El intestino es nuestro segundo cerebro, y las bacterias que en él habitan tienen la capacidad de influir significativamente en nuestra mente, estado de ánimo y, por ende, en nuestro comportamiento. Una hipótesis que ha ido ganando peso en los últimos años con la aparición progresiva de investigaciones que sugieren que existe una interconexión entre los estados de depresión o ansiedad y los desequilibrios de la flora intestinal, provocados, a su vez, por una falta de buenos hábitos alimenticios.

El ecosistema microbiano que coloniza nuestro tracto intestinal es conocido como microbiota intestinal, o microflora, y está poblado por unos cien billones de bacterias, de unas quinientas a mil especies distintas. La forma en la que nacemos y en la que nos alimentamos a lo largo de los años determinan nuestro microbioma, es decir, las bacterias que conviven con nosotros. Por este motivo es tan importante comer de forma saludable desde que somos pequeños.

Sí, seguro que ya habrás oído rumores de la importancia que tienen las bacterias que habitan en nuestro intestino para la salud, pero quizás no te imagines hasta qué niveles pueden llegar a influir en nuestro bienestar. La microflora intestinal tiene la función principal de digerir y absorber los nutrientes presentes en los alimentos y de proporcionarnos protección frente a la posible invasión de microorganismos extraños.

Experimentos recientes han demostrado, además, que algunos microorganismos presentes en el intestino, están asociadas al desarrollo y funcionamiento de nuestro cerebro. Algunas investigaciones han observado, por ejemplo, que el estrés puede provocar la disminución de diversidad microbiana en el intestino.

¿Cómo influyen las bacterias intestinales en la depresión?

Curiosamente, los nervios que transmiten estímulos al cerebro y al intestino en realidad están creados del mismo tipo de tejido. Durante el desarrollo fetal, una parte se convierte en su sistema nervioso central y la otra se desarrolla en el sistema nervioso entérico (el que se encarga de controlar directamente el aparato digestivo). Estos dos sistemas están conectados por medio del nervio vago, o décimo par craneal, que va desde el tronco cerebral hasta el abdomen. Eso es lo que conecta nuestros “dos cerebros” y explica eso de que sintamos “mariposas” o “un nudo en el estómago” cuando estamos nerviosos, por ejemplo.  

probioticos

¿Qué son los psicobióticos?

Son precisamente un tipo de bacterias intestinales que son capaces de modular la producción de algunos neurotransmisores y que, al ser ingeridos en cantidades adecuadas, pueden producir un beneficio en la salud de personas que sufran alguna patología psiquiátrica, como depresión o ansiedad. En este contexto, los alimentos psicobióticos son precisamente los que aportan una cantidad de estos microorganismos necesaria para repoblar nuestra flora intestinal.

¿Qué alimentos los contienen?

Aunque existen cientos de sustancias que se pueden ingerir para mejorar la flora intestinal, las investigaciones al respecto han demostrado que no todas son igual de efectivas que los psicobióticos. Por el contrario, algunos alimentos han resultado ser mucho más eficaces para mejorar el funcionamiento de nuestro cerebro, así como nuestro estado de ánimo.

Algunos de los alimentos estrella del mundo de los psicobióticos son: el yogur (mejor si es de cabra o de oveja), el kéfir (elaborado con leche, agua o té kombucha), los encurtidos como el chucrut y las aceitunas, el vinagre ecológico de manzana, el kimchi, el tamari (salsa de soja), el tempeh, el natto y el miso.