser. “Reconoce tus cualidades y describe tus áreas de aprendizaje”, aconseja Gomà.

2. Aprende a vivir con los cambios

Son inciertos e inevitables, pero no porque escapen a nuestro control van a ser negativos. Tenemos miedo al cambio pese a que nuestra realidad no nos guste. Pero, ¿y si cambiamos la perspectiva? Cuando las cosas van bien no desplegamos todos nuestros recursos. “Necesitamos revisar y actualizar nuestros esquemas mentales para adecuarlos a la realidad de una manera más constructiva”, afirma el psicólogo Tomás Navarro. “Aprende a discriminar las quimeras de la realidad, lo posible de lo probable, y podrás focalizar tus fuerzas en conseguir lo que te propongas”, dice.

3. Lo que pienses creará toda tu realidad

Creer que eres capaz de decidir cómo ha de ser tu vida es un paso esencial para tener autoestima. El sistema de creencias (ideas que aceptamos como verdades) nos determina. En ocasiones, nuestras creencias hacen que nos infravaloremos o no nos consideremos personas completas. “Todo lo que pensamos va creando nuestro futuro. Recuerda que los pensamientos son solo eso y que pueden cambiar”, añade Gomà. De hecho, “es tan importante poseer los recursos necesarios como tener una buena opinión sobre lo que podemos hacer con ellos”, explica la autora de Autoestima para vivir.

4. Cultiva un nuevo liderazgo

Cuando las cosas van bien, la mediocridad sobrevive. Ahora debemos pensar diferente y atrevernos siempre a mejorar. En su libro, Hermínia Gomà afirma: “Muchas personas han olvidado quiénes son realmente, que son seres capaces de forjar grandes proyectos y de afrontar formidables desafíos. No son mediocres, pero actúan con mediocridad”. Gomà defiende que debemos salir de esta mediocridad e innovar: pensar y hacer las cosas de manera diferente, arriesgarnos a nuevas posibilidades, correr el riesgo de equivocarnos, dejar de controlar y actuar desde la cooperación. “No se trata de sobrevalorar nuestras capacidades, pero todavía menos de menospreciarlas”, añade Navarro. Para el psicólogo, además, debemos dedicarnos a pensar, tener un objetivo bien definido, tomar decisiones y poner en acción un buen plan de trabajo.

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5. ¿Tienes miedo? Utiliza la confianza

El miedo va apareciendo. De él no es que salgan cosas buenas, es que nos va a ser obligado aprender a gestionarlo. “Si el miedo es un virus, su antídoto es la confianza”, defiende la también coach Hermínia Gomà. “Una creencia limitadora es aquella que nos separa de lo que queremos ser, y está generalmente asociada a la emoción del miedo”, añade. Es más, el miedo a equivocarse, a no estar a la altura, al qué dirán, a no tener el control o a perderlo... Son algunos de los miedos que vivimos, mientras limitan nuestra capacidad de decisión. Reflexionar sobre aquello que nos da confianza y alimentarlo a diario. Porque para generar confianza hay que confiar. “No hay otra manera. Confiar en que disponemos de recursos internos para afrontar la situación y confiar que si hemos superado otras crisis, esta también la superaremos”, dice.

6. Ni manipulación ni dependencia

Las relaciones deben establecerse entre iguales, dejar de depender de las opiniones de los demás o controlarlos. “Cuando maduramos emocionalmente, asumimos nuestros sentimientos y no necesitamos cambiar a los demás ni influir en sus conductas para conseguir nuestro bienestar”, remarca Hermínia Gomà, que insiste en la manipulación como una forma incompetente de relacionarse con los demás. “Como no me puedo dominar a mí mismo, domino a los demás”. La experta destaca que en ocasiones se crean relaciones de codependencia, en las que uno manipula y el otro es dependiente. Es básico “que reforcemos nuestra autoestima, que dejemos de depender de las opiniones de los demás y que aceptemos que con cada decisión que tomamos renunciamos a todas las demás opciones”.

7. Aprende a perdonarte

Afrontar el sentimiento de culpa es fundamental: cualquiera puede equivocarse, pero hay que centrarse en las soluciones. “Hay personas que se quedan pegadas al sentimiento de culpa. El problema es que entran en una espiral de pensamientos. Maximizan la situación en lugar de afrontarla”, explica la psicóloga y coach. La culpa se da porque se comenten faltas o no se cumplan las expectativas de los demás. Primero, recomienda, debemos conectar con la humildad. “Acepto que puedo equivocarme, rectifico mi actuación, aprendo”, destaca Gomà. “Hacernos responsables de las consecuencias nos permite salir del victimismo y buscar soluciones. Y si afectan a los demás, pedirles perdón. Perdonarnos a nosotros mismos nos capacita para llegar a ser la persona que queremos ser”, añade.

8. Deja de criticarte constantemente

Aprende a reconocer y a valorar a la persona que realmente eres, respeta ciertas críticas y mejora. “Cuando nos castigamos con críticas poco constructivas, es preciso que nos paremos un momento y recordemos nuestras cualidades”, aconseja Gomà. Todos oímos nuestro rol crítico pero solo es una parte de nosotros. Lo que nos dice no son verdades absolutas, así que hay que hacerle un caso relativo. “Cuando alguien nos ofrece una crítica y es un comentario justo: podemos decir “tienes razón”, agradecer el punto de vista, explicar nuestra visión o asentir en parte si es que la crítica no está justificada.

9. Mejora tu relación con los demás

Actuar con humildad ante el resto es la base para establecer unos vínculos sanos y productivos. Los demás también se equivocan, recuerda que tú también estás en fase de aprendizaje. “Seguro que la información de la que dispones es parcial. No es muy inteligente ser orgullosos ni tercos cuando solo disponemos de una versión de la realidad”, dice Gomà. ¿Sabes escuchar? Pero desde la comprensión, la empatía, el aprecio y la aceptación, enumera en Autoestima para vivir. “Escuchar de verdad al otro refuerza su autoestima y sentirnos escuchados nos hace sentir importantes”, destaca.

10. Si dices que "no" a tiempo, ganarás

Porque si no lo haces, la carga será insoportable, te generará estrés y vivirás con angustia. “Lo más importante que aprendí a hacer después de los 40 años fue a decir “no” cuando es no”, dijo Gabriel García Márquez. Cuando dices “sí” a todo, terminas por olvidarte de ti misma y suele deberse al miedo, la inseguridad, la dependencia afectiva, la pasividad y la falta de autoestima, enumera Gomà. Al decir que “no” cuando quieres, dispones de más tiempo para ti y para compartirlo con quien quieras, te legítimas y conservas el equilibrio y la dignidad personal. Lideras tu vida.